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‘Desenterrando Sad Hill’: La perfecta comunión entre creador y espectador cobra vida en un cementerio

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Valoración: 5 Butacas sobre 5

Belleza, humildad, cercanía, magia, amor, nostalgia, infancia, juego, sueños, cine…son las palabras que vienen a mi mente y a mis entrañas a modo de hipotéticos hashtags tras ver esta emocionante aventura, tan real como los sentimientos que despierta la mayor ficción.

Guillermo de Oliveira de la mano de Zapruder Pictures trae a nuestras pantallas la preciosa y humilde aventura de la Asociación Cultural Sad Hill, un grupo de personas unidas por un objetivo, sencillo de nombrar, pero complejo en su ejecución. Ni más ni menos que restaurar, prácticamente reconstruir, la mítica localización del duelo final de EL BUENO, EL FEO Y EL MALO del genio Sergio Leone a tiempo para el 50 aniversario del film.

El cementerio de Sad Hill, un rincón casi desaparecido entre la maleza en los bellos parajes de Burgos.

Esta sencilla premisa se convierte en el motor que durante un importante periodo de tiempo juntará a cada vez más y más personas capitaneadas por nuestros vaqueros protagonistas (David, Diego, Sergio y Joseba) a la reconstrucción del mítico lugar.

Dicha aventura nos conducirá a la irremediable necesidad de conocer más datos acerca de aquel rodaje y las anécdotas nos llegarán a partes iguales de la mano de los que vivieron dicho momento histórico del cine.

Lo mejor, la falta de distinción de importancia entre los susodichos, cobrando tanto valor la anécdota contada por el mismísimo Ennio Morricone que la contada por un militar español subcontratado en aquella época como extra para el film. Todos son parte fundamental de la historia, todos son leyenda, todos obraron la magia.

Pero aquí no acaba el viaje. Pues el equipo del documental no quiere que nosotros seamos los únicos en la butaca que empaticemos con ese maravilloso fenómeno fan de verdadero y profundo amor por el cine. Guillermo y su equipo sientan frente a la cámara a importantes personalidades del mundo del arte que son tan fans como tú y yo, que comparten su entusiasmo por esta película del mismo modo que nosotros. Hablamos de nombres como Joe Dante o el líder de Metallica James Hetfield. Del director patrio Álex de la Iglesia que ya hizo un ejercicio de amor nostálgico al género parecido en la maravillosa 800 Balas.

Es gracias a este intercambio cuando nos damos cuenta de que el cine, o el arte en sí mismo, es el puente hacia algo más que “pasar el rato”. Es un puente que se nos brinda hacia la espiritualidad, la conexión con otros seres humanos, la creencia en que los sueños son reales y que la vida supera la ficción.

Piedra a piedra que van desenterrando nuestros intrépidos protagonistas, tumba a tumba que van reconstruyendo, lágrima a lágrima por aquel que encuentra una pequeña motivación personal, sea la que sea, nos vamos sumergiendo en un canto a la vida, a las amistades inesperadas, al tesón y a la belleza de lo sencillo.

Nos someten a ese duelo eterno que ha dividido durante la historia del cine a público y crítica, disparando más rápido la historia, que pone a los grandes directores donde se merecen, donde los premios, menciones y coleguismo de profesión no quisieron poner, pero los espectadores han sabido afianzar tras años y años.

Porque cuatro o cinco personas en una mesa midiendo su intelectualidad siempre dejan algo en la puerta de la sala de jurados, el corazón, pero para el espectador esa es la única bala en la recámara, esa y las entrañas. Y donde hoy dije digo, por miedo a no parecer el más listo de la mesa, mañana diré Diego, porque la realidad cae por sí sola.

No sé que preferirán otros, pero si a mí me dicen que un número importante de personas, con sus preocupaciones, sus problemas, sus necesidades y, en definitiva, sus vidas… se han juntado a soñar y luchar por preservar mi historia que se quiten todos los Cannes, los Berlines, los Goyas y los Oscars. ¿Por qué? Porque el mayor de los milagros se habrá producido y no serán vacías e hipócritas palabras de entrevista promocional, será la verdadera constatación de que mi historia ya no me pertenece, les pertenece a ellos. Será cuando el espectador se convierta en parte de la historia, cuando la barrera entre ficción y realidad desaparezca, cuando soñar se convierta en una realidad palpable.

Para eso se inventó el cine. Para vosotros Joseba, Sergio, Diego y David.

Para nosotros que nos vemos reflejados en vuestro amor, vuestro esfuerzo y vuestros sueños cumplidos.

No importa cuál sea tu EL BUENO, EL FEO Y EL MALO, cuál sea tu MEMORY REMAINS o tu GUERNICA… si has amado alguna vez gracias al arte, si has encontrado respuestas a tus preguntas gracias al milagro artístico, no podrás más que emocionarte con esta historia y ponerte a cavar para conseguir tus sueños, sean estos los que sean.

Como dice el propio Hetfield en una de las entrevistas del documental, a veces sólo con decir “gracias”, el autor ya entiende lo que esa persona, ese fan, ese receptor está realmente queriendo transmitir, algo mucho más profundo al agradecimiento, algo que no se puede expresar con palabras.

Por tanto, GRACIAS por esta auténtica obra maestra.

 

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