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Valoración: 2 Butacas sobre 5

Pocas cosas levantan más sospechas entre los aficionados al terror que esas campañas publicitarias masivas en las que se anuncia que nos encontramos ante “una cinta tan terrorífica que…”. Formas de completar la frase las hay para todos los gustos: que si fue necesario editar escenas porque daban demasiado miedo, que si hubo decenas de deserciones y pérdidas de conocimiento en los primeros pases, etc. Luego se añade un “de los productores de”, y ya está todo listo para que alguien la declare “el Exorcista de nuestra generación”, o “la película más terrorífica de la década”.

Si esta estrategia está demasiado manida como para funcionar, a The Prodigy le pasa lo mismo: es la enésima película de niños malvados o poseídos, con todas las convenciones del subgénero y una estructura tan lineal que uno podría recitar el argumento entero tras los primeros cinco minutos. Y lo peor es que el film podría haber tomado otro camino, haber explorado un horror tan genuino como el de unos padres enfrentados a las consecuencias de lo que están dispuestos a hacer por proteger a su familia. Pero no se atreve. Todo queda en un amago de innovación que hace el resultado final aún más agrio: ya no es que la película esté vista, es que su desenlace ya se hizo. Hace cuarenta años, nada menos. Y luego otras cien veces más.

The Prodigy, en definitiva, no va a aportar absolutamente nada a los fans del género. Quienes no estén familiarizados con sus convenciones o se limiten a ver una o dos películas de miedo al año pueden encontrar la adrenalina que buscan en los jumpscares y subidones de volumen de rigor, pero a los más curtidos es difícil que les pillen desprevenidos. Entre los méritos del film, que no son tantos, alguna decisión estética meritoria y un notable uso de las sombras en varias escenas clave. Pocos argumentos para soportar un ritmo exageradamente lento y una trama floja y previsible.

Recomendable solo para quien disfrute viendo absolutamente todos los estrenos del género o para el espectador (muy) casual. Y no, como guilty pleasure tampoco funciona. Se toma demasiado en serio como para hacerlo.

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