Pablo, Santo y Humano

Valoración: 3 Butacas sobre 5

Tres años después de Llena de gracia, el director estadounidense Andrew Hyatt estrena otra película de carácter religioso: Pablo, el apóstol de Cristo, una cinta centrada en la figura de San Pablo, donde se narran los acontecimientos ocurridos unos años después de su conversión. Más próxima a la española Pablo de Tarso, el último viaje (Pablo Moreno, 2010) que a la miniserie de 2000, esta nueva propuesta no se limita a tratar la consabida transformación espiritual del apóstol y la evangelización del mismo, sino que ahonda en su vida, la de Pablo en sus momentos más oscuros y dolorosos y la de Lucas, que se enfrenta al Imperio romano en busca de su amigo.

No podemos decir que Pablo, el apóstol de Cristo sea una película perfecta (¿cuál lo es?), pero es de aplaudir y admirar que Hyatt haya arriesgado en contarnos una historia tangencial de los libros sagrados cuando otros llevan más de noventa años contando el mismo relato desde el mismo enfoque. En lo que no ha innovado es en el ritmo pausado y lánguido de tantas películas bíblicas que vemos en las sobremesas en fechas santas, lo que hace que en ciertos tramos del metraje, sobre todo en la parte central, la película pierda cierto interés. Por su parte, Gerardo Mateo Madrazo, el director de fotografía, tampoco ha optado por la novedad y nos presenta una fotografía cálida y apagada, propia del subgénero bíblico. Esto no ayuda a sobrellevar una película que alarga injustificadamente sus 106 minutos, pero tampoco molestará al conformista que no busque algo más fresco y novedoso en el apartado formal.

Por su parte, los actores James Faulkner, Olivier Martínez y Jim Caviezel (que ha cogido gusto por los personajes bíblicos y cambia el Jesús de La pasión de Cristo por San Lucas) hacen, ni más ni menos, lo que se espera de ellos. No les podemos ponerle ninguna pega a la hora de dar vida a sus personajes, pues, aún en los momentos menos enérgicos de la cinta, saben solventar sus escenas y hacer sus papeles creíbles y sobre todo, humanos, muy cercanos al espectador a pesar de que la película se haya realizado con cierta lejanía hacia el mismo.  Y no es poco, pues no es empresa fácil llevar el peso de una cinta de su duración con tan escasos personajes.

Sin mucho más que añadir, pues es una película, como ya he escrito en anteriores líneas, no muy destacable (de hecho, estoy haciendo un esfuerzo sobrehumano por recordar una película que olvidé nada más visionar), decir que, aunque no sobresalga por su apartado técnico y su ritmo y fotografía no inviten al optimismo, Pablo, el apóstol de Cristo se antoja interesante a la hora de profundizar en la vida del apóstol que cambió su destino para ayudar a cambiar el destino de la Humanidad.