‘Pequeños’ mayores que viven la Navidad en un centro: “Añoro mucho mi casa”

Un centenar de residentes celebran las fiestas navideñas en la Residencia de Mayores Monte Alto. Coros, zambombas, talleres de repostería, cenas especiales y actividades hacen más amenas estas fechas y mitigan el “bajón emocional” que en diferente medida afecta a todos, especialmente a los hombres.
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Un centenar de residentes celebran las fiestas navideñas en la Residencia de Mayores Monte Alto. Coros, zambombas, talleres de repostería, cenas especiales y actividades hacen más amenas estas fechas y mitigan el “bajón emocional” que en diferente medida afecta a todos, especialmente a los hombres.

Llegó al Centro Residencial para Mayores Monte Alto de Jerez hace casi un lustro. Eusebio, de 81 años, ni siquiera hablaba. Ahora se atreve a conversar con LaFm, aunque le cuesta. No con poco esfuerzo cuenta que ha trabajado como encofrador, que tiene tres hijos y que su mujer está en casa “malilla”. Él es uno de los pocos que el día de Navidad no disfrutará de su familia, pues sus hijos tienen trabajo. A pesar de su buena disposición, apenas puede articular las palabras. “En los hombres residentes el bajón emocional es mucho más acentuado; las mujeres, en este sentido, son mucho más fuertes”, asegura sin lugar a dudas Noelia Gallardo, una de las responsables del centro.

Durante estas fiestas, familiares por excelencia, la mayoría de los residentes sufren ese “bajón” al no tener contacto con el cónyuge porque ya no está, o al no poder compartir estos días con sus seres queridos como ellos desearían. Para mitigar las ausencias y celebrar la Navidad, el equipo de este centro concertado pone en marcha un amplio programa de actividades que comienzan a principios del mes de diciembre y concluye con la llegada de los Reyes Magos.

En algunas de ellas, la familia también se implica si así lo desea, al igual que en las que tienen lugar el resto del año. Los sobrinos de Francisca Fontenla, Fanny, con dos ‘n’ y con ‘y’, como le gusta que le llamen, son de los más participativos. La jerezana, de casi 92 años, goza de un estupenda a nivel físico, emocional, cognitivo. Es extrovertida, muy participativa, y tiene un fuerte carácter, quizá heredado de su padre, militar de profesión. A lo largo del año realiza labores con fines solidarios. Sus parientes se encargan de suministrarle ovillos de lana para tejer bufandas que, luego, vende con fines solidarios.

Julia y Fanny comparten habitación en la Residencia de Mayores Monte Alto./ La-fm.es
Julia y Fanny comparten habitación en la Residencia de Mayores Monte Alto./ La-fm.es

Fanny cuenta cómo, en su segundo año en el centro, disfruta de la Navidad. Le han encantado las agrupaciones que han ido hasta allí a cantar, el cinefórum de temática propia de esta época, y el taller de pestiños —aunque “no son pequeños como los que ella hace”—, la Zambomba y el brindis. “Nos pusieron una copa de vino. A mí me riñeron porque repetí”, cuenta en tono jocoso. Además, durante la cena de Nochebuena, los 98 comensales saborean un menú algo especial que no les priva de los productos tradicionales, pese a las dolencias comunes que pueden padecer como la diabetes o la hipertensión.

Fanny no se casó. “No coincidíamos: el que a mí me gustaba, no me hacía caso, es que ni me miraba. Y al que yo le gustaba, no me gustaba a mí”, repite en varias ocasiones. Era la séptima de diez hermanos que ya no están. Sus sobrinos se encargan de su cuidado, aunque ella vive de forma autónoma en la residencia. “No me puedo ir a un hotel, entonces aquí estoy, pero me atienden muy bien y estoy muy contenta”. A diferencia de Eusebio, ella sí compartirá el día 25 con sus familiares.

 

Fanny comparte habitación con “la persona más buena que hay en la residencia”. Se llama Julia Campos, quien se aproxima en silla de ruedas y alerta de que está un poco sorda. Ella es una mujer de mundo. Nació el 11 de enero de 1932. A lo largo de su vida ha trabajado en diferentes ciudades de la geografía española y en Alemania. También es soltera y la relación con los familiares que le quedan no es tan regular como en el caso de Fanny, y lo extraña.

 

Cuando era joven decidió marcharse al país germano donde vivió durante dos décadas. Su intención era quedarse allí, pero cayó enferma y volvió a España. No disimula su pena, pero reconoce que “los chiquillos” que han cantado estos días en la residencia “lo han hecho bastante bien”. Pasó un buen rato mientras participó en el taller de pestiños, pero “lo mejor ha sido comerlos luego”, afirma entre risas cómplices con su compañera Fanny.

Las fiestas no concluyen hasta el 6 de enero y los responsables de la residencia son conscientes de ello. Por esta razón permanecen en contacto con sus Majestades los Magos de Oriente y, al parecer, las noticias son muy positivas, ya que, a los ‘pequeños’ mayores de la residencia no les espera carbón, sino caramelos y un presente, “como toca”, apostilla Gallardo. Habrá que esperar para saber si lograrán satisfacer el único deseo que ha pedido Julia: que hagan pasar mucho “en lo que le resta de vida”.