El arpa que quiso ser flamenca

La jerezana Ana Crismán ha puesto en marcha junto a la cantaora Concha Medina el proyecto Flamenco Arpa Jonda, con el que presenta un repertorio de bulerías y soleás (entre otros) a través de este instrumento que logra tocar "otra cuerda del corazón"
Ana Crismán tocando su arpa. Foto: Esme Cote

¿Puede el arpa -ese instrumento de unas 38 cuerdas- ser jonda? La jerezana Ana Crismán ha demostrado que la unión de este instrumento y el ‘toque’ flamenco es posible con una maestría que está a la altura de cualquier buen guitarrista flamenco.

Ana Crimán ha aparecido recientemente en el panorama digital a través de un par de vídeos cortos de Youtube (grabados en las Bodegas González Byass) en los que interpreta varios palos del flamenco con su instrumento de cuerda. Vídeos de apenas dos minutos y medio ya que como la misma Ana reconoce vivimos en una sociedad “acelerada” donde las personas no tienen tiempo (y puede que ni siquiera ganas, en ocasiones) para visionar ocho minutos de un clip en Internet.

Aunque la relación de Ana con el arpa es algo relativamente reciente, sus inicios en el mundo de la música fueron a través del piano, un instrumento que toca desde los seis años y cuya carrera desarrolló en el Conservatorio de Jerez, con Rosalía Alonso y Julio Lozano de maestros, y en el de Cádiz. Sin embargo, nunca en estos años se le había ocurrido dar el salto profesional con un piano flamenco como sí ha iniciado ahora con su arpa.

“Me enamoré de ella con 33 años (tiene 34) durante un viaje que hice al extranjero. Allí vi tocar un arpa por primera vez en directo (antes lo había visto por fotos y vídeos) y me enamoré completamente. Me quedé muy impactada porque no sabía que existía algo tan hermoso. Y mientras lo estaba escuchando, en mi cabeza oía flamenco… Pensé que si cuando escucho flamenco siento algo mágico y al oír el arpa lo sentía también, esto había que unirlo”.

Así relata ella su “enamoramiento” por este instrumento de cuerda casi desconocido en España pero cuya existencia es muy anterior a todo (los primeros registros de él aparecen en el 3.000 a.C). Ella misma reconoce que fuera de nuestro país, sí que existe un amplio mercado donde el arpa tiene su importancia, aunque asociado al mundo de la lírica, que es donde habitualmente se le conoce su uso. Sin embargo, Ana ha decidido dar un paso más y ha apostado por arriesgarlo todo y embarcarse en esta peculiar historia de amor. “Cuando me compré el arpa ni siquiera sabía si ese instrumento era capaz de reproducir el sonido que quería, si se podía hacer flamenco con él, pero yo estaba tan enamorada que seguí adelante”.

Y de esa manera ha surgido Flamenco Arpa Jonda, un proyecto que nace de su ‘riesgo’ y en el que participa con la cantaora Concha Medina. Juntas han desarrollado un repertorio completo de flamenco al estilo tradicional pero valiéndose de un formato nuevo, donde el instrumento que acompaña al cante es el arpa de Crismán y no la guitarra. “La idea es que la gente identifique su flamenco de siempre con este instrumento y así, de paso, se conozca más”. Un arpa que Ana ha aprendido a tocar de manera autodidacta. De flamenco sí sabe, y mucho. Como buena jerezana ha estudiando sus palos, su cante, su compás, su todo, una enseñanza que le ha servido para aplicarlo ahora al arpa.

Confiesa que cuando tuvo su ‘flechazo’ y se compró este instrumento de cuerda le dedicó mucho tiempo, “he llegado a tocar dos meses seguidos durante 10 horas diarias”. De hecho, este proceso de aprendizaje no ha sido fácil para ella ya que ha aprendido a tocar el arpa sola, sin clases ni profesores. Sin embargo su calidad es exquisita y la manera en que el sonido del arpa reproduce las bulerías, soleás, seguidillas y el resto de palos no desmerece al de ninguna guitarra. Es sublime. “El flamenco en el arpa coge otro matiz, otra perspectiva, toca otra cuerda del corazón”, y no se equivoca. Su especial manera de ‘rasgar’ las cuerdas cala hasta por debajo de la piel y llega justo ahí, al corazón.

En su mirada al hablar del arpa y de los sentimientos que provoca se intuye la pasión propia que le pone cuando toca este instrumento musical al que lleva aferrada año y medio.

Su intención cuando comenzó – aclara ella- no era la de hacerse famosa, ni siquiera pensó en la repercusión que tendría ni en la aceptación en el mundo del flamenco, un ambiente a veces conservador pero que siempre está en constante cambio. “Lo hice por mí, para unir dos cosas que me encantan y hacer algo bonito y que transmitiera belleza y sentimientos”. Lleva poco tiempo pero ya ha recibido elogios de numerosas personas, dentro del mundo del flamenco pero también ajenas a él. Hay quien incluso le ha confesado el haberse aficionado al flamenco gracias a su manera de reproducirlo, palabras que agradece enormemente. “Las cosas cuando se hacen desde el corazón, transmiten, porque son sinceras y al final llegas a la gente porque entienden el mensaje que lanzas”.

Un mensaje que espera hacer llegar a todos los sitios que pueda. Por ahora ha comenzado a cerrar fechas para el verano que viene, quién sabe si tendremos la fortuna de verla en el próximo Festival de Jerez, en su tierra, demostrando que el arpa también puede ser jonda y sonar a flamenco ‘la mar de bien’.

 

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