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‘Isla de Perros’, el noveno largometraje y segunda cinta de animación stop-motion del guionista y director Wes Anderson, se estrena el viernes

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ISLA DE PERROS, el noveno largometraje y segunda cinta de animación stop-motion del guionista y director Wes Anderson, es una gran aventura ambientada en Japón dentro de veinte años cuyo telón de fondo es una crisis canina y la histeria colectiva en torno a los perros. Aquí, en un lejano vertedero conocido como Isla Basura, una jauría de perros diferentes se une para sobrevivir y juntos hacen un descubrimiento insólito: un pequeño piloto que cambiará el rumbo de sus vidas.

La travesía incluye mucho humor, acción y amistad. Pero, además, rendirá tributo a la magnitud y la belleza del cine japonés, a la noble lealtad de los compañeros caninos, al heroísmo esperanzador de los seres pequeños y olvidados, abogará por el rechazo a la intolerancia, y, sobre todo, celebrará el inquebrantable vínculo entre un niño y su perro que ha dado lugar a tantas historias y aventuras.

Todo comenzó con una mezcla poco probable pero potente de fascinaciones compartidas por Anderson y sus colaboradores en el desarrollo del argumento: Roman Coppola, Jason Schwartzman y Kunichi Nomura:  los perros, el futuro, vertederos de basura, las aventuras infantiles y las películas japonesas. Estas últimas fueron esenciales. De hecho, ISLA DE PERROS le debe tanto al legado del cineasta Akira Kurosawa como a la historia de la animación stop-motion. Dice Anderson: “Kurosawa y sus equipos reducidos de coguionistas trabajaban juntos para crear sus historias y dar forma a sus guiones. Es algo muy común en el cine italiano, que los escritores trabajen en equipo, como en televisión”. La historia inventada evolucionó desde aquella chispa soñada a la espectacularmente detallada creación de la ciudad de Megasaki, la geografía de Isla Basura y el reparto de dispares y deliciosos personajes, tanto perros como personas.

“Queríamos hacer algo medio futurista. Queríamos contar con una pandilla de perros alfa, todos líderes. Y queríamos habitar una tierra de basura”, dice Anderson.  “El contexto japonés se debe a su cine. Amamos Japón, y queríamos hacer algo realmente inspirado por las películas japonesas, por lo que acabamos mezclando la peli de perros con la película japonesa”.

La historia, con sus canes parlanchines, féminas fatales peludas, un niño aviador, una intrépida periodista escolar, virus mutantes, una isla mítica y un grave error humano desenmarañado paso a paso, se fue desarrollado con el paso del tiempo y un sinfín de tazas de té. Roman Coppola describe la dinámica poco estructurada del proceso creativo: “Hay coloquio, debate, y cuando algo parece encajar, Wes lo anota en sus cuadernos. Por ejemplo, Jason dice algo que da lugar a una idea, o a un diálogo, y después, a veces, asumimos los papeles de los personajes. Esto lo hicimos mucho en Darjeeling porque había tres personajes principales y éramos tres. Esto da paso a una larga gestación en la que recabamos materiales, y luego iniciamos la fase en la que comenzamos a escribir el guion. Y al tratarse de una cinta de animación, la historia realmente se sigue redactando durante la producción”.

 

Influencias

Con una ambientación japonesa semi ficticia, la construcción basada en personajes que parecen salidos de las páginas de un comic, y temas relacionados como son la naturaleza, el heroísmo, la tecnología, el rescate y el honor, parecía inevitable que la cinta se hiciera eco de la cultura popular japonesa así como incluir guiños a algunos de los grandes realizadores del país nipón como son Yasujiro Ozu,  Kurosawa o Seijun Suzuki, sin olvidar las cintas de monstruos de los años 50 y 60, con sus culminantes desastres. “A nuestro modo de ver las referencias abarcan todo un abanico de realizadores japoneses, a la vez que celebran la cultura japonesa, pero sin duda la mayor influencia cinematográfica se debe a Kurosawa”, explica Anderson.

A pesar de todas las influencias japonesas y otras que cursan con alegría por la cinta, el mundo que crea la película es decididamente diferente. Según la diseñadora gráfica de la película, Erica Dorn, que creció en Japón, todo está cohesionado de una forma única: “El mundo de ISLA DE PERROS es una especie de realidad alternativa. Parece Japón, evoca Japón, pero es una versión más soñada, más Wes Anderson. Eso es lo bonito de ambientar la cinta en una ciudad inventada, en una época inventada: te brinda cierta licencia artística. La mezcla de lo nuevo y lo antiguo es muy común en Japón. Hay secuencias muy minimalistas y wabi-sabi; pero luego pasas a la ciudad, muy maximalista e intensa. Te recuerda a Japón, pero filtrado a través de la mirada de Wes”.

ISLA DE PERROS cuenta la historia de un niño de doce años, ATARI KOBAYASHI, pupilo del corrupto alcalde Kobayashi. Cuando, por orden ejecutiva, todas las mascotas caninas de la ciudad de Megasaki son desterradas a un enorme vertedero conocido como la Isla Basura, Atari cruzará el río que los separa a bordo de su aeronave turbo hélice junior, emprendiendo la búsqueda en solitario de su perro guardián, Spots.  Una vez allí, con la ayuda de sus nuevos amigos caninos, comenzará una odisea épica que decidirá el futuro y el destino de la mismísima Prefectura.

 

 

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