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Pablo Simón, editor de ‘Politikon’: “La extrema derecha usa el miedo a la inmigración para generar inseguridad”

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Escucha la entrevista completa a Pablo Simón, editor de Politikon.es 

Llega a la Sala Bereber de Jerez con el peso de quien baja al Sur y le recibe esa bofetá de calor que tanto cuesta estos días sobrellevar. Aparece con algo de prisa, ya que su charla ‘Perdedores de la globalización y partidos de extrema derecha’ arranca en media hora y aún tiene que dejar lista la presentación que apoyará su exposición y que va a ofrecer al medio centenar de personas que ha acudido a esta sala en un sofocante 9 de agosto.

Tiene un ojo puesto en su portátil y otro en la entrevista que tenemos pendiente y que será breve porque la hora casi se nos echa encima.

Ya en un salón apartado del local, Pablo Simón (politólogo y editor de la web Politikon.es) se acomoda en un sillón dispuesto a desgranar pequeñas pinceladas de la charla que dará en pocos minutos a una audiencia ansiosa por escuchar de primera mano al politólogo televisivo más reconocido de España.

Viene a presentar en Jerez lo que él llama “Cervezas y Politikon”, un proyecto que se está desarrollando en otros puntos de Europa y donde las preguntas e inquietudes de los presentes (muchas al acabar su conferencia) se agruparán en un memorándum que la Comisión Europea tomará para su estudio y del que saldrá “algo”, aunque “no se sabe muy bien qué”, matiza.

La charla en Jerez se llama ‘Perdedores de la globalización y partidos de extrema derecha’, la primera pregunta es casi obligada, ¿quiénes son esos perdedores de la globalización?

El término ‘perdedores de la globalización’ se ha puesto de moda recientemente, a partir sobre todo del año 2008 con la aparición de una serie de publicaciones académicas, y lo que plantea es que en este contexto, en el que las economías están cada vez más integradas, más globalizadas, hay unos sectores de trabajadores que ganan y otros que pierden.

Los que ganan son los que tienen mayor cualificación, estudios y más movilidad, por lo que pueden aprovechar las ventajas de unos mercados mucho más abiertos. ¿Quiénes serían los sectores perdedores? Aquellos más vinculados a la industria tradicional que estarían viendo como sus fábricas y sus astilleros, se van a otras partes del mundo porque la producción es más barata. Ellos se dan cuenta de que, en este contexto en el que unos ganan y otros pierden, ellos se están quedando atrás, pierden sus puestos de trabajo, pierden su identidad de clase y esto les hace mostrar su descontento a través del voto a los partidos contra el sistema, a los de extrema derecha.

Entre los interrogantes que planteas está el de que no hay partidos de extrema derecha en países como Portugal, Irlanda o incluso España. ¿De verdad consideras que no existen este tipo de partidos aquí?

Si uno mira el contexto de Europa ve que los partidos populistas de extrema derecha -caracterizados por ser xenófobos, autoritarios y nativistas, es decir, que creen que hay una superioridad genética de una raza sobre otra- están en un porcentaje de voto en torno al 15-20 por ciento, como Alternativa por Alemania, el Partido Popular sueco que está primero en las encuestas, o los xenófobos de Dinamarca que son el número dos.

En España, Portugal e Irlanda sin embargo no hay partidos de estos con representación parlamentaria. Por supuesto que existen, siempre hay partidos que intentan aglutinarlos pero de momento esto no ha cristalizado. Uno de los interrogantes que tenemos es ¿Por qué? ¿Por qué en estos países parece que no se permite que emerjan?

Hay diferentes hipótesis. Algunos dicen que es porque Irlanda o Portugal son países donde no se recibe inmigración sino que se expulsa, por lo que el “descontento” se sale del sistema.

En el caso de España hay otros que dicen que esto podría vincularse a que la peculiaridad de nuestro sistema político hace que tuviéramos un partido que estaba más a la derecha -Alianza Popular, luego PP- que fue creciendo hacia el centro y que ha impedido que surjan partidos más extremistas.

Hay otros que dicen que es porque España es un país en el que la inmigración ha llegado tarde. Otros argumentan, sin embargo, que España tiene además una característica muy peculiar y es que recibe mucha inmigración de carácter femenino y tenemos muchos matrimonios interraciales –sobre todo con gente de América Latina-.

Hay diferentes hipótesis pero es cierto, es una anomalía comparada con el resto de Europa.

