HELP ANDALUSIA! SAVE EUROPE!

Aprovechando los incidentes en Cataluña, ha llegado el momento de poner todas las cartas sobre la mesa, o como decimos aquí, coger el toro por los cuernos. Por medio de la presente, solicito al Parlamento Andaluz, y a su Presidente, el Ilustre Sr. Juan Pablo Durán Sánchez, que convoque con carácter urgente, o mejor aún: ipso facto, un pleno extraordinario para proclamar la independencia del Reino de Andalucía, y ello por numerosas —e incontrovertibles— razones, entre las que me permito exponer las siguientes:

 

  1. Desde un punto de vista histórico, la reivindicación del pueblo andaluz cuenta con una legitimidad sin parangón. Ya en época del Imperio Romano, la provincia Bética, que ocupaba el sur de Hispania, gozaba de un amplio grado de autogobierno. Aquel estado de cosas mejoró con la expulsión de los romanos —a quienes indirectamente debemos el idioma Andaluz, derivado del latín—, pero se vio truncado en el siglo XIII, cuando bárbaros que controlaban el resto de la Península Ibérica conquistaron los muy excelsos reinos de Córdoba, Sevilla y Jaén. Ya en el siglo XV, no contentos los pérfidos reinos de Castilla y Aragón con colocar bajo su yugo a casi la totalidad de la citada Península Ibérica, invadieron el resto de Andalucía con sus hordas salvajes, poniendo fin a nuestro Emirato Nazarí de Granada y echando al pobre Rey Boabdil, el de la nariz alargada, que abandonó la Alhambra entre lágrimas, y para colmo de males con su madre al lado, reprochándole con gesto adusto el llorar como mujer lo que no supo defender como hombre. Freud no estaba aún vivo por aquel entonces, pero les garantizo que si el último rey nazarí hubiese pasado por el diván del psicoanalista austríaco, hoy día disfrutaríamos de un nada desdeñable —aunque seguramente farragoso— estudio en siete volúmenes titulado: Zur Psychopathologie der Boabdil.

 

  1. El resto de España, incluida la recién proclamada República de Cataluña, se burla constantemente de los andaluces, ninguneándonos por nuestro acento, que suele tildarse —de forma ya algo cansina— de burdo y considerarse una muestra de incultura. Baste a título de ejemplo el papel de la Juani en la mítica serie de televisión Médico de Familia o, si nos dejamos de bromas por un momento —sólo un momento— las chanzas de mal gusto que hace unos meses profirió el cónsul de España en Washington, el Sr. Enrique Sardà Valls, contra la Presidenta andaluza. (Al menos en este caso, el funcionario en cuestión fue felizmente cesado). O por dar ejemplos igual de tristes, y no menos verídicos, permítanme traer a colación lo que le ocurrió al abajo firmante (e. yo) durante su primera clase universitaria, un lunes a las 08h00, en la Facultad de Derecho de la Universidad Pontificia de Comillas, en Madrid, donde el profesor de turno, el Sr. Nicolás Pérez-Serrano Jáuregui, pidió al medio centenar de alumnos del aula que se presentasen, indicando su lugar de procedencia, el colegio en el que habían estudiado y los idiomas que hablaban. Pese a que quien suscribe dominaba, casualmente, más idiomas que ninguno de los presentes, el profesor en cuestión, quien por cierto enseñaba Derecho Constitucional, tan de moda en los tiempos que corren, se cachondeó de mis primeros treinta segundos de oratoria estudiantil y, ocultando una mueca socarrona en sus mofletes barbudos, me pidió que «lo repitiese todo en castellano», como si este ilustre letrado de Cortes fuese incapaz de entender que «Jeré» significa «Jerez». Desde entonces, en una irónica vuelta de tuerca del destino, me convertí en una suerte de nacionalista andaluz, como forma de resarcirme de los muchos agravios que padecí en carne propia a manos de los descendientes de Franco —aunque mi abuela dice que con Franco no se vivía tan mal y que las cosas estaban bastante tranquilas, y la verdad es que si comparo el NO-DO con el telediario de este mediodía, no puedo sino preguntarme a mí mismo si no tendrá algo de razón la pobre…

 

  1. Pese a todo lo que nos tachan de incultos, lo cierto es que el Reino de Andalucía tiene más premios Nobel de literatura que todo el resto de España junta: Vicente Aleixandre era de Sevilla, Juan Ramón Jiménez de Huelva y José Echegaray, pese a haber nacido de chiripa en Madrid, vivió y creció en Murcia, que como lo indica el mapa adjunto forma parte de nuestro reino histórico, junto con las muy saramaguescas regiones portuguesas del Algarve y el Alentejo.

 

  1. La independencia del Reino de Andalucía no dará lugar a una fuga de empresas, porque aquí de todas formas tampoco hay tantas empresas, y las pocas que tenemos están bien instaladas y seguro que no se van, dado que en Andalucía se vive muy bien, como todo el mundo sabe. De hecho, aprovecho para conminar al Parlamento Andaluz a que proponga a las instituciones competentes que la Agencia Europea del Medicamento se instale junto a la playa de Zahara de los Atunes, verán qué contentos se quedan todos.

