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‘High Flying Bird’: El mate fallido de Netflix

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Valoración: 2 Butacas sobre 5

Lo he dicho en otras ocasiones y lo repito: Netflix se está haciendo con el mercado. Si ya a finales del año pasado estrenó Roma y La Balada de Buster Scruggs, dos de las películas que más ruido han hecho en todo 2018 -especialmente la primera-, ha arrancado con fuerza en 2019, ofreciéndonos los nuevos proyectos de dos directores muy preciados dentro de la industria estadounidense: Dan Gilroy (Nightcrawler) y Steven Soderbergh (Logan Lucky).

Pese a que es un director más que competente a la hora de elaborar sus proyectos, habiendo obtenido el logro de dirigir una película anual sin bajar excesivamente la calidad de sus filmes, la mayoría le conocemos por ser la persona que nos regaló esa pequeña pieza de entretenimiento maravillosa llamada Ocean’s Eleven, gracias a la cual muchos crecimos con el amor hacia las grandes películas de robos y atracos. Pero en su nueva película todo cambia, y no estoy hablando exclusivamente de género y personajes. Es más, en mi caso, y probablemente en muchos otros, me interesan más las circunstancias en las que se ha elaborado la película que el propio metraje. Esto se debe a que ha sido grabada en apenas dos semanas y con un iPhone. Ya se ha demostrado en varias ocasiones que se puede hacer cine con móviles, como lo hizo Sean Baker en Tangerine o el propio Soderbergh en su anterior película, pero no deja de ser fascinante la forma que tienen de desenvolverse con instrumentos tan pequeños, sobre todo a la hora de realizar travellings y otros movimientos de cámara, como ocurre en varias ocasiones a lo largo de la cinta.

La película narra la relación entre un agente deportivo y un jugador de basket durante un periodo de lock out (huelga) deportivo. Todo esto sirve como planteamiento para dar pie a una crítica al mundo de la NBA, dirigido por blancos y sin embargo integrado en su mayoría por jugadores negros y al de las redes sociales.

Al hablar de películas deportivas es imposible dejar de pensar en grades obras maestras como Million Dollar Baby, Rocky, Rush, Warrior, El luchador… Pero desgraciadamente la película de Soderberg no le llega ni a la suela de los zapatos a ninguna de ellas. Todas las anteriormente mencionadas son más que simples películas deportivas, tienen grandes personajes con buenas historias que contar, pero High Flying Bird se queda a años luz tanto en su planteamiento como en su desarrollo dramático. He leído verdaderos elogios hacia la película, especialmente su guion y su protagonista, pero lamentablemente mi opinión es completamente opuesta. Es cierto, y uno de los pocos puntos a favor, que la película se desenvuelve de forma ágil, pero esto se basa en un bombardeo constante de diálogos que no acaban de funcionar, y lo que es peor, logran aburrir. Es una película que se hace larga pese a su corta duración, la cual no puede salvar ninguno de sus personajes, ya que, pese a que los actores estén correctos, ninguno de ellos nos llega a calar hondo.

Lamentablemente el nuevo trabajo de Steven Soderbergh resulta decepcionante, resultando pesado en su mayor parte del metraje, de la cual se podría salvar exclusivamente las escenas en la cancha, que ocupan unos cinco o diez minutos del total. El experimento del director de realizar una película de baloncesto desde el punto de vista interno es posible que entusiasme a los mas acérrimos al deporte, pero probablemente no consiga ese efecto con el espectador casual. Es una lástima que se haya estancado, pero esperamos que, en su próxima película, que también será distribuida por Netflix este año, tenga más suerte.

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