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‘Justo Antes de Cristo’: carcajadas a la romana

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Valoración: 4´5 Butacas sobre 5

Las series y películas sobre romanos no son algo nuevo, ni tampoco su éxito entre el público. Gladiator (2000) demostró que su ambientación no dejaba indiferente a nadie y pocos años después Roma (HBO) subrayó las posibilidades de una civilización mucho más rica y profunda de lo que normalmente se cree. Justo antes de Cristo nos devuelve a los días de las orgullosas legiones, las grandes ambiciones y las conquistas, pero en género de comedia, que no todo tienen que ser lágrimas. Los hijos del Tíber también disfrutaban del gran poder de la risa para relajarse y ver las cosas con otra perspectiva. Ya se sabe que con el humor se pueden decir cosas muy serias.

El planteamiento de la serie sitúa a uno de los protagonistas, Manio Sempronio Galba (Julián López), ante un dilema: suicidarse o servir en el ejército. Optando por la segunda opción llega un mundo completamente ajeno a lo que había sido su ociosa y segura vida de patricio adinerado. A su falta de experiencia vital se suma un elenco de personajes que no tienen desperdicio y que tienen en común su imposibilidad de alcanzar sus respectivas metas. Así, la inteligente Valeria (Cecilia Freire) no puede desarrollar su ambición por ser mujer mientras que su padre, Cneo Valerio (César Sarachu), tiene que dirigir una legión cuando lo que desea es cuidar de su huerto. El pobre tribuno Gabinio (Manolo Solo) ha perdido a su esposa, a su hijo y su casa, además de no poder destacar en el campo de batalla ante la indecisión de Valerio. Incluso el pobre Agorastocles, esclavo de Manio desde niño, contempla un futuro gris y deprimente por la pasividad de su amo. Esta relación recuerda ligeramente a la de Jeeves y Wooster, personajes creados por Wodehouse, donde el primero (el mayordomo) demostraba sus superiores capacidades sacando a su señorito de todos los entuertos. No obstante, Agorastocles no es perfecto y tiene sus propias aspiraciones, sobre todo ahora que está en una tierra que para él va a ser de enorme importancia.

El desarrollo del guion no busca la parodia simplona ni la burla descarada, colocando a un patricio neurótico del siglo I a. C. en una situación que le supera pero a la que trata de adaptarse. Si Manio fuese hipocondríaco sería como un Woody Allen con toga. Los personajes secundarios, muy numerosos, enriquecen la trama y le dan unas enormes posibilidades a la serie para desarrollar nuevas historias.

                Si nos fijamos en la parte técnica la fidelidad histórica es muy superior a la que han tenido producciones dramáticas como Hispania, la layenda (2010-2012) y su continuación Imperium (2012). Las armaduras, los escudos, las tiendas, las ropas civiles y otros elementos han sido muy cuidados para sumergir al espectador en un mundo tan fascinante como divertido. ¡Roma victoriosa!, que decía el personaje de Russell Crowe, pero esta vez con mucho humor.

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