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Embrujada de amor

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El amor es como la vida, un ciclo que viene y va. Nos impregna, nos quita, pero aporta. Es la magia, son los celos, las penas y alegrías, un hechizo que vuelve feliz y terco al ser humano.

Israel Galván fue la hechizada. La mujer amada, despechada y enamorada. Un ejemplo de representación artística en todo su esplendor. Caracterizada como tal, su magia no se quedó solamente en un trabajo corporal, sino en una metáfora a través de su la expresión de sus gestos, su locura y pasión.

Fotografía: Javier Fergó-Festival de Jerez

La representación de El Amor Brujo ofrecido por el bailaor fue la apuesta con la que concluyó la XXIII edición del Festival de Jerez. Un espectáculo íntimo de alegorías y sueños, pero con el dramatismo de la realidad. La vida de una mujer que sintió el placer de ser amada, pero a la vez la frustración de que su amor fue una lucha constante para ser libre, para ser feliz.

La obra magistral de Manuel de Falla llevada a cabo por el bailaor fue innovadora. Quizás aquellos que esperasen algo más clásico se llevaran una decepción, pero Israel Galván siempre sorprende, y lo hizo con un espectáculo mordaz, que devolvía al ser humano a un viaje de virtudes y fracasos.

Fotografía: Javier Fergó-Festival de Jerez

Alejandro Rojas-Marcos tocó el piano como el niño que acaricia el pelo de una madre. Cada nota, instante fue representando por el bailaor a través de sus sensaciones sentado en una silla, en la que sus gestos y expresión corporal lo decían todo. Estoy hechizada de amor. Complementando ese amor aparecía la voz de David Lagos, realizando un laborioso trabajo, nada fácil, ya que cantar por momentos en octavas, no es algo que pueda hacer cualquier cantaor. Sin duda es de alabar la puesta técnica de la escena en la que las cuerdas vocales de Lagos, sonaban como aquellos tiempos de antaño, en los que la pureza inundaba las ondas radiofónicas de los aparatos de los hogares españoles.

Música, danza y amor, tres elementos esenciales que Israel Galván llevó a cabo en una noche que no dejó indiferente a nadie. Y es que el amor y la vida, al final son como los chispazos que Galván acariciaba al final de un espectáculo en lo que todo gira, como una noria de sueños de amor.

 

 

 

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