Merecido homenaje a Rafael Azcona

Diez años después del fallecimiento de Rafael Azcona, amigos, colaboradores y admiradores de guionista logroñés se reunieron el pasado miércoles en la Academia de Cine para rendir un homenaje a la persona y al literato. Son muchas las facetas del responsable de los textos de El pisito, Plácido, El verdugo, La escopeta nacional, Tirano Banderas, ¡Ay, Carmela!, El rey del río y La niña de tus ojos que desgranaron los intervinientes, como que nunca aceptaba un guión con el que no comulgara totalmente, la creencia en la vida, su lado trágico, su capacidad para encontrarse con situaciones ‘azconianas’ a diario o la gran revelación del sentido de la vida que un día le hizo a David Trueba: “Yo lo he encontrado: es desayunar”.

Fernando y David Trueba, José Luis Cuerda, José Luis García Sánchez, Carlos Saura, Antonio Giménez Rico, Pedro Olea, Manuel Vicent, Juan Estelrich, Bernardo Sánchez Salas y Julia Sabina se dirigieron al auditorio para compartir anécdotas en este evento, que inauguró el presidente en funciones de la institución, Mariano Barroso, y que contó con los textos de Tina Sainz y Juan Cruz, que enviaron unas palabras en su memoria.

Para José Luis García Sánchez, “Azcona fue uno de los literatos dramáticos más importantes de la segunda mitad del siglo XX” y reivindicó que el verdadero homenaje de la cultura española sería su inclusión en los libros de texto. Carlos Saura recordó su estrecha colaboración con Marco Ferreri y destacó que, aunque lo asociamos con el sentido del humor, “era una persona muy profunda y muy sentida”.

“La gran lección de Rafael como guionista era cómo construir historias. Era un gran constructor de historias”, afirmó Antonio Giménez-Rico; mientras que Pedro Olea desgranó su método de trabajo: “Hablábamos del telediario, de lo que pasaba por delante, de la vida y, de vez en cuándo, de la película en cafés cercanos y después él se encerraba y volvía una semana después con un tratamiento del guión”. El recuerdo de Fernando Trueba fue en forma de cuatro poemas y un email de Azcona, en los que reflexionaba sobre la nada, la falta de inspiración, el amor o la evidencia.

Aunque Manuel Vicent cree que “un acto como este Azcona no lo habría tolerado”, no quiso perderse el homenaje en que aseguró que “a Azcona siempre le han definido zapatos rudos, que parecían diseñados para no pisar ninguna mierda y no meterse en charcos inapropiados”. Juan Estelrich, para el que Azcona era un elemento más de su adolescencia por la amistad de este con su padre, recordó los consejos del guionista: “escribe sobre lo que conozcas, sobre tu mundo, porque habrá verdad en lo que cuentas”.

Bernardo Sánchez Salas destacó su creencia en la vida. “Me quedo de Rafael la defensa de la vida por encima de todo. Mientras estaba en tu mesa querías ser el último en dejarla. Él se levantaba el primero para invitar, como tantas veces”, afirmó. Por su parte, Julia Sabina, autora del libro Rafael Azcona: El guionista como creador, reivindicó cómo el logroñés utilizaba el espacio cinematográficamente desde la misma escritura.

Rememorando el Goya de Honor que Rafael Azcona no recogió en 1998 por su patológica timidez, Mariano Barroso clausuró la primera parte del acto, que continuó con la proyección de Plácido, de Luis G. Berlanga. El presidente en funciones de la Academia expresó su deseo de que este homenaje fuera el primero de los muchos que realice la institución. “Hay grandes personalidades de nuestro cine que reconocer, muchos de ellos están hoy aquí. Voy a proponer a la Junta Directiva una línea de homenajes, pero no solo en recuerdo, sino a profesionales vivos. El primero de ellos destinado a Carlos Saura“, manifestó.

Foto: ©Enrique F. Aparicio