Has hecho referencia a la inmigración, ¿crees que ahora en este momento que estamos viviendo, con lo que algunos llaman “avalancha” y “efecto llamada”, esos partidos de extrema derecha pueden aglutinar ese voto que está ahí cautivo?

Es cierto que planteamos que los perdedores de la globalización pueden acabar votando a la extrema derecha, y lo que muchas veces emplean estos partidos como mecanismo para atraer a sus votantes es lo que se conoce como “chauvinismo del estado del bienestar”.

¿En qué consiste? Consiste en que la izquierda puede estar preocupada por la redistribución y la solidaridad entre ricos y pobres, pero un punto ciego que tienen es que no dicen cuál es esa “comunidad de solidaridad”. Es decir, con quién tengo que redistribuir ¿con los de mi pueblo, con los que son blancos como yo, con los del mundo?

Así que lo que emplean estos partidos populistas de extrema derecha es muchas veces el miedo a la inmigración como un elemento que genera inseguridad y pérdida de recursos. Y esto explica por qué muchas veces -y se está viendo en Francia y Alemania- hay importantes sectores de obreros tradicionales, que antes votaban a la izquierda, que se están yendo con la extrema derecha porque lo que se incentiva es la idea de que competimos por los recursos sociales, y por lo tanto que si ellos (los inmigrantes) vienen aquí, te van a quitar el puesto de trabajo, la ayuda… Y ese es un discurso muy sugerente.

¿Puede que en un momento dado cristalice en España esta oferta (la de los partidos de extrema derecha)? Efectivamente puede ocurrir, nadie está inmunizado, pero de momento no parece que hayamos visto un incremento enorme de los flujos migratorios como para generar una situación comparable a la de Grecia o Italia.

Sí que es verdad que las rutas de refugiados del Mediterráneo se han cerrado en ambos países y es posible que se derive una parte hacia España. Y es verdad que si hay partidos irresponsables que se dedican a estimular este tipo de conflictos, podemos llevarnos sorpresas desagradables (en unas elecciones) porque cuando emergen tienen una capacidad muy peculiar y es que su discurso permea a todo el sistema político, infecta al resto de partidos y todos comienzan a hablar de inmigración y recursos en un contexto negativo que genera una espiral en la que lo que antes no era un problema, de repente sí lo es y se rompen los consensos básicos.

Pablo Simón, en un momento de su charla en Jerez. Foto: MJ Romero

Ahora se está dando un pequeño auge o una visibilización más clara que antes no se daba de partidos que son afines al falangismo, con lo que todo ello supone, pero ¿Tienen realmente presencia y fuerza política como para alcanzar unas elecciones, incluso en algún municipio?

Si uno mira la representación que tenemos de los partidos de extrema derecha en España, el caso más exitoso ha sido Plataforma per Catalunya (PxC). Es una zona en la que además el conflicto nacionalista había favorecido el posicionamiento de sectores más españolistas y, sobre todo, porque la inmigración allí es de corte muy musulmana y esto había favorecido la percepción de conflictos.

Hay casos de algunos concejales, como por ejemplo España 2000, que tienen representación en municipios pero es muy residual.

El último intento lo vimos con el caso de VOX en 2014 cuando estuvieron a pocos votos (20 000) de conseguir un eurodiputado siendo candidato Alejo Vidal Cuadras.

En este caso vamos a ver qué ocurre porque, efectivamente, no estamos inmunizados y ellos pueden intentar el asalto. De momento nada indica que ellos se vayan a convertir en una fuerza que sea comparable –por poner una analogía- a la subida en las encuestas que vimos cuando emergieron Podemos y Ciudadanos en el año 2014. Eso no se percibe.

¿Pueden conseguir representación? Puede ocurrir, pero también es verdad que si la situación está muy competida y tenemos un mercado político con mucha oferta diferente van a tenerlo un poco más difícil. Es posible que 2014 hubiera sido una mejor ventana de oportunidad que la que puede ser un contexto como el actual.

¿Cómo está afectando la globalización al auge de estos partidos de extrema derecha?

La globalización lo que está generando son unas transformaciones profundas en varios aspectos.

Estamos viendo unos cambios tecnológicos muy acelerados que hace que tengamos más miedo o más volatilidad en nuestros puestos de trabajo, que hace que nuestras identidades ligadas a lo que somos -en tanto a trabajadores- sea más tenue; porque antes si te preguntaban “¿tú que eres?”, respondías: profesor, periodista, tal; pero si estás cambiando de trabajo cada cinco días, no recibes una identidad a través del trabajo y esto hace que seamos más promiscuos en términos electorales. Cambiamos más de votos porque hay una segunda dimensión que es que los actores tradicionales que permitían canalizar las demandas políticas –partidos, iglesias, sindicatos, etc- están en crisis.

