El faro del talento infinito

Un guerrero que no descansa. Un luchador que siente el flamenco. Constante, aguerrido, sensual, capaz de hacer sentir puro compás hasta la columna más fría y firme. Estas podrían ser algunas de las características de Eduardo Guerrero, bailaor gaditano que sigue consagrándose como unas de los diamantes con más proyección internacional.

El XXI Festival de Jerez contó con la participación del gaditano después de que en la edición del año pasado lograra conseguir el Premio del Público. Y lo hizo mostrando toda su fuerza, una fortaleza que sigue en pie y que aunque esta vez no fue un espectáculo a lo grande, como lo fue en el Villamarta en 2017, si que fue a lo grande por su ímpetu y talento.

Fotografía: Festival de Jerez / Javier Fergo

El ‘Faro’ de Eduardo Guerrero no es un simple guía, es una luz que enfoca a su Cádiz natal, a sus olas de la mar que lo acompañaron entre tema y tema, a ese olor a Bahía que se derritió con el compás de unas Alegrías en el Faro cantadas por Anabel Rivera y Manuel Soto.

No hubo guion argumental, pero si un guion sentimental donde el público disfrutó de una amplia variedad de palos flamencos y versiones de algunas canciones que han conseguido labrar la figura de Eduardo Guerrero como un luchador en la escena, una fiera del compás, capaz de seducir a cualquier espectador que asista a algunos de sus espectáculos.

A lo largo de los más de sesenta minutos, se intercalaron números musicales, con la guitarra de Javier Ibáñez, cuyos acordes sirvieron para marcar el taconeo de Guerrero, una garra ‘salvaje’ como se escuchó desde el público y que hincó la rodilla ante un príncipe que va camino de convertirse en rey. ¡Bravo guerrero de la escena!

Vídeo por cortesía: Boasorte / Javier Aguilar