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Fantasmas barrocos y adolescentes rebeldes: el desganado cóctel del verano

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Mansiones encantadas, adolescentes desaparecidas y juegos paranormales son algunos de los ya clásicos elementos que han engordado la lista de películas de terror que alimentan los cines en verano. Ahora el director español Rodrigo Cortés, fichado por Stephenie Meyer, rinde homenaje a la escritora Lois Duncan llevando a la gran pantalla otra de sus más queridas novelas: Down the Dark Hall, donde viajamos a un caserón gótico como escenario de oscuros secretos y siniestros sucesos.

En este caso, la historia no podría entusiasmar más al público adolescente: una gran mansión reconvertida en un selecto internado para chicas descarriadas a las que solo el arte puede poner en vereda. A priori puede parecer un plan sin fugas, si no fuera por la maligna presencia de entes paranormales que no dudaran en convertir su estancia en una auténtica pesadilla.

Sin duda, el punto fuerte de este film son sus actrices. La veterana Uma Thurman comparte reparto con un grupo de jovencísimas actrices que no se achantan y demuestran estar a la altura del género. Cabe decir que, desde el principio, se echó de menos que no se desarrollaran más los personajes. Es un film con tirón que deja margen para la complejidad y, teniendo en cuenta la habilidad del director, se extrañó no haber ampliado las miras. Tal vez porque mucho espacio no siempre es sinónimo de mucho cine.

Bajo un fondo terrorífico se esconde la historia del crecimiento de niño a adulto y de cómo tus actos afectan a la persona que vas a ser. Incluido el concepto obligatorio en toda pieza para adolescentes, dónde los adultos intentan manipular y modelar a la juventud a través de un desaprovechadísimo argumento de terapia experimental.

Pero todo esto quedará en un segundo plano, ensombrecido por un despliegue de apariciones, sueños terroríficos, visiones, lagunas de memoria y un sinfín de recursos que no nos vamos a cansar nunca de ver en la gran pantalla. Todos recogidos bajo un ambiente gótico y funesto que hará las delicias de los fans del género.

Recalcar que esta es una película sobre adolescentes y dirigida para ellos, con la esperanza de que tenga la suficiente elegancia como para interesar a todo el mundo. Por desgracia, el supuesto terror de Blackwood no consigue que traspasar el umbral del verdadero misterio por lo que, en vez de provocar terror perverso, invoca al miedo de aquellas primeras novatadas nocturnas en el campamento que realizamos en su día con el fin de presumir de que ya no éramos niños. Se trata de una cinta clásica para el verano, que no destacará por su complejidad, si no por generar un efectivo entretenimiento que, al fin y al cabo, de eso trata hacer películas.

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