"Una fuera de serie": 80 años de edad, casi 50 como monitora de gimnasia… y los que quedan

En Rota tiene un grupo de feligreses que siguen los hábitos de vida saludable en movimiento desde hace casi medio siglo. Algunos atraviesan el pueblo para asistir a las clases de Claudia Jiménez de Ventrosa (Pamplona, 1937), aunque cuenten con otras alternativas deportivas. A veces la veterana se plantea dejar de impartir clases, pero el cariño de su alumnado se lo impide. Quererse a sí misma y moverse, son sus secretos para estar en forma a los 80

En Rota tiene un grupo de feligreses que siguen los hábitos de vida saludable en movimiento desde hace casi medio siglo. Algunos atraviesan el pueblo para asistir a las clases de Claudia Jiménez de Ventrosa (Pamplona, 1937), aunque cuenten con otras alternativas deportivas. A veces la veterana se plantea dejar de impartir clases, pero el cariño de su alumnado se lo impide. Quererse a sí misma y moverse, son sus secretos para estar en forma a los 80.

“Para los maridos yo era una loca”. Así la consideraban algunos cuando hace casi medio siglo, Claudia Jiménez de Ventrosa (1937), natural de Pamplona, comenzó a impartir clases de gimnasia en Rota. Prácticamente toda su vida la ha pasado en instalaciones deportivas, en más de un momento clave en la historia. “Estaba en el gimnasio cuando dijeron que había muerto Franco”, cuenta. Muchas de sus alumnas no faltan a las sesiones con este torbellino desde sus comienzos. La razón: “¿No la ves? Es una fuera de serie”, apostilla una de sus discípulas al terminar una de las sesiones y lo corrobora Lola, a punto de cumplir los 83 años, que sigue los pasos de Claudia allá donde va tras más de cuatro décadas.

En la actualidad, con su veteranía mejor que bien llevada, ofrece clases de gerontogimnasia tres horas a la semana a una media de 60 alumnos, en su mayoría mujeres. Los ejercicios consisten en calentar, trabajar con las articulaciones y la musculatura cada parte del cuerpo, de la cabeza a los pies ,y no enfriar. “Antiguamente, daba cinco horas al día, cinco días a la semana, tenía hasta 500 alumnos. Entonces no había nadie más que yo”, alardea la monitora.

Casada con un militar estadounidense que pasaba largas temporadas fuera, aprovechó algunas de sus ausencias para realizar los estudios de maestra de Cultura Física en Cádiz, yoga en Vancouver, Canadá. Lleva más de 40 años en esto. Al principio, en los años sesenta cuando la sociedad Española aún estaba estancada, Claudia se movía en la base americana de Rota después de dar a luz a su hijo mayor, “en la que sí se daban estas cosas”.

En 1972 comenzó a dar clases. Abrió en calle Jerez el primer gimnasio de la historia de Rota. Hasta entonces no había habido ningún otro, ni de hombres ni de mujeres. Nada tenía que envidiar a los actuales. Ofrecía ballet para niños, kárate, yoga… “Una novedad, aquello era como El Corte Inglés”, rememora. Lamentablemente, las lluvias e inundaciones provocaron su clausura en 1975. Posteriormente, la llamaron para dar clase en la base americana y aproximadamente una década después, aceptó trabajar para el primer Ayuntamiento de la democracia del pueblo.

Esta viajera empedernida y amante del senderismo jamás ha fallado a sus seguidoras y seguidores, muchos de los cuales atraviesan Rota andando de un extremo a otro teniendo otras alternativas e instalaciones deportivas más cercanas. Ningún achaque ni enfermedad le ha obligado a faltar un solo día a clase, salvo cuando su hermana murió y tuvo que viajar al Norte. De la edad, “solo tengo las arrugas”, bromea.

Basta asistir a los primeros minutos de una clase para percibir el respeto que le profesa su alumnado que para la maestra es lo principal. Se rige por la responsabilidad y el saber hacer, con los que se ha ganado el reconocimiento de todos. Claudia también es la presidenta de la Asociación de Petanca Roteña, el primer club de la provincia de Cádiz, que formó hace 16 años. El Ayuntamiento le rindió un homenaje muy especial “por eso es difícil irse”. Su capacidad de enganchar a las personas al deporte es tal que incluso da clases en verano en un parque junto a la playa a las que asisten veraneantes año, tras año la buscan, lo que también le motiva a seguir.

Reconoce que es un poco vanidosa. Según esta roteña de adopción, las píldoras para envejecer con su rabiosa vitalidad son “quererse a sí mismo y moverse“. “Ahora estoy viviendo de la renta, de haber hecho ejercicio más de cuarenta y tantos años día tras día, de haber hecho senderismo por toda Andalucía…”

No puede evitar emocionarse con las cartas que le escriben al finalizar la temporada. “Hay que leerlas y llorar…”. Su mayor satisfacción no es otra que comprobar la evolución positiva de personas que llegan con depresión o muy anquilosadas, tras animarlas, y ser estimuladas. “Me lo cuentan todo, cualquier problema relacionado con la salud. La gente viene a dar y a recibir lo que puede”. Admite que se lleva a casa las historias de cada una “con la suerte de que allí (en el gimnasio) se suavizan” y que seguirá haciéndolo, pues aunque a veces se plantea dejarlo, no puede, el cariño que le aporta el alumnado hace que Claudia, “una fuera de serie”, deseche la idea.