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‘Ingrid Goes West’: viviendo entre likes y followers

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Valoración: 3 Butacas sobre 5

¿Eres de esas (muchas) personas que están constantemente revisando el móvil por si tienen notificaciones? ¿Adicto/a a Instagram? ¿Obsesionado/a con los followers y los likes? Es posible que estas frases te traigan alguna que otra reminiscencia de tu vida diaria, o puede que quizás te hagan pensar en aquel capítulo de ‘Black Mirror’, ‘Caída en picado’, que profundizaba en la idea de un mundo tomado por las puntuaciones sociales. En el caso de ‘Ingrid Goes West’, nos alejamos de las distopías para centrarnos en la clase de realidad rabiosamente actual que, como espectadores, nos sitúa en la frontera entre lo cómico y lo embarazosamente identificativo.

Ingrid (Aubrey Plaza) es una joven recién salida de una institución psiquiátrica que está totalmente enganchada a Instagram. Cuando empieza a obsesionarse con Taylor Sloane (Elizabeth Olsen), la clase de it girl e influencer de California con una vida aparentemente modélica, Ingrid decidirá trasladarse allí y hacer todo lo posible por entablar amistad con ella. Pero las cosas no le saldrán exactamente de la manera esperada…

Jugar a encontrar el mensaje de ‘Ingrid Goes West’ resulta tamaña obviedad que hasta su mención supone reiteración. Antes incluso de visionar la cinta ya conocemos la moraleja intrínseca que se nos va a transmitir: 1. dependemos demasiado de las redes sociales, 2. estamos realmente enganchados y 3. lo más gracioso de todo es que muchos de esos perfiles que irradian que perfección y sonrisas son, muy a menudo, burdos montajes.

Para qué negarlo; todo el mundo fotografía a los novios en una boda, pero nadie saca fotos en los entierros. Las redes sociales tan sólo son un escaparate de lo que queremos mostrar, y las miserias personales no suelen tener cabida, a menos que funcionen como revulsivos. Y sin embargo es fácil caer en el engaño y comparar nuestras “pobres existencias” con la exuberancia ajena.

En ‘Ingrid Goes West’ hallamos todo eso, pero aun así su visionado no resulta superfluo sino bastante disfrutable. De la mano de Ingrid, no aprenderemos nada que no sepamos ya (otra cosa es que hagamos algo de caso a la lección), pero con la creíble actuación de Aubrey Plaza, el encanto de los escenarios californianos y, por qué no, la divertida identificación con el absurdo de nuestras aptitudes, estamos antes una película a la que darle like sin titubear.

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