‘El Inmortal’: “Creo que he sido preparado para dar ejemplo a personas con cáncer”

Tras superar un cáncer de colón, convivir con una leucemia crónica y soportar 63 sesiones de quimioterapia, Francisco Javier Pérez-Luna, es conocido por el personal del Hospitral de Jerez como 'El Inmortal'. Allí asesora y transmite a otros pacientes su experiencia desde que es miembro de la Asociación de Española contra el Cáncer, a pesar de que todo parece indicar que "el bicho", como él lo llama, "se está despertando".
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Tras superar un cáncer de colón, convivir con una leucemia crónica y soportar 63 sesiones de quimioterapia, Francisco Javier Pérez-Luna, es conocido por el personal del Hospitral de Jerez como 'El Inmortal'. Allí asesora y transmite a otros pacientes su experiencia desde que es miembro de la Asociación de Española contra el Cáncer, a pesar de que todo parece indicar que "el bicho", como él lo llama, "se está despertando".

Cuando era apenas un niño cayó en un pozo de siete metros y medio de profundidad, sin agua, al vacío, y no sufrió daños. Con 26 años sufrió un accidente de coche que solo le causó una fractura en el fémur, pero sobrevivió. La lesión le impidió continuar con los entrenamiento de halterofilia. Su estatura no le permitía gran cosa, dice, aunque levantaba 85 kilos 40 veces.

Estos asombrosos acontecimientos en los que Francisco Javier Pérez-Luna burló a la muerte son de por sí llamativos. Sin embargo, este jerezano se ha ganado el sobrenombre de ‘El Inmortal’ entre la comunidad sanitaria del Hospital de Jerez después de haber sido sometido a 63 sesiones de quimioterapia. “Ni siquiera he perdido el pelo”, presume tras vencer un grave cáncer de colon y “convivir” con una leucemia crónica.

Con 48 años comenzó a sentir un malestar en el vientre que el reposo no aliviaba, de modo que acudió a Urgencias. En un primer momento le fue diagnosticado diverticolitis —pequeños pedazos de heces que quedan atrapados en estas bolsas, ocasionando infección o inflamación—. Recibió el tratamiento y, aparentemente curado, fue dado de alta. Sin embargo, un par de días más tarde volvió a sufrir dolores aún más fuertes. Finalmente hallaron en el colón un tumor de cuatro centímetros y medio.

“Me dijeron que debían operarme inmediatamente”. Extirpado a tiempo, comenzaron las primeras sesiones de quimioterapia. Este jerezano, padre de tres hijos, vecino de la urbanización jerezana La Salud de Montealegre, siempre había trabajado en el  campo. De la noche a la mañana cambió radicalmente su rutina. Dejó de dedicarse a la agricultura porque debía evitar el sol y desde entonces lleva una vida sana y “aburrida”, asegura.

Dos años y medio más tarde en una revisión le diagnosticaron leucemia linfocítica crónica. Y se reanudaron las sesiones de quimioterapia hasta sumar 63, la última hace cuatro años. “Lo normal son unas 10 ó 12 sesiones de quimio. A veces hay personas que no resisten ni seis”, cuenta.

En ocasiones faltaban pacientes a la hora de recibir el tratamiento. Cuando Francisco Javier preguntaba por ellos le respondían que no habrían podido venir, que lo harían otro día… “Así sucesivamente, faltaba uno, otro… y yo como tonto me lo creía”. A lo largo de estos años, durante las ocho horas que duraba cada sesión, ha conocido a muchos sanitarios, algunos ya jubilados, que le llaman ‘El Inmortal’. “Un día fui a visitar a un conocido al hospital y una de las limpiadora, al verme vestido normal, me abrazó, me besó y me dijo: ‘Creí que te habías… Qué alegría”, cuenta con sorna.

'El Inmortal', en el Hospital de Jerez. /Cedida
‘El Inmortal’, en el Hospital de Jerez. /Cedida

Echa la vista atrás y recuerda que ha soportado “demasiado”, afirma mientras señala las cicatrices y el bulto de una pierna provocado por un rechazo. Al principio Francisco Javier no las tuvo todas consigo. “Asocié el cáncer con la muerte y yo dije ‘quiero vivir’. Vi la puerta oscura y yo quería mucha luz”. Esa luz ahora la comparte con otras personas que viven retos similares al suyo.

A través de la Asociación de Española contra el Cáncer escucha, anima y alienta a personas que tienen la enfermedad. Lo averiguó por casualidad “como el burro flautista”. Guardaba como oro en paño una peluca y una prótesis. “Un día pensé en la gente que hay con cáncer, en lo que vale una peluca buena… ¿por qué no lo dono igual que la prótesis?”. Al entregarlo contó su experiencia, su batalla contra el cáncer y el elevado número de quimios a los miembros de la asociación quienes necesitaban a gente como él para ayudar a personas con la moral baja.

Él es uno de los voluntarios que rotan de sala en sala para hablar con los enfermos de cáncer que se encuentran en diferentes fases, participa en charlas en las cuales son informadas sobre aspectos relacionados con los síntomas de la dolencia y el tratamiento. Francisco Javier les pregunta cómo se encuentran, y les transmite un mensaje positivo a través de su propia experiencia.

Ahora cuenta con total naturalidad que se le “está despertando el bicho”. “Pienso que ya lo mataré otra vez”, como si tal cosa. Así, ‘El Inmortal’ continúa con la labor para la que considera que ha sido preparado arrojando luz y esperanza a quienes como él padecen cáncer.

Francisco Javier Pérez-Luján, junto a otros miembros del voluntariado de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). / Cedida
Francisco Javier Pérez-Luján, junto a otros miembros del voluntariado de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). / Cedida