Desde los años 70-80 la afiliación a partidos y sindicatos no ha dejado más que caer, la gente ya no va a las iglesias, la gente ya no confía tanto en los actores tradicionales, y eso viene acelerado por el contexto de globalización, de unas circunstancias en las que además nuestros estados del bienestar tienen un reto adicional que es que cada vez estamos más envejecidos y cada vez es más complicado mantener el sistema sin afrontar reformas.

Todos estos factores se juntan a la vez y favorece a que en un tiempo de incertidumbre, de dificultades, los que se sienten precarios políticamente, los que no encuentran una oferta por la que poder apostar, puedan ver en los cantos de sirena de la extrema derecha una salida fácil, porque entienden que mediante su voto a esos partidos dan un golpe contra el establishment y pueden agitar el sistema político.

Y eso, claro, es una bandera muy eficaz en tiempos de tribulación y de crisis económica.

¿La existencia de partidos de extrema derecha trae consigo inevitablemente la aparición de partidos de extrema izquierda?

No necesariamente. La competición política ahora mismo en Europa está formada en torno a tres grandes bloques.

Tienes a la derecha tradicional, donde estarían cristiano demócratas, conservadores y liberales, que en general son partidos que quieren menos impuestos, menos estado, que son europeístas y tienen visiones menos cosmopolitas que las izquierdas, pero homologables a lo que podría defender, por ejemplo, Angela Merkel.

Tienes a las izquierdas que tienen algo muy peculiar y es que, aunque comunistas y socialdemócratas habían estado muy enfrentados, aunque desde mayo del 68 surgen otros partidos de izquierdas como Los Verdes, han convergido, o sea, se han aproximado en términos ideológicos. Tú no ves, por ejemplo, un partido comunista que no sea feminista, ni un socialdemócrata que tenga un problema grande para pactar con un partido comunista. En general se ha tendido a la aproximación.

Lo que ocurre es que hay un tercer polo y ese tercer polo que es la extrema derecha se caracteriza por desgajarse de la derecha, porque son claramente euroescépticos y porque lo que utilizan como elementos para robar votos a ambos lados es la identidad nacional. Ellos consiguen robar el voto obrero tradicional de las izquierdas mediante la idea de que (los inmigrantes) vienen a robarnos nuestros trabajos, pero también roban a las clases medias acomodadas, pequeños comerciantes que antes votaban a la derecha porque les dicen “cuidado que hay problemas de seguridad”.

Así, juntan una coalición que si lo piensas, obreros y comerciantes en términos de izquierda y derecha son muy distintos. Es decir, un comerciante querrá bajar los impuestos, un obrero querrá subirlos,… Pero ¿Qué es lo que hacen estos partidos? Eso lo obvian, no hablan de ello. Colocan una enorme bandera y con eso consiguen aglutinar una coalición que está en niveles de apoyo en torno al 15-20 por ciento.

Pablo Simón, durante un momento de su charla en Jerez. Foto: MJ Romero

Crean una especie de cortina de humo para que el voto obrero se confunda y crea que la inmigración viene a robarle y se crea el discurso de la extrema derecha…

Es el discurso que ellos emplean, que mediante el chauvinismo nacionalista les permite crecer de manera eficiente a ambos lados.

¿Que esto sea algo que nos tenga que preocupar más o menos? Podríamos hablarlo porque hay una cosa evidente que es que hoy por ejemplo los obreros sobre el total del censo electoral son mucho menos de lo que eran hace 40 años. ¿Por qué? Porque los hijos de los obreros han ido a la universidad y hoy sus hijos son los precarios con carreras que no son sus padres.

Pero es verdad que la extrema derecha ha demostrado que tiene bastante eficacia a la hora de construir esa coalición, al menos en el caso de Europa.

 

Pablo Simón es politólogo y Doctor en Ciencias Políticas por la Universitat Pompeu Fabra. También Ha sido investigador postdoctoral en la Universidad Libre de Bruselas, según figura en su perfil en la web Politikon.esSu principal área de especialización son los sistemas electorales, tanto en sus causas como sus consecuencias, pero también está interesado en los sistemas de partidos, política comparada, la participación política de los jóvenes y dinámicas de competición electoral. Actualmente es profesor visitante en la Universidad Carlos III de Madrid, donde combina su trabajo con actividades divulgativas fuera de la academia.

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