‘Sigues dejando huella’

Domingo González es Concejal y Presidente Partido Popular de Arcos de la Frontera.

Recuerdo aquellos años, difíciles, en los que me costó entender, con apenas 12 años, que mi hermano mayor, con apenas 24, mirase, antes de subirse, los bajos de su Renault 5 Saga. Recuerdo como yo corría a avisar a mis amigos para que pudieran ver cómo, con un mando a distancia, el coche hacía el intento de arrancar solo. (¡Era flipante!, aunque desconocía que su significado guardaba relación con las “bombas lapas”).

Me costó entender por qué mis padres rezaron tanto aquel 3 de Noviembre de 1987, cuando mi hermano pisó, por primera vez, el cuartel de la Policía Nacional, en la cuesta de Aldapeta (San Sebastián).

Me fue difícil entender muchas cosas: por qué tenía que cambiar las placas del coche cuando volvía de vacaciones, por qué nunca recorría el mismo camino de vuelta al cuartel, por qué siempre debía de ir acompañado, o por qué debía de mantener en secreto, tal cual se le fuese la vida en ello (nunca mejor dicho), su identidad como agente de los cuerpos de seguridad del Estado.

Con el tiempo, fui encontrando explicación a muchas de las preguntas que me hacía siendo un chaval y que mis padres, en ese propósito de no preocuparnos, esquivaban como podían.

Yo tenía 12 años cuando mi hermano fue destinado a San Sebastián y aun recuerdo aquellos telediarios en los que, rara vez, no abría el informativo un intento o atentado de ETA. Afortunadamente, recibíamos antes una llamada telefónica alertándonos de la noticia y transmitiéndonos “tranquilidad”. (Si es que alguna vez la hubo).

Se cumplen 20 años de un asesinato que marcó un antes y un después en la lucha contra el terrorismo en nuestro país: el principio del fin de ETA. Era militante y concejal del Partido Popular, como también lo soy yo, aunque la muerte, en cualquiera de sus manifestaciones, no debiera de entender nunca de ideologías. Aquello que un día nos unió como sociedad, armándonos de valentía contra aquel cruel asesinato, debe persistir tal cual fue el espíritu de ERMUA.

Se cumplen 20 años del asesinato de Miguel Ángel Blanco y, lejos de que ETA hubiese querido enterrar la LIBERTAD con un tiro en la nuca, la sociedad española gritó enérgicamente “BASTA YA” y salimos a la calle, sin armas, pero con unas manos pintadas de blanco como mejor respuesta a aquella barbarie terrorista. España se unía para pedir LIBERTAD.

Miguel Ángel tenía apenas 30 años cuando fue asesinado. Yo apenas 15 cuando ETA lanzó tres granadas “jotake” contra el cuartel de la Policía Nacional donde residía mi hermano y 250 compañeros. Mi familia tuvo suerte, la misma que la de los otros 250 policías nacionales que vivían en el cuartel en ese momento , pero la familia de Miguel Ángel, al igual que la de otras muchas, simplemente no la tuvieron.

Hemos avanzado mucho y aún nos queda, pero espero que, con el tiempo y la ayuda de todos, esta lacra llamada terrorismo solo sea un recuerdo, casi inexistente, para generaciones futuras. Mientras tanto, yo, nunca podré olvidar aquel 23 de septiembre de 1990 como, imagino, la familia de Miguel Ángel Blanco nunca olvidará aquel día.

Querido compañero Miguel Ángel: sigues dejando huella.