La ley que llegó para quedarse: 10 años de la Ley de Igualdad

Se cumplen diez años de la aprobación de la Ley de Igualdad, cuyo título verdadero es Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres.

Se trata de una de las normas de mayor impacto social de las últimas décadas, y al mismo tiempo de una de las de mayor reconocimiento internacional. Una ley pionera con sello socialista que supuso un antes y un después en la conquista de derechos, y que se torna imprescindible para seguir removiendo conciencias y transformar la sociedad.

Una década después de la entrada en vigor de esta Ley, recurrida ante el  Tribunal Constitucional por parte del Partido Popular,  las mujeres seguimos trabajando por defender, reforzar, reivindicar y hacer cumplir esta ley. Como en otros grandes avances sociales, la derecha de este país volvió a quedarse sola incapaz como fue de abanderar la paridad política y, por ende, la defensa de la igualdad en los sectores públicos.

En el PSOE el compromiso por la igualdad siempre ha sido un pilar básico; un partido que a lo largo de su centenaria historia se ha reivindicado como feminista en su empeño por construir una sociedad más justa e igualitaria para todos y todas..

Sin embargo nuestro empeño por la consecución de un marco legal para garantizar la igualdad entre sexos sigue estancada en el paraguas de la igualdad real, y precisa por tanto de nuevas políticas efectivas de igualdad de género que primen la inversión en la eliminación de obstáculos por encima de otras consideraciones. Lastimosamente la Ley de Igualdad establecía mecanismos de evaluación y revisión continuos que no se han llevado a cabo tras dos legislaturas de gobierno del PP cuyos dirigentes han demostrado con sus hechos que las políticas de igualdad no forman parte de sus prioridades.

Aún hoy la desigualdad sigue siendo un obstáculo para el crecimiento económico sostenible y para el bienestar social. Si no existiese la brecha de género en España, si las mujeres no siguieran cobrando mucho menos que los hombres por realizar el mismo trabajo, nuestro PIB sería entre un 20 y un 30% más alto y de manera consecuente las políticas de igualdad hubiesen sido un mecanismo esencial para salir más rápido de la crisis.

El balance de estos diez años nos demuestra que no se puede bajar la guardia y que hay que seguir recargando las pilas en favor de la igualdad. Como en otras reivindicaciones sociales, no podemos esperar que no sigan regalando el futuro. La lucha por la igualdad está en nuestro presente y debe ser un proyecto en continua renovación, porque sigue habiendo objetivos y metas por desarrollar y perfeccionar, entre ellas una mayor financiación.

Las mujeres tenemos tristemente el empeño, junto al resto de la sociedad, de seguir tejiendo sólidas redes para defender nuestros derechos para combatir a la sombra permanente del machismo y de lacras tan lamentables como la violencia de género.

Diez años no son nada, pero constituyen la década más importante de la reciente historia democratica de nuestro país para el reconocimiento de la singularidad social de las mujeres. Afortunadamente hay leyes como ésta que llegaron para quedarse…