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‘The Old Man and the Gun’: Despedida a un icono

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Valoración: 4 Butacas sobre 5

Recuerdo a la perfección la primera vez que vi una película de Robert Redford. Era pequeño y, junto a Paul Newman, la pareja protagonista de Dos hombres y un destino se convirtieron en iconos que he guardado en mi memoria y que, sin duda, definen mi pasión por el séptimo arte. Debo agradecer infinitamente a mi madre el ponerme esa película y El golpe, ya que son dos pilares fundamentales en mi vida cinéfila. Poco después me cautivó con El hombre que susurraba a los caballos y en mi vida adulta con Memorias de África. Hoy, desgraciadamente, toca decir adiós no simplemente a un actor, sino a un icono.

The Old Man and the Gun es una despedida por todo lo alto. La película nos narra la historia de un hombre de setenta años que, pese a su avanzada edad, continúa dedicándose a dar golpes a bancos a lo largo de Estados Unidos. Él y sus compañeros han adoptado el robo como forma de vida y, pese a haber sido pillados en numerosas ocasiones, no están dispuestos a dejarlo atrás.

Es imposible ver la película y no sentirse abrumado por la nostalgia y los recuerdos, ya que no sólo se trata de una simple película de atracos, sino de un homenaje al cine de los años 70 en general y a su carrera en particular. David Lowery, director de la magnífica e infravalorada A Ghost Story, da un giro de 180º a lo que hizo en su anterior película, pasando de algo filosófico a lo meramente entretenido y divertido… ¡Y vaya si lo hace bien! Se ha dicho mucho acerca de que Roma es el gran homenaje del 2018, pero esta película, pese a no tener un poso dramático, nos recuerda por qué amamos el cine gracias a una panda de actores carismáticos.

La película recupera un estándar de cine que lamentablemente ya no se hace. Desde la forma en la que está filmada, la música, la ambientación de los 70, los personajes bonachones cargados de carisma… Todo ello funciona para recordarnos todos nuestros tiempos anteriores. Habla sobre la naturaleza de las personas y la aceptación de la misma de forma muy delicada a través de una preciosa relación entre Redford y Sissy Spacek llena de carisma.

Podríamos decir que la película no es la mejor del año, pero tampoco tiene esa intención. Es perfecta en rememorar, fundamentalmente a aquellas personas que crecieron con él, ese amor hacia un icono del cine. Una despedida por todo lo alto, en la que estamos deseando que suene “Raindrops falling on my head”, porque casa a la perfección con la cinta y con lo que nos quiere trasmitir.

Es tierna, bonita, emotiva… Y, cuando termina, nos quedamos con una sonrisa que no se nos irá de la cara en mucho tiempo. La misma sonrisa con la que Forrest Tucker atraca los bancos. Gracias por este final, Redford.

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