Tribunas de opinión

Cubata de brandy

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Hace unos días terminé la realización del Camino de Santiago. Digo esto no porque le interese mi vida personal a las millones de personas que suelen leer mis artículos, sino para ponerlos en situación.

En este tipo de viajes se interacciona con personas de diversos lugares. En mi caso estuve echando el tiempo con gente maja de Murcia, Baleares o Castilla-La Mancha. Y aparte de caminar, contemplar magníficos paisajes y monumentos, también hay tiempo para el relax y, creo recordar que tres tardes me pedí un cubatilla (ya lo dijo Dios, no solo de pan vive el hombre).

Cada uno iba pidiendo su consumición (gintonics, ron o whisky cola…) y yo elegí para mí un brandy con limón porque me gusta (es ideal para a los que no les gusta el whisky y el ron les parece excesivamente empalagoso) y porqué no decirlo, también con un puntito de intención de promocionar “lo nuestro”.

Si el trago hubiera sido aguarrás con jarabe para la tos hubiera provocado la misma sorpresa. Todos mis compañeros de mesa -de distintas procedencias como antes indiqué (algunos de ellos incluso eran “m aîtres”)- y los camareros de los distintos establecimientos gallegos, no es que nunca hubieran probado dicha bebida espirituosa en copa larga, sino que nunca lo habían visto pedir.

Pero es algo que no solo sucede solo fuera del marco de Jerez. En nuestra tierra pasa exactamente lo mismo.

No se ha podido ni querido promocionar lo suficiente esta mezcla por aquello del prestigio o vaya a saber usted porqué, y muchas personas aficionadas a “empinar el codo” ni se han planteado nunca el hecho de probarlo.

¿El prestigio? Pregúntenle a los dueños de las whiskerías escocesas si les molesta que la gente le eche refresco a sus bebidas, posiblemente digan con pena que sí, mientras se secan las lágrimas con un billetazo. Es cierto que mezclar determinadas marcas con un refresco pueda resultar un sacrilegio, pero también es verdad que tenemos otras más de “batalleo” que sin ánimo de menosprecio, pueden ligarse perfectamente sin remordimiento alguno.

Por ejemplo el famoso rebujito, otra bebida en principio extravagante que pilló en fuera de juego a muchos de los señores que se tendrían que dedicar a estas cosas, y solo su extrema popularidad hizo que se tirara hacia delante.

Las renovaciones no pueden estar basadas en cambiar cada mil años el tipo de vaso en el que se sirven las bebidas. En esto parece que al menos en el corto plazo, seguiremos en las mismas.

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