Los siete olímpicos de Jerez

La cosecha de metales olímpicos con la firma jerezana comenzó en Barcelona '92. Desde entonces, un total de siete deportistas han logrado ocho medallas en sucesivas ediciones del evento deportivo por excelencia, y en diferentes disciplinas como fútbol, doma clásica, tiro con arco, boccia y basket en silla.

Zeus, el dios de los dioses, debería sentirse tremendamente agasajado por los siete deportistas jerezanos, tanto como orgullosa puede sentirse la ciudad que los vio nacer y que han hecho historia logrando ocho medallas.

La carrera olímpica jerezana comenzó en casa, en Barcelona ’92, con un oro en fútbol, el deporte nacional, y una plata en tiro con arco. Desde entonces se han sucedido otras en distintas disciplinas, más o menos populares. Las dos últimas han sido importadas desde los Juegos Paralímpicos de Río 2016, en los que dos gemelos jerezanos impregnaron de emoción e ilusión a quienes siguieron cada uno de sus logros a este y al otro lado del charco.

En total, siete deportistas, cifra que representa la perfección, la espiritualidad y la sabiduría; para Pitágoras, “el número perfecto”. Los hermanos Pablo y Alejandro Zarzuela, Ignacio Rambla, Rafael Soto, Chema Rodríguez, José Luis Hermosín y Kiko Narváez, han subido el nombre de Jerez en el podio en diferentes ediciones de la principal fiesta del deporte mundial.

Para ellos ha sido la recompensa a años de trabajo y esfuerzo; un reto, una meta que alcanzaron y han compartido con sus seguidores.

Barcelona ’92. Fútbol y tiro con arco.

El oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92 supuso el primer gran éxito del futbolista Francisco Miguel Narváez, Kiko, a diferencia de sus compañeros de equipo cuyas mochilas estaban cargadas de títulos. El de La Granja llegó como suplente y terminó convirtiéndose en el pichichi de estos juegos con cinco goles, dos de ellos en la final, tras vencer a Colombia, Egipto, Quatar, Italia y Polonia. Él no era uno más. Para otros futbolistas las olimpiadas pueden suponer incluso “un marrón”, aseguraba en el programa ‘Metales Preciosos’.

A los 13 años abandonó su hogar para cumplir su sueño de ser futbolista y esta medalla olímpica, la primera con la firma de Jerez, para él significaba poder vivir de ese deporte, fue la oportunidad de su vida y la supo aprovechar. Recientemente, aseguraba que a nivel deportivo la inauguración y clausura de estos juegos habían sido los momentos más bonitos que había vivido en su vida.

La del por entonces jugador del Cádiz Club de Fútbol, no fue la única que llegó a Jerez en estas olimpiadas inolvidables para el deporte español. José Luis Hermosín,  quien formaba equipo con Antonio Rebollo —el que encendió el pebetero— y José Fernández, también se hizo con la plata en tiro con arco.

El arquero, José Luis Hermosín, mientras practica.
El arquero, José Luis Hermosín, mientras practica.

Para él, Barcelona fue increíble, dura: “Dedicarte dos años y pico de tu vida a tirar con arco, casi exclusivamente, compartiéndolo el trabajo y tal, robándole muchas horas a la familia y que al final consigas una medalla es un recuerdo para toda la vida”.

La obtención del metal no supuso cambio alguno en lo personal para el arquero jerezano aquejado de poliomielitis desde los tres años —enfermedad infecciosa que afecta principalmente al sistema nervioso—. Sin embargo, a partir de ahí, comenzó a trabajar para que esta disciplina también fuese paralímpica y lo lograron en 2005.

Alejado de la competición, continúa practicando: “No terminas de aprender nunca,  siempre tienes que estar reciclándote y dispuesto a nuevas técnicas y nuevo materiales”. Define el tiro con arco como un deporte bonito e integrado con el mismo reglamento para todos, “la única diferencia es que podrán usar una silla quienes tienen dificultad para mantener el equilibrio” y confía en las nuevas promesas que practican en el club arqueros ‘Carcaj’ que hoy por hoy sobrevive gracias, únicamente, a los recursos propios.

Atenas 2004. Doma clásica.

Comenzó jugando al balompié, soñaba con ser un gran futbolista y ganar títulos en ese deporte. Pero la vida de Ignacio Rambla dio un giro radical, continuó la senda familiar y finalmente obtuvo la plata olímpica con otra de sus pasiones: los caballos. Presentes por primera vez con un caballo español en Atlanta ’96, Rambla cree que el éxito de Atenas es fruto de la evolución y el trabajo realizado por todo el equipo desde entonces. El medallista no olvida que “hay un criador que lo cría, un herrador que lo hierra, un jinete que lo tiene que montar bien… Mi reto es haber tenido la oportunidad de montar en un caballo importante y español. Lo llevo por bandera”.

Recuerda que eran un equipo muy compensado y cómo los equipos europeos se fijaron muchos en sus equinos. Aun hoy mantiene vivo el espíritu competitivo y las ganas de mejorar. “Me acabo de bajar de un caballo y siempre me bajo con la  ilusión de hacer algo distinto. Lo bonito es la dedicación, la humildad y la constancia en la vida y en el trabajo”.

