‘Todo el Dinero del Mundo’: “Cuando hasta la vida humana se mide en desgravación fiscal”

Sergio Milán19/02/2018

Valoración: 4 Butacas sobre 5

Seguro que Ridley Scott pensó: “Para una vez que no sólo hago un peliculón, sino que además me gasto poco, sin fuegos artificiales ni movidas caras, va Kevin y me la lía. Ahora a volver a rodar. Me cago en su…”

Porque sí, amantes del séptimo arte, esta película es un ejemplo de buen cine. Un thriller de interpretaciones memorables, destacando precisamente la de Christopher Plummer, sustituto de lujo del malogrado actor de American Beauty.

Un tratado sobre la deshumanización en pos del dinero, pero sin mostrar al avaricioso multimillonario como absoluto demonio, de hecho, hay veces que incluso uno llega a entender sus motivaciones, nunca a compartirlas.

“Las obras de arte, los cuadros, los objetos valiosos… no te traicionan. No conspiran contra ti, ni pretenden arruinarte. Las personas sí.” Y razón no le falta. El riesgo de amar y ser amado, de ser un ser sociable, es mucho más arriesgado, claro está. Pero no aventurarte a ese riesgo sólo conduce a una cosa, la más profunda soledad.

Pero qué puede esperar una persona que sólo paga una parte del dinero que le piden los secuestradores de su nieto porque puede desgravárselo fiscalmente. Todo ello, mientras paga por un cuadro para su casa una tercera parte de lo que piden por su familiar.  Madre de dios.

¿El mayor acierto del film? Mostrar en paralelo que mientras un secuestrado puede llegar a creer en el ser humano mirando a los ojos de su secuestrador (maravillosa subtrama entre Paul, el nieto, y Cinquenta),  una familia puede llegar a perder la fe en la humanidad viendo a sus propios congéneres.

Coge esa sencilla pero profunda reflexión y cárgala de tensión, suspense y frases antológicas y…  ¡voilá!

Ni te hace falta un Alien, un tigre contra un gladiador, o una ciudad llena de replicantes. Sólo una buena historia, un guión muy bien escrito y talento. Eso sí, hay escenas, bueno mejor dicho, una escena concreta  que pueden herir la sensibilidad del espectador. De hecho en el pase de prensa sufrimos un desmayo de un compañero crítico que nos dejó sobrecogidos.

Tan buena sería la película que, tras unos minutos, el desmayado decidió volver a la sala a seguir disfrutando de la película. Esa acción habla por sí sola. Un Ridley Scott que pareciera coger lo mejor que nos dio su hermano Tony para pasarlo por el filtro de su indiscutible y quizás más sutil talento, y con ello hacernos comprender que  lo peor que puede pasarle a un hombre, que cree que puede conseguir todo con dinero, es darse cuenta que algunas personas están dispuestas a no venderse.

null

banner RESTAURANTE