¿Cual es el modelo turístico de El Puerto?

Foto facilitada por Podemos El Puerto

“Invertiremos 5.000 millones, crearemos 1.200 puestos de trabajo y socializaremos el deporte náutico” Marina del Puerto (1982).

“La recuperación ya ha empezado con oportunidades como el Cangrejo Rojo o Bahía Blanca, donde se va a desarrollar una importantísima operación hotelera.” David de la Encina (2018)

Enero en El Puerto, miles de casas vacías ocupan la primera línea de playa. Hoteles cerrados (como Santa María o Puerto Bahía) o desocupados y Casas que se ofertarán como alquileres turísticos a mil euros la semana a familias españolas (de Sevilla, Córdoba, Madrid, Badajoz…) que dejarán dinero  al dueño de la vivienda y al supermercado donde compren la comida.

El modelo turístico de El Puerto no ofrece empleo de calidad y es el culpable de que sea mucho más caro alquilar un piso en El Puerto que en Jerez o Puerto Real. A muchas personas nos gustaría un modelo hotelero amable con el entorno, con las playas, que ofrezca empleo de calidad, que sobreviva en invierno con actividades complementarias. No es difícil. Hay muchas formas de desarrollar un turismo en una ciudad con las inmensas posibilidades que reúne El Puerto: naturales, deportivas, ambientales, culturales, históricas, gastronómicas, ecoturismo, turismo ornitológico, y como no, las playas.

Pues nada, en Bahía Blanca (junto a El Manantial) y en el Club Mediterráneo, se antepone el uso residencial, que se traducirá en más especulación y más segunda vivienda, que el uso hotelero. Si te das un baño en la playa del Ancla puedes ver esos nuevos chalés justo encima del acantilado. Del hotel prometido no están ni los cimientos.

De las 4 fases que contempla el plan, el hotel formaría parte de la cuarta fase, esa que en tantas promociones nunca llega a construirse.

Es un claro ejemplo de “ganar mucho dinero especulando mientras destrozan los últimos rincones sagrados de nuestra costa a cambio de promesas incumplidas”. ¿No hemos aprendido nada desde 1982?

El modelo de ciudad en el ámbito turístico es desolador. En Bahía Blanca nos cargamos los últimos pinos canarios, enebros, sabinares y retamas que quedaban en la Costa Oeste (ofreciendo una ridícula repoblación en cascada vergonzosa y descuidada dando lugar a que la mayoría de plantones estén destrozados por la escorrentía).

En el Club Mediterráneo más de lo mismo. De aquel que en los años 90 ofrecía empleos de calidad durante 6 meses a más de un centenar de portuenses se pasa a más viviendas, que se convertirán en segundas residencias, en la privatización de la playa.

Es muy duro caminar por la maravillosa playa de Santa Catalina, desde el final de la Calita hasta Fuentebravía y comprobar cómo encima de la arena nos encontramos decenas de accesos privados a la playa, del chalé a la arena, además de parkings privados, clubes privados, playas semiprivadas. Que los niños y niñas de El Puerto embarquen un frisbee o una pelota de tenis, y no puedan recuperarla porque acaba en ese chalé o en ese club privado.

Las playas de El Puerto no son de la ciudadanía portuense. Esto es una pena. Y más pena es comprobar cómo un gobierno que llega al poder con promesas de acabar con ese modelo de privatizaciones y especulación llevado a cabo por el PP promueva el mismo modelo de desarrollo. El actual gobierno no tiene un modelo de ciudad alternativa. Las promotoras, los especuladores y los dueños del dinero y de la tierra siguen decidiendo el desarrollo del Puerto, desde ese nefasto 1982.

Esto no es una medida más, no es una calle mal asfaltada, no es una subvención mal concedida, no es un contrato mal adjudicado, no se trata de eso. Es una apuesta casi irreversible. Se trata de asumir el modelo de ciudad que ha destruido el futuro de muchas personas jóvenes, obligadas a emigrar porque aquí no encuentran futuro, de apoyar el modelo de ciudad que encarece los alquileres, el suelo, aumenta los gastos mientras que reduce los ingresos. Hay alternativas, hay otro modelo de turismo, hay otro modelo de ciudad. Más vivible, más amable, en la que quienes vengan a visitar nuestras playas no lo hagan en una casa con acceso privado a la playa, lo hagan compartiendo el uso de las playas con las personas que vivimos aquí, en el que los/las turistas se empapen de nuestra cultura, se mezclen y disfruten de actividades, fiestas y alegría de nuestra gente.