La orquesta del Titanic

Imagen del Teatro Villamarta de Jerez (Foto: LaFm)

En el Pleno extraordinario y nocturno de ayer jueves 25 de enero se trató la aprobación definitiva de la cesión de activos y pasivos de la Fundación Teatro Villamarta al Ayuntamiento de Jerez y la aprobación de la gestión del servicio público del referido teatro.

Ciudadanos Jerez optó por una abstención motivada en ambos puntos. Por varias razones: el procedimiento de cesión ha sido, en términos administrativos y jurídico- legales, un procedimiento pionero, y, por ende, complejo, que se viene fraguando desde el año 2015. Tras tres años de incertidumbre, choca bastante que la convocatoria de este pleno extraordinario se haga a marchas forzadas, remitiendo a los patronos toda la documentación, con nocturnidad incluso, y celebrando un Patronato por la mañana, antes del Pleno ordinario del mes de febrero. Entendemos que no son las maneras más idóneas para votar en consecuencia; es un asunto a debatir de una naturaleza, enjundia y repercusión tales, que no se puede decidir en unas horas (cuando debería haber estado finiquitado a 31 de diciembre de 2017. Se cumple lo que anunciamos el pasado mes de junio en una tribuna de opinión titulada “Cédeme despacio, que tengo prisa”).

Pero no ha sido la única vez en la que, desde nuestro partido, tanto en debates televisados, entrevistas, notas de prensa etc. se ha venido apelando a la pausa y a la prudencia, ahí quedan las hemerotecas. Además, ahí quedan las actas, (verba volant, scripta manent) que ponen de manifiesto que en cada convocatoria del Patronato hemos intervenido de manera activa, interpelando a la Presidencia y a la Dirección por múltiples asuntos, y proponiendo mejoras de utilidad, para principalmente, incrementar la captación de ingresos de la fundación y conseguir el objetivo de que el teatro se autofinancie a medio plazo, reduciendo así su dependencia de las aportaciones de dinero público que le ha venido realizando, a modo de cuidados paliativos, nuestro maltrecho Ayuntamiento de Jerez (del bolsillo de todos los contribuyentes jerezanos) para equilibrar sus cuentas.

Unas cuentas, que, según el Auditor -disculpen sus señorías, pero me fío bastante de su criterio- acreditan que el teatro ha casi duplicado sus pérdidas en 2017 respecto de 2016 (302 mil euros frente a 166 mil) y que, para más inri, no se nos certifica que se hayan subsanado las salvedades contables a los que se viene refiriendo, en cuanto a la tasación externa del edificio histórico y su inmovilizado material, desde hace más de un año, por más que lo hayamos solicitado. Motivos todos ellos de peso, unido a la antedicha premura espontánea de la convocatoria, que imposibilitan el voto favorable a los referidos puntos.

El Sr. delegado de Cultura, trató de afear nuestra abstención, afirmando que no le decíamos un “sí” rotundo al teatro Villamarta, y que, pelillos a la mar, y aquí paz y después gloria, no había que mirar el pasado.

Craso error. Precisamente en el pasado inmediato es donde hay que poner el foco, y entendiendo dicho pasado, no caeremos en las mismas inercias negativas y en los mismos errores en el futuro que, para los técnicos municipales y trabajadores del Villamarta (que son los verdaderos artífices de que el teatro no haya desaparecido, al César lo que es del César) empieza el próximo 1 de febrero.

Como concejal y patrono, en ejercicio pleno de mi responsabilidad, apoyo a la cultura, verdadero vehículo de progreso de nuestra sociedad, y al Villamarta, del que soy asiduo, pero siempre con unas garantías de no incurrir de nuevo a corto plazo en causa de disolución. Y de hacer los trámites en plazo y forma, para que la nueva fundación que nace ahora, “Fundarte”, no se denomine, jocosamente en unos años “Fundirte”.

Al acabar el pleno, la Sra. Alcaldesa, sacó, rauda, en un ejercicio de jactancia y autobombo, su cajita de medallas, y se las autoimpuso, en un estado irreal de euforia. Pero no, Sra. Sánchez, ni el telón se ha bajado, ni la función ha terminado; más bien al contrario, no ha hecho sino empezar. Me vino a la mente una secuencia de una Oscarizada película.

En abril de 1912, los 8 miembros de la Orquesta del Titanic, se situaron en el salón de primera clase en un intento por hacer que los pasajeros no perdieran la calma ni la esperanza. Más tarde continuaron tocando en la parte de popa de la cubierta de botes. La banda no dejó de tocar incluso cuando ya era seguro que el buque se hundiría.

Aunque nos tilden de aguafiestas, en Ciudadanos Jerez, preferimos, mientras que los músicos siguen tocando, estar vigilando el radar para que ningún iceberg pueda hacernos naufragar a todos.

El patrimonio cultural de Jerez nos va en ello.