Molly’s game: conociendo a la princesa del póker

Fotografías: Michael Gibson y Nacho López. Cedidas por eOne Films Spain

Si por algo conocemos a Aaron Sorkin es por sus facetas como creador de reputadas series (El ala oeste de la casa blanca, The newsroom) y como guionista (La red social, Steve Jobs). Ahora, el neoyorkino ha dado el salto como director adaptando a la gran pantalla las vivencias de Molly Bloom, una mujer que se hizo famosa por organizar durante ocho años algunas de las partidas de póker más célebres del momento, en las que se codeaba parte de la élite entre apuestas millonarias. Su ascenso y posterior caída (sobre todo ésta última) fueron acontecimientos sonados que ahora podemos disfrutar en una película que reitera la idea de que la vida, en ocasiones, supera la ficción.

Molly’s game tiene una introducción adrenálitica que sienta las bases del buen pulso narrativo de Sorkin a la hora de acercarnos una biografía cuanto menos peculiar. Jessica Chastain es la encargada de dar vida a Bloom, una mujer fascinante cuyo acercamiento denota cierta fascinación por su figura como emprendedora y no carente de inteligencia a la hora de llevar a cabo sus objetivos. Sin duda alguna, la interpretación de Chastain y la narración vibrante y bien llevada de los hechos que acontecieron el auge de Bloom son los grandes highlights de un film que, pese a duración, no se hace excesivamente largo.

Tanto Jessica Chastain como Idris Elba (en el papel del abogado de Bloom) aportan solidez interpretativa a una historia que podría resultar algo excesiva pero que está narrada de forma coherente y sin el tipo de hipérboles que encontramos a menudo en este tipo de biopics. Si de algo adolece Molly’s game es de cierto peso atribuido a las relaciones paterno-filiales, que si bien aportan una mayor psicología al personaje de Bloom restan parte de la frescura y naturaleza incisiva del guión, brillante en muchos momentos de la cinta. Es sobre todo en la mesa de juego, con los jugadores en acción y la mirada inteligente de Bloom sobre todos ellos donde la película encuentra su magia.

Un buen film en el que podemos disfrutar una vez más de una Chastain poderosa y capaz de seducir al espectador en todos y cada uno de sus planos; su encanto es lograr que veamos a Molly Bloom como un modelo de conducta, no por sus acciones en la frontera de la ley, sino por el camino realizado y por las decisiones contra-pronóstico que hubo detrás de cada uno de sus pasos. A la espera de ver otro de los biopics de la temporada (y que seguramente formarán parte de la terna de los Oscars), I Tonya, sin duda Molly’s game es una de las propuestas más sólidas de la cartelera para que los amantes del buen cine hagan su apuesta.