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‘Inmersión’: Emocional en el Fondo, Impersonal en la Forma

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Valoración: 3´5 Butacas sobre 5

Tras estrenarse en festivales como el de San Sebastián o Toronto, muchos vieron más que acertado el título de esta película, pues para una buena parte de los espectadores que la visionaron por esos lares, la nueva película de Wim Wenders no es sino una inmersión por parte del director alemán hacia lo más insignificante de su carrera. Para algunos estamos ante el subsuelo de una gran filmografía que comenzó en los años setenta y que nos ha dado joyas como El cielo sobre Berlín, Tan lejos, Tan cerca o París, Texas. El que escribe estas líneas ha de reconocer que Inmersión no es lo mejor de Wenders, pues habrá muy pocos que defiendan que Inmersión esté a la altura de esas grandes obras. No seré yo quien lo haga. Tampoco seré yo quien diga que es una película desechable, pues es cierto que el film que nos ocupa no tiene el alma ni la profundidad de otras criaturas del cineasta alemán; tampoco un guion a su medida ni una fotografía asombrosa, pero sí unos actores que ponen toda la carne en el asador para que la función resulte, al menos, creíble. Alicia Vikander y James McAvoy son los protagonistas absolutos de la historia, pues prácticamente todas las líneas de guion recaen sobre sus personajes. La pasión que muestran, tanto entre ellos como por la obra y sus respectivas encarnaciones, es encomiable. Pues Inmersión es, ante todo, pasión. Pasión, amor, ímpetu… En definitiva, aventura, aventura en todos los sentidos y de todas las clases: subacuática, infernal, romántica, dialéctica, religiosa, espiritual, bélica…

Pero la parte actoral no es lo único destacable ni rescatable de la cinta. Aunque, como hemos dicho anteriormente, Inmersión no tiene una fotografía deslumbrante, tampoco lo necesita. En esta ocasión, Benoit Debie aparca los colores de Spring Breakers (Harmony Korine,2012), el tono onírico de Enter the void (Gaspar Noé,2009) o su faceta más notoria y estilística vista en Lost river (Ryan Gosling, 2014) para ofrecernos una fotografía más naturalista. En comparación a muchas de las obras en las que ha participado, hay quien verá cierta desgana por parte del director de fotografía belga, pero lo cierto es que lo que hace Benoît en el largometraje que nos ocupa no es ni más ni menos que remar a favor del discurso propuesto por Wenders (director) y Dignam (guionista), nada abrupto y mucho más simple que el que nos podía haber ofrecido cualquier otra película dividida en tres partes. Pues aquí, como en otro trabajo de McAvoy, La desaparición de Eleanor Rigby, tenemos un relato compuesto por tres fases bien diferenciadas: la primera, que no deja de ser un flashback de las otras dos, nos cuenta la historia de cómo se conocen el ingeniero hidráulico James More (James McAvoy) y la biomatemática Danielle Flinders (Alicia Vikander), cómo nace y se desarrolla su íntima y natural relación sentimental. La segunda y la tercera, que se intercalan a lo largo del metraje, nos cuentan la vida de cada personaje, de cómo vive el uno sin el otro, de cómo el amor se antepone a la duda y el desasosiego de no saber dónde y cómo está (o si está) el amor de tu vida.

Para ser sincero con el lector, hay que decir que no existe una regularidad en el conjunto de la película, pues la primera parte es más completa e interesante que el resto. Podemos decir sin miedo a equivocarnos que McAvoy y Vikander funcionan mejor juntos que separados, y más aún si tenemos en cuenta que la pieza de Vikander en solitario no encaja del todo en el puzle de Wenders, pues aparece poco y aporta menos. Esta irregularidad, sumada a la impersonalidad de toda la obra, tanto a nivel de dirección como a nivel fotográfico, y a la erosión que sufre la película a medida que avanza la historia, hace que el que aquí escribe entienda que no todo el mundo consiga conectar con este film. Afortunadamente, Wenders y su equipo alemán, español y francés (no olvidemos que se trata de una co-producción) sí consiguieron que me sumergiera en esta película tan pasional en su fondo como apática en su forma.

 

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