“No vales ni para puta”

Una esclava sexual, víctima de trata durante años, es una de las muchas personas a las que el centro social Mujeres Gades, de Cádiz, ha ofrecido una alternativa real para poner fin al comercio de su cuerpos. Victoria cuenta ahora el largo periodo de maltrato al que fue sometida desde que llegó a España, engañada por su pareja.
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Una esclava sexual, víctima de trata durante años, es una de las muchas personas a las que el centro social Mujeres Gades, de Cádiz, ha ofrecido una alternativa real para poner fin al comercio de su cuerpos. Victoria cuenta ahora el largo periodo de maltrato al que fue sometida desde que llegó a España, engañada por su pareja.

“En lo profundo del invierno, por fin aprendí dentro de mí que hay un verano invencible”.

Albert Camus, escritor francés.

“No vales ni para puta”, le recriminaba el que fuera en un principio su novio, quien la trajo a España con la excusa de vivir mejor. ¿Cómo iba a servir? Acababa de conocerle. “Era un buen hombre: buenas palabras, buen trato, regalos, cenas… todo lo que hace un verdadero caballero para conquistar a una mujer y, por supuesto, yo le creí”, escribe la protagonista de esta historia que no es sólo la suya, sino la de miles de mujeres víctimas de la trata de personas obligadas a ejercer la prostitución.

Pero también, y más importante, es la historia de un grupo de personas que, desde el centro social Mujeres Gades, trabajan para que recuperen su libertad en el más amplio sentido de la palabra, y encuentren alternativa que ayude a estas mujeres a escapar de ese submundo en el que se hallan presas.

Ha escogido el nombre de Victoria para salvaguardar su anonimato. No ha sido al azar. Así se siente, victoriosa. Nació en República Dominicana, el seno de una familia muy humilde, con muchas necesidades y carencias económicas que, sin embargo, no le impidieron ser una niña feliz.

Con 18 años, salió de su país pensando que iba a comenzar una nueva vida con su novio, el hombre con el que salía desde hacía tres meses. Creía que podría estudiar, ser madre… Pero todos sus sueños se truncaron. Nada más aterrizar en Barcelona, primer destino en tierra española, su príncipe azul le pidió que se arreglase para ir a uno de sus negocios, no sin antes apropiarse sin problemas de la documentación de la joven. Y entonces comenzó su ‘invierno’.

En ese encuentro de trabajo, se quitó la careta. Durante la velada ella debía referirse a él “de usted” y permanecer sentada en otra mesa viéndoles beber y consumir cocaína, algo desconocido para ella hasta entonces. Al volver al hostal le preguntó a qué había venido ese comportamiento extraño hacia ella en la cena. Le costó el primer golpe. Tremendamente asustada y arrepentida por haber salido de su país oyó la sentencia que el le escupió: “Hija de puta, no te vas a ir a ningún sitio, vas a trabajar para mí. ¿Por qué te crees que te traje?”, narra Victoria ahora, muchos años después.

Recibió instrucciones sobre cómo debía tratar a los clientes, el tiempo que debía pasar con ellos y cómo debía cobrarles de camino al primer local de carretera. Se negó y recibió una brutal paliza. Estaba sola, a miles de kilómetros de su país en manos de unos “desalmados”. En una ocasión estuvo dos semanas ingresada como consecuencia de los golpes. Debía decir que había sido atracada.

Escapaba, se escondía y todo era inútil, siempre le encontraba. “El mundo se me vino encima. Dirán que puedes escapar, pero no, no es fácil y más cuando estas amenazada tú y tu familia. Los familiares de las chicas que hablaban, desaparecían“. La idea de quitarse la vida merodeaba constantemente por su cabeza.

“Era guapísima y a la vez sensible e ingenua. Quizás por esa razón, los personajes, por llamarlos de alguna manera, me captaron”, escribe en una veintena de folios que ha facilitado a la-fm.es. A lo largo de ellas, narra los años de tortura que vivió. Lo hace con el objetivo de ayudar a mujeres que se encuentran en una situación similar, pero le resulta imposible contar absolutamente todo lo padecido. No obstante, la versión resumida del relato es ya de por sí espantosa: golpes, abortos… e intentos frustrados de huida hasta que lo logró. Sin documentación y sin nadie que le pudiese ayudar, tropezó después con otro hombre con el que también sufrió. Después, continuó ejerciendo la prostitución, aunque en mejores condiciones.

Sin esperarlo, comenzó a salir el sol. El centro social Mujeres Gades envió un día un mensaje a Victoria para ofrecerle información, al igual que hicieron con otras chicas que se anuncian. Así es como funcionan: con sede en la capital de la provincia, asesoran y realizan trabajo de calle, visitando los clubs, pisos y las zonas de carretera.

“Nada más ver el mensaje, se puso en contacto con nosotras. Nos pusimos a trabajar con ella. Estuvo formándose, hizo el curso de camarera de pisos y consiguió un contrato de cuatro meses en un hotel. Ahora trabaja en el servicio doméstico en la casa de una familia”, explica Ana Gómez, coordinadora del centro.

Interior del centro social Mujeres Gades, en Cádiz, donde imparten diferentes cursos y talleres a mujeres. / Facebook Mujeres Gades.
Interior del centro social Mujeres Gades, en Cádiz, donde imparten diferentes cursos y talleres a mujeres. / Facebook Mujeres Gades.

 

En la actualidad, Victoria se ha convertido en una referente en la institución. Tiene sus altibajos, pero está fuerte y ayuda a otras chicas de localidades como Jerez, Sanlúcar, Rota, El Puerto o Conil.

“Nosotras, evidentemente, sabemos a lo que se dedican, podemos hablarlo todo con total libertad. Saben que sus compañeras se dedican o se han dedicado a lo mismo. Pero a lo mejor cuando salen de puertas para afuera, sus parejas, sus amistades y demás, no lo saben. Es el medio que tienen de subsistir”. Para ello, algunas llevan una doble vida. Pueden vivir en El Puerto y dicen a sus allegados que cuidan a una señora en un piso de Jerez, por ejemplo. “Cuando entran, sienten que pueden ser ellas mismas. Son personas a las que se les vulneran sus derechos fundamentales”, insiste Gómez.

La mayoría son jóvenes que se encuentran en situación administrativa irregular, salvo las que pasan a hacer el curso de camarera de pisos, que han de tener, como mínimo, el permiso de residencia porque no les está permitido hacer prácticas en establecimientos hoteleros si no lo tienen. Desde Mujeres Gades les ayudan a conseguir, al menos, los documentos mínimos indispensables para ello.

“Lo que pretendemos es darles alternativas reales al ejercicio de la prostitución. Ni enjuiciamos, ni nada. Lo que pretendemos es formarlas y promocionarlas, darles las herramientas necesarias para que ellas sean conscientes de la situación en la que están y empoderarlas para que tomen las riendas de sus vidas”, añade Gómez.

Es muy difícil que las chicas se abran ‘en canal’, pues reviven circunstancias que no son agradables. A Victoria le llevó mucho tiempo escribirlo y lo culminó con frases como la del escritor Albert Camus, con el fin de mostrar que salir de ese cruel, injusto y largo ‘invierno’ es posible, y para dar las gracias a las personas que trabajan en Mujeres Gades, quienes le enseñaron que en su interior había un ‘verano invencible’.