'Sexting' entre adolescentes, la amenaza invisible "hasta que te pasa a ti"

Un joven de 14 años coacciona a una menor de tan solo 12 hasta que logra que le envíe una foto en la que muestra los pechos. Poco después le amenaza con publicarla en las redes. Finalmente los archivos comprometidos han sido eliminados, pero la madre de la chica solo espera que la imagen no haya sido difundida.
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Un joven de 14 años coacciona a una menor de tan solo 12 hasta que logra que le envíe una foto en la que muestra los pechos. Poco después le amenaza con publicarla en las redes. Finalmente los archivos comprometidos han sido eliminados, pero la madre de la chica solo espera que la imagen no haya sido difundida.

“Inquieta, curiosa, siempre quiere saber más”. Así define Lourdes a Rosa, la pequeña de sus dos hijas (ambos nombres ficticios para preservar su intimidad). A sus doce años, esta jerezana fue una de las protagonistas de un caso de ‘sexting’. Meses después aún no quiere hablar de lo sucedido con nadie, llora. Su madre comparte la experiencia con la-fm.es.

Un amigo le envió una foto de sus genitales y posteriormente pidió a la chica una de sus pechos. Ante la negativa de Rosa, “él le dijo que se la mandara porque sino hablaría en el instituto mal de ella y que iba a enseñar cualquier foto diciendo que era de ella”. De esta manera, comenzó el chantaje. Bajo esta coacción, la hija de Lourdes sucumbió y, quién sabe si por nerviosismo o inocencia, en la imagen que envió, además, se le veía el rostro.

La práctica del ‘sexting’ tiene lugar cuando un contenido de carácter sexual (texto o imágenes), generado de manera voluntaria por una persona, pasa a manos de otra u otras. A partir de ahí, puede entrar en un proceso de reenvío masivo, multiplicándose su difusión. En las zarpas de este peligroso juego estuvieron tentados de caer ambos chicos.

“En el IES comenzaron a notarla rara, asustada. Ella lloraba, pero a mí nunca llegó a contarme nada”, cuenta Lourdes. El padre del joven de 14 años que la coaccionó tuvo conocimiento de las fotografías y se dirigió al instituto en el que ambos estaban matriculados y dio conocimiento de los hechos a sus responsables.

Los jóvenes se habían intercambiado amenazas, se advertían de que las harían públicas las redes sociales las imágenes. Desde el centro educativo se pusieron en contacto con Lourdes. Tras requerir su presencia en el IES le informaron de que el padre del joven jerezano tenía la intención de denunciar a su hija. Cuando esta madre supo su hija había caído en “la trampa” después de ser coaccionada lo consideró tremendamente injusto y también barajó la posibilidad de acudir a la justicia, aunque los dos progenitores desecharon la idea. El chico ya había estado en un centro de menores, entonces estaba expulsado del instituto y le podría acarrear más problemas. Finalmente, procedieron a la eliminación de audios, imágenes y todos los archivos sensibles que había almacenados en sendos dispositivos móviles.

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El altercado conllevó consecuencias para Rosa. Madre e hija mantuvieron una conversación en la que se le dejaba muy claro la magnitud de lo sucedido. Lourdes también le retiró el móvil durante cuatro meses, hasta que finalizó el curso. Instó a su hija a reunirse con el orientador o la psicóloga del IES,  “pero no quiere hablarlo con nadie, lo habla conmigo y no sé si me lo cuenta todo”. Sus profesores le han sacado el tema alguna vez y únicamente han logrado arrancarle lágrimas a la joven, ni una palabra.

“No suelo coger el teléfono de mi hija. Consideraba que no hacía nada grave, nunca me daba por vigilarla, aunque ya me he dado cuenta de que tengo que hacerlo”, admite Lourdes quien, al menos, confía en que la imagen en la que se reconoce a su hija realmente no haya sido difundida. Dada la edad de la menor, la psicóloga aconseja que madre e hija intenten negociar y alcanzar un acuerdo, en lugar de imponer “porque ella siempre va a querer más que yo”, explica. Asegura que no puede estar tranquila con los datos (como el número de teléfono) y las imágenes que sube la menor a redes sociales como Instagram y ha optado por crearse un perfil falso para controlarlo.

Rafael Romero, director del Instituto Andaluz para la Prevención del Acoso Escolar, IAPAE, cree que es “imposible saber dónde están publicados y compartidos esos archivos”. Subraya que existe acoso en el momento en el que una de las partes se niegue a proporcionar la imagen –en este caso Rosa–, y la otra persona insista y la coaccione de forma reiterada “una vez que le digas que no”.

Romero insiste en que hay que denunciar estos casos, ya que algunos pueden ser considerados incitación a la pornografía. “Siempre hay una huella, una IP”, aunque es prácticamente “incontrolable” una vez que se publica en Internet, “tiene que haber una desaparición o una muerte como en el caso de Diana Quer”, lamenta.

Lo mejor es la prevención. Para ello el director del Instituto Andaluz de Acoso Escolar recomienda evitar que los menores tengan acceso libre a internet con un móvil o con un ordenador hasta los 16 años. “Es lo único seguro”. Los padres de Rosa están separados, de ahí que su progenitor le proporcionase un teléfono a una edad temprana, una práctica muy habitual en la actualidad: “La droga de última generación es suministrada por los padres y familiares en la Primera Comunión a niños con diez años: los teléfonos y ‘tablets’. Son una bomba”.

Entretanto, Lourdes se consuela. “Creo que esto es como todo, hasta que te pasa a ti…”.