La evidencia encontrará su camino

Estimada Sra Peruyera, vaya por delante que no deseo iniciar ningún tipo de polémica con Ud ni con su Foro, pero dadas las alusiones directas a mi persona y las graves descalificaciones que me dedica en su escrito “La lucha por lo evidente”, no me ha quedado más remedio que escribirle estas líneas. Su escrito me ha causado sorpresa, indignación y una profunda tristeza, por ese orden.

Sorpresa, porque en el escrito por el que Ud me da la réplica, yo no me he dirigido ni a usted ni a su Foro en ningún momento, luego no entiendo que se sienta aludida directamente por él. Mis críticas, como bien sabe, iban dirigidas al gobierno local. Un Gobierno, tal y como yo lo entiendo, debe gestionar para todos los ciudadanos, no exclusivamente para sus simpatizantes, de ahí que recriminara que dediquen tanto esfuerzo a seguir los dictados de éstos, una minoría dentro de los portuenses, y tan poco a todo el resto de asuntos por resolver que tiene nuestra Ciudad.

Es un clamor popular que El Puerto se ha quedado atrás respecto a otras poblaciones vecinas y necesita urgentemente invertir dicha situación. Pero sólo cambiando los nombres a las calles no lo va a conseguir. Ahora bien, que ustedes, como entidad privada que son, reivindiquen esos cambios de calles me parece legítimo y respetable, aunque no lo comparta del todo. Puedo aplaudir que se pongan calles nuevas, pero no que se quiten todas las que ya estaban, no todos merecen ser borrados de la memoria, el de Mercedes Formica es buen ejemplo de ello.

Sentí indignación, porque, de manera totalmente gratuita, me acusa de faltar a la verdad, de faltarle el respeto a las víctimas del franquismo, de tener una ideología de corte fascista (según Ud. incluso me dedico a cantar el “Cara al Sol”), de no ser ejemplo para nadie y de tener un comportamiento inmundo. Todas esas afirmaciones las hace sin ni siquiera conocerme, porque, que yo recuerde, jamás hemos cruzado una palabra, luego las hace por el simple hecho de no seguir los dictados del pensamiento de izquierda, esto es, por no pensar exactamente como Ud.

Es un recurso muy fácil acudir a la descalificación y al descrédito del otro, cuando éste pone en evidencia las propias carencias. Así, dice que falto a la verdad por afirmar que durante la II República  se fomentó irresponsablemente el enfrentamiento entre los españoles. Ud identifica a la República exclusivamente con los partidos de izquierda y por tanto entiende mis palabras como un ataque a ellos, cuando la realidad es que la II República fue bienvenida tanto por la izquierda como por la derecha, y en ella había partidos de todo tipo e ideología, de derechas y de izquierdas, la República no era (y nunca debió ser) propiedad de ningún partido, así que en mis palabras los englobo a todos ellos sin excepción, especialmente a los mas radicales, insisto de izquierda y de derecha.

La izquierda suele idealizar a la II República y presentarla como el paradigma de los derechos y libertades, sin embargo, nada más lejos de la realidad, puesto que durante los cinco años y tres meses que duró se declararon por el Gobierno republicano de turno 21 estados de prevención, 23 estados de alarma y 18 estados de guerra, esto quiere decir que los derechos y libertades constitucionales estuvieron más tiempo limitados o suspendidos que en vigor. En palabras de Manuel Ballbé “el estado de excepción pasará a ser la regla, siendo verdaderamente excepcionales los períodos en que rige la normalidad constitucional”. Además del de Franco en 1936, se produjeron dos intentos más  de golpe de Estado, en 1932, promovido por el General Sanjurjo, que acabó con unos diez muertos, y en 1934, promovido por la UGT, el PSOE y la CNT, que provocó más de mil muertos y dos mil heridos y, entre otras consecuencias, la voladura de la catedral de Oviedo; esto sin contar con varias sublevaciones “menores” como la declarada por los anarquistas en 1933 que provocó la muerte de más de una veintena de muertos entre jornaleros y guardias civiles en Casas Viejas.

No olvidemos que las huelgas en todo el país eran constantes, sólo en 1933 hubo 1.127 huelgas, o que en 1934 se llegó a proclamar de manera unilateral la independencia de Cataluña. Así que, precisamente, no podemos hablar de la II República como un periodo de estabilidad y tranquilidad política o social, sino como un periodo de continuos enfrentamientos, no ya verbales en el Parlamento, sino enfrentamientos armados por las calles, con pistoleros sembrando terror y muerte.

