0

Desde el jueves pasado Manuela Vargas, de 45 años, encarna en su persona la lucha de ella y de sus compañeros y compañeras de trabajo en el Hotel Tierras de Jerez, en la esquina de la céntrica plaza de las Angustias, en la localidad gaditana de Jerez de la Frontera.

Este lunes ya acumula cinco días de protesta para reclamar “lo que es suyo”, más de 31.000 euros (la mayor parte correspondiente a su finiquito) que el gerente de Alojamientos Jerezanos le adeuda después de que en junio de este año se extinguiera su relación laboral con este hotel en el que ha trabajado durante más de 15 años. Los problemas comenzaron hace dos, cuando el responsable de Alojamientos Jerezanos se hizo cargo de este hotel y de su plantilla. Aunque con matices. Nada más llegar, en la primera reunión de presentación anunció que sobraba alguien y preguntó “quién quería irse”. Ese alguien acabó siendo una de las recepcionistas, que optó por el despido y su correspondiente finiquito. Este anuncio ya le sonó raro a Manuela, que asegura que era “ilógico” querer irse de un trabajo que tenía fijo desde hacía años. “Ahora lo entiendo porque si no nos vamos, nos van a echar”, se lamenta.

El dueño de esta empresa, con más negocios en Jerez, se hizo cargo de la plantilla y tras el primer mes llegaron los primeros retrasos en el pago de las nóminas. Una situación que ha supuesto un calvario de dos años para la plantilla y para la propia Manuela, quien se sienta frente a la puerta del hotel cada día de 9 de la mañana a once de la noche para tratar de visibilizar su situación actual y reclamar el dinero que se le debe. “Esto es una lucha aunque la gente me vea aquí sentada”, se defiende ante quienes puedan pensar que es otra persona más con una pancarta en la calle. “Esto es morirse. Prefiero trabajar diez horas a estar aquí parada”, confiesa casi al borde de las lágrimas, consciente de que su situación es complicada y dura.

Ella decidió en junio finalizar su relación con esta empresa, “obligada” por las circunstancias. “Te llevas meses mirando todos los días el banco para ver si has cobrado”, relata, asegurando que eso llega a provocar obsesión y cansancio al no saber cuándo va a cobrar la nómina de un trabajo que seguía realizando a pesar de los impagos. “Te cansas y piensas que no estás haciendo nada” y su salida a esa situación fue abandonar su empleo pero no su lucha.

Manuela es el reflejo de muchas otras personas que se encuentran en una situación similar y que -por desgracia- es común ver en la localidad y a las puertas del Ayuntamiento de Jerez. Pero en el caso de Manuela su reclamación no es hacia una administración sino contra un empresario. “No le pido limosna a nadie, sólo lo que es mío y se lo estoy pidiendo a él, al dueño del Hotel Tierras de Jerez”, sentencia.

Su situación, asegura, no tiene visos de llegar a su fin ni mañana ni pasado, ya que el responsable de Alojamientos Jerezanos da la callada por respuesta y no se ha puesto en contacto con ella, ni con los otros empleados a los que les deben varias nóminas. Uno de ellos es Carlos Benítez, recepcionista del Hotel Tierras de Jerez. A él le deben cinco nóminas y muchos días de vacaciones. Según sus cálculos antes de acabar este año 2018 debería librar alrededor de 60 días. “Los descansos es un tema sangrante”, se lamenta Carlos en declaraciones telefónicas a LaFM. Según explica, los cuadrantes del mes no se publican en los plazos estipulados, de hecho, no sabe si el miércoles libra o trabaja. “Y todavía no sabemos si tenemos vacaciones”, añade.

La situación de Carlos respecto al impago de las nóminas es la misma que la del resto de recepcionistas del hotel. Un hecho que se entiende poco al saber que la facturación de este establecimiento ubicado en el centro de Jerez ha aumentado en este 2018 en más de 4.000 euros, según explica. “Así que el hotel no va mal, de reservas estamos incluso un poco mejor que el año pasado”, asegura. Y es que según denuncia por teléfono este trabajador “la intención de este hombre es aburrirnos, como ha hecho con Manuela, echarnos a todos y meter personal que le salga más económico”. De hecho, en las tareas de limpieza de las habitaciones sólo queda una empleada laboral, el resto de personal que entra procede de empresas de trabajo temporal.

Ellos siguen trabajando en el hotel a pesar de estos repetidos impagos y condiciones laborales cuestionables, Manuela, sin embargo, decidió ponerle fin porque no aguantaba más esa situación, aunque asegura que no dejará su puesto frente al hotel “aunque llueva”. “Voy a estar hasta que me pague, aunque eso sean años y aunque de aquí me tenga que ir al hospital. Que en su conciencia se quede lo que me pueda pasar”, sentencia.

Te gustará también

Comments

Comments are closed.