Rafael Soto, otro miembro jerezano del equipo de plata en Atlanta, reconoce que una medalla olímpica cambia a cualquier deportista. Este amante de la competición y de lo ecuestre desde que era pequeño, hijo y nieto de jinetes, soñaba con ganar las Olimpiadas con un caballo español. Y en el tercer intento se hizo con la plata, metal que dedicó a su padre, fallecido un año antes. “Ha sido el culmen de mi carrera como competidor en doma. Provocó un antes y un después en la doma en el mundo”, sentencia con orgullo.

Al día siguiente de recibir la medalla tuvo una prueba e ‘Invasor’ tuvo una especie de alergia y no quedó tan bien y a pesar de eso el último día rematamos con la música, el caballo y él se vinieron arriba y quedaron cuartos. “Me dio mucha rabia que ese día no estuvimos a la altura y bajamos un poquito en el ranking. Son momentos que se te quedan grabados para toda la vida”, recuerda.

Soto sigue viviendo este evento deportivo desde otra perspectiva, ya que forma parte del equipo técnico desde 2013, es seleccionador y entrenador. En 2016 ha dirigido al equipo olímpico en Brasil. Tiene claro que mientras esté en su mano intentará transmitir su experiencia a las actuales promesas de esta disciplina.

Atenas 2004 y Pekín 2008. Boccia.

El 3 de septiembre de 1980 nació en la tierra del sherry el único de los jerezanos que, hasta el momento puede presumir de contar con dos medallas olímpicas en su palmarés. José María Rodríguez, con parálisis cerebral desde el parto, tiene un 94% de discapacidad. Habla mediante señas, moviendo los ojos. Juega con el ordenador mientras su padre habla para LaFM. Una pegatina en las gafas le sirve de ratón.

Chema, como le conocen todos, se hizo con el oro por parejas en boccia en las paralimpiadas de Atenas 2004 y con una plata por equipos en las paralimpiadas de Pekín 2008. Se trata de un deporte diseñado para personas con discapacidades, inspirado en el juego de origen italiano Bochas.

José María padre, quien alienta y acompaña en las numerosas competiciones celebradas a lo largo y ancho del mapa larguísimo —Río de Janeiro, Portugal, Irlanda, Bélgica…—, alaba el trabajo de su hijo “Es muy trabajador, no para hasta que consigue lo que se propone. Le ha costado mucho sacrificio, el boccia es un deporte muy severo”.

Actualmente sigue practicando y compitiendo en la medida de lo posible, de ahí que competir a nivel nacional es casi imposible ante la falta de patrocinio. Rodríguez afirma que “desgraciadamente”, sus triunfos no han servido para que este deporte obtenga los apoyos como “debiera”.

Chema Rodríguez, durante el mandato de Pilar Sánchez, en el que se homenajeó asignando su nombre a una avenida.
Chema Rodríguez, durante el mandato de Pilar Sánchez, en el que se homenajeó asignando su nombre a una avenida.

Tras ganar la Copa del Mundo en Río de la Plata (Argentina), “la primera y la única vez en España”, subraya el padre de este campeón, el Rey le recibió en el Palacio Real. En la ciudad que le vio nacer “la única que reconoció lo conseguido fue Pilar Sánchez”, durante cuyo mandato dedicó una avenida al jugador de Boccia y le concedió el honor de encender el alumbrado de la Feria.

Río 2016. Baloncesto en silla.

Para La Roja, y para los hermanos Zarzuela, el hecho de llegar a Río ya era un éxito. Y todos se quitaron allí la espinita: la selección de baloncesto en silla obtuvo el metal que se le resistió en Londres 2012, donde quedaron en el quinto puesto, en esta ocasión Pablo pudo competir junto a su hermano Alejandro y ambos trajeron a casa la plata.

La victoria ha completado el amplísimo palmarés de los jugadores de CD Ilunion. Más de diez años ganándose la vida en el parquet y jugar la final con 39,5 de fiebre hace más valiosa esta medalla para Pablo aunque este asegura que deportivamente no cambia nada: “Sigo teniendo la misma ambición, el mismo sueño, las mismas ganas de progresar”. En el caso de Alejandro, vivirlas con su hermano gemelo ya fue algo por sí mismo especial, pero humildemente considera que no es algo extraordinario sino los frutos de muchos años de esfuerzo.

Las reglas del baloncesto en silla y del basket a pie son muy similares, las dimensiones de la cancha y la altura de las canastas son igual. Pablo Zarzuela considera “muy triste que todavía siga habiendo diferencias entre olímpicos y paralímpicos porque todo el mundo tiene el mismo mérito, las mismas horas dedicadas, el mismo sufrimiento y la misma alegría; creo que cada medalla sea olímpica o paralímpica tiene el mismo valor”, matiza el jugador.

El jerezano, Pablo Zarzuela, compitiendo en Río 2016, donde él y su hermano lograron el metal de plata con el equipo de baloncesto en silla
El jerezano, Pablo Zarzuela, compitiendo en Río 2016, donde él y su hermano lograron el metal de plata con el equipo de baloncesto en silla

Acercar este deporte, transmitir sus valores, acabar con las desigualdades, entusiasmar e ilusionar a la ciudadanía también son los retos de los olímpicos de Jerez, y en mayor o menor proporción lo consiguen día a día. Sólo falta que las próximas ediciones del evento deportivo multidisciplinar por excelencia sumen a estas líneas el nombre de una mujer.