El propio Ortega y Gasset escribía en 1931: “Lo que no se comprende es que habiendo sobrevenido la República con tanta plenitud y tan poca discordia, sin apenas heridas, ni apenas dolores, hayan bastado siete meses para que empiece a cundir por el país desazón, descontento, desánimo, en suma, tristeza”. Y continuaba que “la República es una cosa. El radicalismo es otra. Si no, al tiempo”. Y el tiempo, por desgracia, llevó a una guerra civil y a una dictadura.

Respecto a que no respeto a las víctimas del franquismo, resulta que las respeto exactamente igual que a las del Frente Popular y demás radicalismos de izquierda que se produjeron durante aquella triste época de enfrentamientos fraticidas. Yo las reconozco a todas porque, como en la gran mayoría de las familias españolas, en mi familia hay víctimas de un lado y de otro, unos fueron ejecutados, otros fueron encarcelados y terminaron por irse de España, a otros les montaron un consejo de guerra, fueron perseguidos por sus ideas políticas o simplemente por su estilo de vida, sufrieron incendios y saqueos en sus casas, y ninguno de ellos empuñó un fusil. Pero, a pesar de todo lo que vivieron, los que sobrevivieron no nos enseñaron a sus descendientes rencor, ni odio, al “contrario”, sino respeto y tolerancia con sus ideas.

Sin embargo, de sus palabras hacia las víctimas de Paracuellos sí que se desprende sorna y hasta burla, como si sus asesinatos no fueran reales o lo que es peor, como si estuvieran justificados, porque a ellos Ud no los considera victimas sino unos verdugos. Dígame, ¿a quiénes torturó o asesinó Pedro Muñoz-Seca con su pluma? Fue uno de los muertos de Paracuellos. ¿Puede decirme a quien señaló con su dedo acusador? Sra Peruyera, en mi opinión, tiene una visión maniquea de la Historia y de la vida, divide a las personas en sólo dos categorías: los buenos-víctimas (los que Ud elige o los que piensan exactamente como Ud) y los malos-verdugos (el resto del mundo, piensen lo que piensen). Repite el mismo planteamiento que hacían Franco o Stalin, sólo que ellos lo llevaron al extremo. Para mi todos son víctimas del odio y de la intolerancia, como ya dije ningún bando merece ser idealizado, y los verdugos son los dirigentes políticos de aquella barbarie, algunos de los cuales no pagaron por sus crímenes pese a tener una larga vida.

Y porque yo no sigo los dictados de izquierda, me llama, veladamente, fascista y se inventa que en mi partido cantamos el “Cara al Sol”. Pues verá, ni cantamos el “Cara la Sol” ni “La Internacional”, porque no somos partidarios de extremismos. Nuestro único himno es el himno de España y no lo cantamos porque no tiene letra. Nuestra bandera es la que define el artículo 4 de la vigente Constitución española, la que engloba y reconcilió a todos los españoles, la que busca un futuro común, donde quepamos todos. No somos nostálgicos del pasado, lo conocemos para no repetirlo.

Sobre comportamientos inmundos, creo que no hay ningún partido político en todo el mundo que esté libre de mancha. Pero, al menos, en España y con el PP gobernando, la corrupción se persigue. Así que no nos deben de preocupar los corruptos que estén siendo investigados o ya en la cárcel, sino los que están en la calle. Aquellos que, habiendo saqueado los presupuestos públicos para enriquecerse o crear redes clientelares para aupar o perpetuar a su partido en el poder, siguen libres o, lo que es peor, en las instituciones con acceso a más dinero público que robar. Contra esa lacra debemos luchar todos juntos, sin justificaciones posibles, pero con garantías de que se hará verdadera justicia y no un linchamiento mediático interesado.

Y, finalmente, siento mucha tristeza. Tristeza por ver que la izquierda más radical no evoluciona, que sigue viendo enemigos en todo aquel que no piensa como ella dicta. Que niega la realidad y recurre al insulto, directo o velado, cuando alguien dice lo que no se quiere escuchar. Sra. Peruyera, Ud afirma que la democracia le viene grande a este país, pero se equivoca, le viene grande a algunas personas, a los que no saben respetarla, a los que se la apropian y la retuercen según su conveniencia. Eso es muy triste y muy peligroso para una convivencia en paz. En España hoy hay democracia y gracias a eso Ud y yo podemos expresar libre y públicamente nuestras opiniones sin represalias, o casi, porque a mi me ha costado que Ud me insulte por hacerlo. De ahí que sienta lástima de Ud y de sus palabras.

Supongo que ahora, por este escrito, recibiré nuevas y mayores descalificaciones. Yo ya no le contestaré, no quiero entrar en ese penoso bucle. En una cosa le doy la razón y hago mías sus propias palabras: “Más allá de usted y de mi, la evidencia encontrará su camino para imponerse”.