Crítica de ‘Peter Rabbit’: “Beatrix Potter siempre será un mito, pero dudo de si eso conseguirá ganar el pulso al espectador post-Pixar”

Valoración: 3 Butacas sobre 5

Y es que aunque se agradece ese tono tan pastel marca de la casa Potter (sin esa saturación multicolor capaz de atontar a cualquier crío), ese humor tan limpio y esos gags tan machacados ya no calan de la misma forma.

Ciertamente la película presenta una factura increíble, con un empaste de los personajes digitales con el carne y hueso de los actores reales difícil de mejorar. Pero hay algo muy difícil de conseguir y por ello todos nos quitamos el sombrero ante los guiones de la factoría Pixar, y es ese complejo equilibrio que consigue hacer que padres e hijos disfruten de una misma escena con la misma intensidad, los unos por unas razones y los otros por otras.

Un niño sigue embelesado por la música y el colorido de una secuencia mientras que un padre se emociona al entender que una pareja jamás serán padres, como ese comienzo antológico de UP. ¿Qué pasa cuando no se consigue eso? Pues que o apuestas 100% por el crío (FROZEN) o haces una película para los adultos nostálgicos (ROMPE RALPH).

Y si en algo peca esta adaptación de Will Gluck, es que ni lo uno, ni lo otro, siendo, a mi humilde criterio, bastante desequilibrada entre secuencias según target. Con escenas que aburrirán soberanamente al crío mientras significan un respiro necesario para el padre y escenas de guión tan infantilizado y de gags ya un pelín agotados (lo de pisar un rastrillo y darte con el palo en la cara es un ejemplo) que harán que una mamá o papá recuerde que estos libros ya se quedaron un poquito atrás.

Y es que cuando tienes películas infantiles que ya están al nivel de reflexionar sobre la muerte,  sobre la necesidad de la tristeza en un mundo que te obliga a sonreír las 24 horas o de luchar contra la perdida del sentido de la vida  … enfrentarte a un mensaje que viene a ser “aunque te moleste lo nuevo todos debemos saber convivir”  es como que… ¿de verdad eso es todo?

Cierto es que hay un par de gags recurrentes que funcionan a las mil maravillas, como ese gallo que grita de júbilo cada mañana al ver que la vida continua después de la temida noche, o ese zorro homenaje a los peores perfiles encontrados en un after hours. Pero contaditos con dedos de una mano.

Otro punto a reflexionar es el trabajo de empatía del prota con el público, ya que si el envidioso Buddy nos caía bien gracias al contraste con un confuso soñador Buzzlightyear en el primer film de Toy Story (otro equilibrio no fácil de conseguir), aquí la falta de un verdadero enemigo como tal, o antagonista realmente perturbador en el equilibrio inicial del protagonista, hace que dicho personaje (Peter Rabbit) te parezca un mimado con el que empatizas más bien poco, cayéndote realmente bien el pobre humano, a priori la distorsión en el mundo del protagonista, que aunque reticente a los animalejos, consigue evolucionar antes del punto medio del guión, cosa que el conejito es un envidiosillo tocapelotas hasta el último giro de la película.

No siendo gran partidario del método Star-System a la española, pues ya he comentado alguna vez que no es lo mismo ser una estrella que da previa vida a un personaje con su voz en fase de creación del mismo, que ser una estrella doblando a un personaje, he de decir que su trío formado por Dani Rovira, Silvia Abril y Belén Cuesta, aprueban con buen nota el examen. La profesión de dar vida sólo con la voz no es fácil amigos, la voz muestra fielmente la falta de registros vocales que tenemos cuando sólo dependemos de dicha herramienta y aunque a ratines sigues notando diferencias entre códigos de unos y otros personajes, el trabajo de dirección de Miguel Ángel Garzón al respecto y de este trio protagonista, no profesionales del doblaje, salva muy bien la papeleta.

Divertido el guiño en la nueva fase de montaje sobre la polémica absurda de los alérgicos ofendidos. A lo que vamos a llegar con tanta imbecilidad.

Conclusión, dudo de si la nostalgia de ser un niño que creció con los libros superará el hecho de que tanto nosotros, como los niños de hoy,  somos una generación que ha visto mejorar el producto infantil hasta niveles increíbles y doña Beatrix Potter, con el mayor de los respetos, por lo menos en lo que a lo audiovisual se refiere,  se ha quedado un pelín antigua para este viejo fan de su trabajo.

No obstante, como siempre, esta opinión no vale de mucho, pues los verdaderos críticos de este trabajo deberán  ser cada uno de los niños y niñas que vayan a disfrutar de estas locas aventuras de Peter Rabbit.