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‘Acuarela’: Amor ciego

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Valoración: 3´5 Butacas sobre 5

Siempre resulta satisfactorio descubrir un nuevo cineasta, más aún si resulta prometedor. Este 2018, pese a no ser el mejor año de la última década para el cine, me ha dado un par de alegrías en lo que a promesas se refiere. La primera de ellas fue el cineasta francés Garrel con la preciosa Amante por un día y, en esta ocasión, me alegra decir que me he vuelto a encontrar con ello en la Acuarela de Silvio Soldini.

Pese a ser parecidas en cuanto a temas se refiere, la cinta del director italiano nos relata, como si se tratase de un cuento, el romance que surge entre un hombre de cuarenta años que no termina por madurar y una chica ciega.

Estamos ante una película que no es para todo tipo de público, es más, podríamos decir que es para un grupo de espectadores muy reducido, pero ansioso por ver nuevas formas de afrontar el cine, por experimentar un drama humano desde nuevos puntos de vista. Y eso es exactamente lo que ofrece Acuarela.

Acuarela nos habla de forma libre y directa a los espectadores, no únicamente sobre las relaciones románticas, sino sobre las relaciones humanas y cómo las personas nos vamos consumiendo y agotando con el paso del tiempo. Teo es un hombre de mediana edad que no se atreve a madurar, a dar pasos grandes en la vida. Mantiene pocas relaciones con su familia, no se atreve a dar el gran paso de irse a vivir a casa de su novia, se comporta de forma distante con las personas… Hasta que aparece Emma. Ella es una osteópata ciega que ha aprendido a fuerza de las circunstancias a defenderse por sí misma, pero igual de indefensa que su nuevo compañero.

En mitad de la oscuridad, ellos dos se escuchan y, a partir de ese momento, sus vidas quedan enlazadas en una historia sobre la madurez, sobre dos personas adultas que deben aprender a abandonar su juventud y afrontar el compromiso. Soldini nos hace reflexionar sobre las relaciones humanas, sobre cómo se comportan las personas y los acontecimientos que nos hacen evolucionar.

En cuanto a actuaciones, Valeria Golino nos brinda algo que va más allá de lo que creeríamos posible. Resulta increíble cada gesto y movimiento que hace ante la cámara, más aún tratándose de un personaje discapacitado. No obstante, su compañero Adriano Giannini no se queda atrás, ofreciendo un papel más que convincente.

Para terminar, podemos decir que la nueva película del cineasta es una pequeña fábula romántica cargada de realidad. Una película diferente que nos marca y nos deja pensando en ella después de que aparezcan los títulos de crédito. Es un verdadero regalo para aquellos que estén cansados de los mismos moldes y quieran ver una historia tierna y sorprendente.

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