 

  1. La Unión Europea se verá forzada a reconocer la independencia del Reino de Andalucía. Como parte de la declaración arriba mencionada, insto al Parlamento Andaluz a recordar a la Unión Europea que, en caso de no reconocer de inmediato la independencia del Reino de Andalucía y aceptar nuestra candidatura a Estado miembro, el pueblo andaluz, con el apoyo democrático y sin fisuras de sus votantes, pasará a expropiar —de forma pacífica, mas no por ello menos contundente— todas las casas de veraneo de ciudadanos europeos sitas en el recién nacido Reino. Esto último incluye las casas de todos los franceses en primera línea de playa en Marbella y las urbanizaciones de alemanes en el municipio de Chiclana, provincia de Cádiz.

 

  1. Del mismo modo, el Reino Unido se verá forzado a reconocer no sólo la existencia del Reino de Andalucía, sino también la pertenencia del peñón de Gibraltar a dicho reino (aunque esto último quizás no se vea bien en el mapa adjunto, porque el peñón es muy chiquitito). El Parlamento Andaluz, con base en la legitimidad democrática que le han otorgado las urnas, deberá declarar nulas y contrarias a derecho las disposiciones del Tratado de Utretch que sancionaron el expolio de este islote plagado de monos en el remoto año de 1713. Por supuesto, tal cesión a la Corona Británica no puede considerarse válida, dado que fue firmada por uno de los muchos regímenes que, primero desde Toledo, y luego desde Madrid, han oprimido las aspiraciones democráticas del pueblo andaluz, y robado algunos de los más insignes productos e inventos nacidos al sur de Despeñaperros, como la Cerveza Cruz Campo o el noble acto de la siesta.

 

  1. Una vez constituido el Reino de Andalucía, todos los locales en Gibraltar deberán estar debidamente rotulados en idioma Andaluz, pese a que se seguirán tolerando los rótulos mixtos en Andaluz / Castellano e incluso Andaluz / Inglés con Faltas de Ortografía. Y para los listillos, solicitamos a nuestro Parlamento que aclare cuanto antes que en andaluz la palabra «cerveza» se escribe precisamente «cerveza», igual que en castellano, y no «Cervesa», o peor aún «Servesa», como erróneamente pretenden una minoría de ciudadanos andaluces sitos en el Bajo Guadalquivir.

 

  1. Desde hace ya años, el Reino de Andalucía se ha estado preparando para este momento histórico de emancipación. Contamos con instituciones maduras, e incluso con una ilustre ciudadana —y antigua presa política— dispuesta a ponerse a la cabeza de nuestra incipiente monarquía: la Sra. Isabel Pantoja, de la muy sevillana Casa de los Pantoja. A los demás candidatos a encabezar esta flamante monarquía, incluidos el gaditano Jesulín de Ubrique y el malagueño Chiquito de la Calzada, les pedimos dignidad y mesura durante la espinosa época de transición, y, como decimos en Andalucía, que se dejen de guasa, no vaya a ser que el muy democrático Reino Andaluz acabe peor que Juego de Tronos.

 

  1. Otra razón para que el Parlamento andaluz atienda esta petición es, obviamente, la necesidad de aprovechar la inigualable coyuntura actual. Es cierto que ni el derecho internacional ni la Carta de Naciones Unidas, ni ninguna institución europea, reconoce el derecho a la libre autodeterminación de los pueblos dentro de una sociedad democrática. Dicho derecho de autodeterminación sólo se reconoce en casos de dominio colonial, ocupación o graves violaciones a los derechos humanos o las leyes de la guerra —esto último, para quien no lo entienda, significa cientos de cadáveres, ejecuciones extrajudiciales, fosas comunes, tortura, bombardeos masivos contra la población civil o el patrimonio cultural, etcétera, etcétera, y si bien es cierto que tres deditos hinchados no califican, de por sí, como una gran violación a los derechos humanos (y permítanme que haga una digresión para recomendarles el genial y oportuno texto de Javier Marías, «Las Palabras Ofendidas»: http://elpaissemanal.elpais.com/columna/javier-marias-las-palabras-ofendidas/), no es menos cierto que los agravios al pueblo andaluz desde los remotos tiempos de Boabdil constituyen una base jurídica suficiente para declarar la independencia de nuestro querido reino. Y aprovecho para recordar que uno los poquísimos territorios para los que el Comité Especial de Descolonización de la ONU continúa reconociendo el derecho de autodeterminación es precisamente el peñón de Gibraltar, que conforme a lo expuesto en el punto 6 de esta petición forma parte integrante del Reino de Andalucía.

