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‘La Gracia de Lucía’: La (sin)gracia de Lucía

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Valoración: 2´5 Butacas sobre 5

Tras haber pasado por el Festival de Cannes, donde se llevó el premio de mejor film europeo en la sección Quincena de realizadores, llega a nuestras pantallas La gracia de Lucía, la nueva película de Gianni Zanasi, cineasta italiano cuya breve filmografía (en España es prácticamente un desconocido) se encuadra casi por completo en el género cómico.

Ésta no es la excepción. O eso se supone, pues, a pesar de su título, resulta ardua la tarea de encontrarle la gracia a esta cinta que coquetea con dos géneros, la comedia y el drama, y no llega a echar raíces en ninguno de los dos, dejando un conjunto no digamos irregular, más bien regular en su imperturbable sosería. Y es que, lamentablemente, ésta y no otra es la palabra que más se adecua al film que nos atañe. Si buscamos en el DRAE el término sosería, aparecerá la siguiente definición: Falta de viveza, energía o gracia. Precisamente esta última palabra es la que aparece en el título de la película de Zanasi, que nos promete, en un ejercicio de falsa publicidad, algo que nunca da.

 

Por no dar, no nos da ni motivos para poder criticar con escarnio su film, que, si bien no cuenta con una trama de gran interés, tampoco presenta errores de bulto, ni de dirección, que es correcta sin destacar para bien ni para mal, ni de interpretaciones, pues la actriz protagonista, Alba Rohrwacher (Lazzaro felice, Alice Rohrwacher, 2018), epicentro de la historia que se pretende contar, cumple con su cometido. O al menos el que se le presupone, pues el que escribe estas líneas aún no sabe cuál es la intención del cineasta italiano. Tal vez Zanasi crea gracioso que se le aparezca la Virgen María a la protagonista cada dos minutos sin nada que decir. A lo mejor es un servidor el que no ha entendido las reglas de este supuestamente hilarante juego. A lo mejor la gracia está en la escena en la que la Virgen y la protagonista se enzarzan en una pelea por ver quién tira del pelo mejor a su contrincante. O quizá sea que la comicidad que el director italiano quería impregnarle a su obra esté sólo en su cabeza, que es lo más probable.

Sea como sea, un servidor, que reconoce sus virtudes cinematográficas (añádese a lo mencionado una elegante fotografía impropia de las comedias que acaparan las salas) al servicio de la nadería, no puede recomendar, visto lo visto, La gracia de Lucía, pero sí que animaría a los cinéfilos más atrevidos y a los aficionados a la comedia sutil alejada de chistes de brocha gorda a que se acerquen a verla al cine, donde todo es más grande (para bien y para mal). A lo mejor ustedes sí puedan encontrar la gracia de Lucía.

 

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