Nadal-Federer: de vuelta al pasado

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Cuando Rafael Nadal y Roger Federer cruzaron por primera vez sus raquetas el español apenas era un desconocido de 17 años y el suizo ‘tan solo’ sumaba dos Grand Slam. Fue el 28 de marzo de 2004 en la tercera ronda del Masters 1000 de Miami.

El español se impuso por un doble 6-3 al que ya era el número 1 del mundo y en declaraciones que recoge El País decía: “Estoy contento porque he jugado uno de los mejores encuentros de mi vida. Obviamente, Federer no jugó a su mejor nivel, ya que, si lo hubiera hecho, no habría tenido ninguna posibilidad. Probablemente, yo nunca había sacado tan bien como esta vez. Creo que ahí estuvo la clave.” El suizo, por su parte, reaccionaba de la siguiente manera: “Pegó algunos golpes muy buenos y fue mejor jugador que yo. No pude jugar de la forma que a mí me gusta”.

Tras superar unas eliminatorias complicadas, el domingo 29 Nadal y Federer volverán a verse las caras en una final de Grand Slam, en este caso del Abierto de Australia, el primer grande de la temporada.

Los torneos de Grand Slam son las cuatro competiciones más importantes del tenis. Se disputan durante dos semanas y al mejor de cinco sets. El Abierto de Australia, en pista dura, se celebra en enero. El Roland Garros parisino, sobre tierra batida, entre mayo y junio. Wimbledon, el clásico sobre césped en Londres, entre junio y julio. Y el Abierto de Estados Unidos, también en pista dura, entre agosto y septiembre.

Es interesante comprobar que, ya por entonces, hace más de una década, el balear le creaba muchos problemas al tenista más exitoso de la historia. Famosa se ha hecho la ‘criptonita’ de Nadal ante el elegante juego del helvético: bolas que boten muy alto dirigidas al revés a una mano de Federer, insistiendo hasta que se produzca el error. Para el de Basilea, actual número 17 del mundo, esas derechas cruzadas de su némesis a su revés han supuesto una cumbre demasiado alta de escalar.

Lo atestiguan los datos. Nadal y Federer, una rivalidad equiparable en el mundo del deporte a un Real Madrid-Barcelona, un Los Angeles Lakers-Boston Celtics o un Karpov-Kasparov, se han enfrentado en la pista en 34 ocasiones. El balance es de 23-11 para el de Manacor, que a sus primeras victorias -sobre todo en tierra batida, la superficie favorita de los españoles- comenzó a añadir éxitos en pista dura y, finalmente, césped, donde más destacaba el suizo.

Sus estilos opuestos, sus dos maneras de competir y su carisma han provocado que la rivalidad trascienda a su deporte. Quien más quien menos ha visto algún partido entre estas dos leyendas vivas del tenis y se identifica más con uno o con otro.

La final que van a disputar ha supuesto una sorpresa mayúscula para los seguidores de este deporte. En este caso una sorpresa muy agradable. Las prontas eliminaciones de Andy Murray, número 1, y Novak Djokovic (2) ante rivales menores y su gen competitivo han conseguido lo que parecía imposible.

Tanto Federer como Nadal renunciaron a la última parte de la temporada pasada para recuperarse de las lesiones y tomar perspectiva. El suizo dejó las pistas tras perder en las semifinales de Wimbledon, en el mes de julio. Con ello se perdió los Juegos de Río, tal vez su última oportunidad de conseguir el oro en individuales.

Rafael Nadal celebra su victoria en semifinales ante el búlgaro Grigor Dimitrov. (Foto: @AustralianOpen)

El balear sumó su segunda presea olímpica, esta vez en dobles junto a Marc López, pero las dolencias en la muñeca le acompañaron desde el mes de mayo y en octubre anunció su parón para preparar la pretemporada a conciencia.

Por estas razones, aunque Nadal dio señales muy positivas en el torneo de Brisbane de hace unas semanas, costaba imaginar a ambos jugadores en la final del primer Grand Slam de la temporada. Pero los años no merman la ilusión y la ambición de ambos.

Será su primer duelo en una final de Grand Slam desde Roland Garros 2011, donde se impuso el manacorí. El español tiene también un balance favorable en estas instancias frente al suizo.

De las ocho finales de majors que han disputado, seis se han decantado del lado del actual número 9 del mundo. Las dos victorias de Federer llegaron en las finales de Wimbledon 2006 y 2007.

El único precedente de ambos en una final en el Abierto de Australia data de 2009. La victoria cayó del lado del balear tras cinco intensos sets. Una final que pasó a la historia por las lágrimas del helvético, frustrado por el empuje del mallorquín.

Es difícil prever si los aficionados al tenis podrán disfrutar de otra final en un grande entre estos dos colosos. Los que acudan a la Rod Laver Arena, la pista central del torneo de Melbourne, se pueden considerar tan privilegiados como los que hace trece años presenciaron aquel partido de tercera ronda de Miami. Por un lado la elegancia del suizo, 17 torneos del Grand Slam en su expediente. Por el otro la garra del español, con 14. La alegría se impone: ha vuelto el clásico de la raqueta.