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‘Mirai, mi hermana pequeña’: El maestro ha vuelto

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Valoración: 5 Butacas sobre 5

Sí, señores. El maestro Mamoru Hosoda ha vuelto.  Ha vuelto a crear una obra maestra de la animación. El director de El niño y la bestia o Summer wars ha dejado para la posteridad una película emotiva, emocional y emocionante que no necesita valerse de escenas trágicas para hacer llorar al espectador, pues lo que irradia este anime llamado Mirai, mi hermana pequeña (Mirai no Mirai, 2018) es felicidad; felicidad pura, mágica y cotidiana. Y es ésta cotidianidad, el día a día de una familia que recibe en su vida el nacimiento de un nuevo miembro (la pequeña Mirai), lo que caracteriza y diferencia esta cinta de otras obras niponas que llegan a nuestras salas y que tienen la acción y la fantasía sobrenatural como máximos reclamos. Aquí, el drama, la comedia y la fantasía se dan la mano de manera totalmente armónica para narrarnos algo tan común como el sentimiento de celos e impotencia de un niño pequeño (Kun) al ver que la mayor parte de la atención de sus progenitores recae sobre su hermana recién nacida. Para ello, Hosoda ha tenido la inteligencia de construir una figura de múltiples prismas, pues, además de la perspectiva del niño, protagonista del film, también veremos diversas escenas que harán nacer la empatía en aquellos espectadores que tengan hijos, pues a lo largo del largometraje vemos lo difícil que es ser padre/madre y compaginar vida laboral y vida familiar.

Así pues, Hosoda nos regala una obra multigeneracional, ya que sus diversas capas y su combinación de géneros hará disfrutar tanto al infante que vaya al cine a disfrutar de una película de animación con elementos fantásticos como al adulto que se sentirá identificado con alguno de los variados personajes que se nos presenta. Con este fin, además de dejarnos las escenas paternales que ya hemos mencionado, el director de Digimon: la película mezcla la realidad y la imaginación del niño protagonista, mostrando a lo largo del film elementos propios del cine fantástico tales como viajes temporales, lo que nos recordará a otros trabajos del cineasta japonés como La chica que saltaba a través del tiempo, o animales antropomórficos que nos retrotraerán a películas como la magnífica Los niños lobo. Todo esto aliñado con flashbacks y viajes al pasado por parte de Kun que supondrán para el impúber un viaje espiritual que le hará cambiar su modo de ver la vida para siempre y que confieren al conjunto una pluridimensionalidad que convierte al film, minuto a minuto, en la obra maestra que es. El final, que nos deja un poderío visual pocas veces visto en una película de animación, sólo hace ratificar la inmensa calidad de esta película cuyos cuidados detalles, fascinante imaginería e inteligentes diálogos erigen a Mirai, mi hermana pequeña como una de las mejores películas de animación del presente siglo.

 

 

 

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