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‘Quiero Comerme tu Páncreas’: Amor Más Allá De La Vida y La Muerte

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Valoración: 4 Butacas sobre 5

Después de haber dirigido algunos capítulos de los animes Death Parade o One-Punch Man, el cineasta japonés Shin’ichirô Ushijima da el salto a la gran pantalla con Quiero comerme tu páncreas, un drama romántico con tintes de comedia que amplía la cada vez más abundante oferta de animación nipona en nuestro país.

Aquí, en una cinta de animación tradicional (como acostumbran hacer, afortunadamente, los japoneses) cuyo dibujo sigue la línea de recientes éxitos como Mirai, mi hermana pequeña (Mirai no Mirai, Mamoru Hosoda, 2018) o Your name (Kimi no na wa, Makoto Shinkai, 2016), Ushijima nos propone un juego de polos opuestos donde dos adolescentes, cuya amistad se va forjando lentamente, presentan personalidades muy dispares. Él: tímido, apocado e inseguro; ella: extrovertida, perseverante y atrevida. Ambos, en sus diferencias, se complementan a la perfección, conformando así un relato de tiras y aflojas que nos deja múltiples escenas hilarantes, lo que supone un acierto a la hora de mixturizar géneros. Es de agradecer que en un drama como éste, donde tenemos la enfermedad terminal de la chica protagonista como vehículo de la trama, no escaseen los diálogos simpáticos y una gran multitud de pasajes salpicados por la amabilidad y la comicidad que ofrecen los personajes y situaciones que encontramos en este anime.

Otro de los aciertos de esta película de animación es el guion, sustentado en los diálogos y las relaciones interpersonales de unos personajes bien construidos. A pesar de contar con un plot twist final susceptible de la crítica de los espectadores más ortodoxos, la historia de Quiero comerme tu páncreas huye de todo convencionalismo, desde un inicio que nos muestra el desenlace y que deja claro que lo importante no es cómo termina la historia sino el viaje emocional por el que pasan los personajes hasta un emotivo final que hará que más de uno saque el pañuelo a relucir, pasando por un desarrollo que deja un relato que, a pesar de recordarnos a cintas como Noviembre dulce (Sweet November, Pat O’Connor, 2001), se aleja de los tópicos del género romántico dejando para la posteridad un cuento de amistad, un relato de amor que va más allá de la vida y la muerte.

Para finalizar no me queda otra opción que recomendar Quiero comerme tu páncreas al fan del anime, sobre todo al fan de los animes más dramáticos, y al espectador que, aun no siendo asiduo a las cintas de animación, quiera emocionarse con una historia donde el amor y la amistad van golpeando la puerta poco a poco hasta romperla.

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