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Valoración: 3´5 Butacas sobre 5

Ante el bullicio de la gran ciudad, el entrar a una sala de cine y desconectar por una centena de minutos del caos que existe fuera, especialmente en fechas navideñas, supone un ejercicio relajante y positivo para cualquiera; pero en el caso de los que decidimos ir a ver Dantza, el último largometraje del director vasco Telmo Esnal, ese efecto de evasión se intensifica todavía más.

Lo primero que nos llama la atención es la manera en la que el director ha decidido contarnos esta historia, pues no median las palabras entre sus protagonistas para comunicarse entre ellos ni con los espectadores. Si bien ya conocemos el cine mudo, no es habitual que el medio de expresión empleado en la gran pantalla sea una coreografía. No se trata de una película sobre la danza, ni un musical, sino que es la danza guiada por la música la que nos cuenta una historia. Una historia humilde, sencilla, sobre las costumbres, entre ellas evidentemente los bailes y las músicas regionales del País Vasco y parte de Navarra.

Cabría plantearse cuáles son los beneficios de presenciar un ballet proyectado en una pantalla de cine frente a la proximidad que un teatro ofrece, pero resulta que nos encontramos ante la unión de dos lenguajes: el cinematográfico y el de la danza, que combinan de una manera casi simbiótica. No se trata de hacer comparaciones si no de apreciar que en la diferencia también podemos encontrar propuestas interesantes y que, como en este caso, se traducen en elementos que aportan un valor añadido. El poder representar una coreografía en unos paisajes como los elegidos en las espectaculares localizaciones que se escogieron para el rodaje, o la posibilidad en cuanto a la elección de los planos que siempre es una ventaja respecto de la visión limitada de un escenario de teatro, son la prueba de ello.

La estética es otro gran protagonista en la película, la fotografía y el vestuario están cuidados hasta el punto en el que también introducen elementos que forman parte de la historia de la relación entre la naturaleza y el ser humano que nos están contando.

Por supuesto, no se puede dejar de apreciar el talento de los bailarines que nos hablan a través de sus cuerpos. Se trata de un elenco que tanto de manera conjunta como entre sus bailarines principales Ainara Ranera, Joseba Astarbe, Gari Otamendi, Amaia Irigoyen o Josu Garate, consigue hablarnos con claridad de temas universales como el amor, la vida o la muerte mediante saltos, balanceos, figuras y todo tipo de movimientos. En este sentido, llama la atención que ninguno de ellos tenga relación con el mundo de la actuación, si bien la interpretación es algo intrínseco a la danza, todos ellos son bailarines que no proceden del mundo del baile.

No se puede afirmar que Dantza vaya a ser la película más taquillera del año, pues es una propuesta diferente y que mentes insensibles y apagadas no tendrán el valor de acercarse a ver. Pero para aquellos que tengan inquietudes artísticas, de todo tipo, es una apuesta segura que cumplirá con sus expectativas y que les transportará a lugares muy alejados de la confusión de tráfico y estrés que les esperan fuera de la sala.

 

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