La perspectiva de los otros

En Jerez hemos asumido la colocación de diversos tipos de ornamentos en los espacios públicos que, en más de un caso, no han obedecido a ningún criterio urbanístico que otorgara coherencia a la imagen de la ciudad. Para satisfacer con urgencia las solicitudes en momentos concretos, hemos consentido -quizá demasiado rápido- el renombre o la división de calles pese a su original denominación histórica, así como el emplazamiento de monumentos, tras un ejercicio de contundencia gubernativa, contra toda lógica y en lugares imprevisibles.

A la pregunta realizada en el último Pleno del Ayuntamiento sobre la instalación de una escultura de la Virgen del Sagrado Corazón en la rotonda situada frente al colegio del Perpetuo Socorro en Montealto, la respuesta del gobierno fue proponer un espacio compartido donde se definieran esos criterios y se desarrollara una normativa que evitara la arbitrariedad y supervisara la idoneidad de las propuestas.

La sociedad actual exige, por su conformación democrática, respeto al ordenamiento jurídico y también sensibilidad para compartir una cultura pública en la que todos podamos articular lo que pensamos y expresar cuáles son nuestras preferencias, de cara a tratar este asunto de la manera más ordenada posible.

Una perspectiva que contemple la identidad cultural, histórica y patrimonial de nuestra ciudad conllevaría centrar el debate en responder a quienes solicitan que las imágenes religiosas tengan tal presencia en el espacio público, los que consideran que estas mismas imágenes deben ubicarse en las Iglesias o entornos más cercanos al espíritu original de lo que representan, y los que se fundamentan en el ordenamiento jurídico de carácter laico que tiene nuestra sociedad.

En este sentido, debería prevalecer la defensa de valores como la libertad, la igualdad y el pluralismo, así como el reconocimiento de la diversidad cultural y religiosa y, sin olvidar, no obstante, que en España las regulaciones realizadas desde el ámbito local o autonómico, en el sentido de establecer prohibiciones sobre símbolos, pueden encontrarse con problemas de constitucionalidad derivados de nuestro marco competencial.

Por lo tanto, para compartir una cultura pública, como dice la filósofa Seyla Benhabib, es importante adoptar “la perspectiva de los otros”, algo así como ejercitar la empatía con todos quienes nos rodean, con los que comparten nuestras creencias y con los que no las comparten. Solo así pueden convivir en un mismo espacio diferentes concepciones morales y florecer distintos modos de vida.

Concertar es la actitud política de este Gobierno en relación a este asunto, y no otra distinta, tal como se pretende hacer ver desde ámbitos con posicionamientos políticos y sociales, con una base superficial o ventajista.

Por primera vez en nuestra ciudad planteamos que las ocupaciones de los espacios públicos, y la nomenclatura de nuestras calles, respondan a criterios más armoniosos. Que lo consigamos o no dependerá del respeto que le concedamos a los razonamientos que mejor favorezcan la convivencia.

 

Francisco Camas Sánchez, Teniente de Alcaldesa de Urbanismo, Dinamización Cultural, Patrimonio y Seguridad.