 

  1. Los andaluces no somos nacionalistas, pero tampoco somos tontos. El abajo firmante reconoce que hay cosas más importantes que desmembrar la Unión Europea, colocarnos en una situación aún más precaria en este mundo globalizado que nos ha tocado vivir y trazar nuevas fronteras que den al traste con las primeras décadas de paz que ha disfruta nuestro continente desde hace milenios. De hecho, al menos en lo que a mí se refiere, soy plenamente consciente de que hay cosas más importantes que la autodeterminación del pueblo andaluz. He visto a niños con las piernas amputadas por culpa de minas antipersonales en Colombia, y llorado (como Boabdil) ante decenas de cadáveres apilados al borde de la Route Nationale Numéro 5 en el Congo, y pasado noches en vela por algún que otro bombardeo o balacera en Afganistán —país para el que trabajo desde hace un año y medio. Y me consta que hay cosas mucho peores que ni he visto ni quiero ver. Lo admito. Mientras toda España se dedica a monográficos absurdos para decidir, como dice un amigo sabio, «quién tiene la bandera más grande», docenas de países sufren la lacra de la guerra. Sin que lo sepamos, sin que salga en los telediarios, a quién le importa, claro, sigue habiendo guerras en el Congo y Somalia, en Yemen, en Nigeria, en Filipinas, en Palestina, en Afganistán, en Iraq, en Sudán, en Sudán del Sur, en la India, en Pakistán, en Ucrania, en Siria, en Colombia, en Birmania… en fin, para que aburrirles: en más de medio centenar de países. Sigue habiendo guerras y gente muriéndose de hambre, y en vez de salir a la calle a ayudarlos nos dedicamos a rumiar, día tras día, nuestros estúpidos problemas primermundistas, que si los impuestos los recaudo yo, que si los recaudas tú, que si soy una nación o sólo una nacionalidad, etcétera. Pues bien, en el Reino de Andalucía seremos solidarios y, en cuanto veamos cumplido nuestro legítimo anhelo de independencia, reformaremos el Código Penal Andaluz para prohibir que los políticos mientan en público, como miente Trump, o como mintieron hasta la saciedad ciertos xenófobos británicos cuando lo del Brexit, diciéndole a la gente que podían echar a los extranjeros del Reino Unido y mantener el acceso al mercado común europeo para seguir endilgando al resto del continente sus bienes y servicios sin pagar aranceles, y al final resultó que (como advirtieron una y otra vez la Unión Europea y los partidos no rupturistas) aquello era una falacia tremenda —y es que el nacionalismo es así de tonto y embustero. Todos los nacionalismos lo son. Menos el nacionalismo andaluz, por supuesto.

 

  1. Para hacer efectiva la venidera declaración de independencia del Reino de Andalucía, contaremos no sólo con el respaldo de la historia y nuestras propias instituciones democráticas, sino también con el apoyo del recién emancipado pueblo catalán. Si el Estado central intenta reprendernos, o peor aún: si al Tribunal Constitucional se le ocurre abrir la boca, los andaluces saldremos a protestar a las calles, de forma pacífica, claro, aunque de pronto destrozamos algunos coches por el camino, o tiramos algunas piedras, no digo que no. Y si eso ocurre, si a los franquistas de Madrid se les ocurre mantener eso de la separación de poderes, si siguen forzándonos a respetar la Constitución del 78, que vale, la votamos hace unos años, pero no la leímos entera antes de votarla, y desde luego no leímos el 155, que estaba casi al final, de modo que eso no cuenta, si algo de eso ocurre, digo, lucharemos con entusiasmo hasta lograr el reconocimiento del Reino de Andalucía. E igual que los andaluces ayudamos hace ya décadas a nuestros hermanos catalanes a poner en marcha las fábricas de SEAT y del Cola-Cao, entre otras muchas, pedimos ahora el apoyo del pueblo catalán, incluidos los votantes de la CUP, y muy en especial el apoyo de la señora esa de pelo negro que va siempre en camiseta y con cara de enfadada al Parlament, se me ha olvidado cómo se llama, para que vengan a ayudarnos a luchar contra los franquistas.

 

  1. Cualquier ciudadano andaluz que apoye al Parlamento Andaluz y luche por el Reino de Andalucía en estos momentos difíciles contará con el respaldo de todas nuestras instituciones democráticas. En caso de ser detenidos por romper alguna cosita, incluidos vehículos de la autoridad, o por oponerse a los mandatos del tiránico poder judicial, pasarán a beneficiarse de forma instantánea del estatuto de preso político —del que ya gozó la Reina Pantoja— y se les ovacionará con pancartas verdiblancas recordando sus hazañas democráticas durante todos los partidos del Real Betis Balompié (sobre el Sevilla Fútbol Club no podemos prometer nada).

¡Por favor, comparte este mensaje si quieres poner fin a siglos de opresión en Andalucía!

¡Mushah graciah, pisha!

¡VIVA EL REINO DE ANDALUCÍA! ¡VIVA ANDALUCÍA LIBRE!

Firmado por [Votación Secreta]

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