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‘Gracias a Dios’: Las cloacas de la Iglesia

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Valoración: 4 Butacas sobre 5

Los abusos sexuales a menores ocasionados por miembros del clero católico han provocado una gran polémica desde que empezaron a salir a la luz hace algunas décadas. Incluso con la confirmación, o al menos condena, de algunos sospechosos hay quienes han querido ver en todo ello una triste y crónica realidad para las víctimas y una incómoda verdad para la Iglesia. Es fácil usar estos hechos y esgrimir estadísticas para atacar a esta institución, cayendo en un maniqueísmo de buenos contra malos, pero no es el caso de la película. La profunda crítica que subyace en la cinta parece dirigirse hacia la manera que tuvieron ciertos miembros de las altas jerarquías de abordar este problema, en ocasiones ocultando los hechos y casi tratando de disculpar a los culpables. El mismo nombre de la película recoge una “desafortunada” expresión que empleó el cardenal de Lyon, Philippe Barbarin, para referirse a que los hechos habían prescrito en una rueda de prensa en 2016 que se hizo célebre en toda Francia.

El director, François Ozon (Francia, 1967), conocido por tratar temas profundos y complejos con una gran sensibilidad, como se pudo ver en su Joven y bonita (2013), presenta un caso real de presuntos abusos sexuales por parte de un sacerdote francés, Bernard Preynat, a decenas o incluso cientos de niños durante años. Algo que puede resultar refrescante para el espectador es el hecho de que el hilo conductor no se ve a través de los ojos de un único protagonista, siendo tres personajes (Alexandre, François y Emmanuel) los que soportan el mayor peso de la trama. A pesar de ello el reparto incluye una apreciable cantidad de secundarios que aportan sus propias vivencias y visiones sobre un tema tan trágico. Otro aspecto destacable es la descripción de distintas opiniones acerca de los abusos y la responsabilidad de los culpables. Para Alexandre (Melvil Poupaud), hombre profundamente católico, su drama no le hace perder la fe en la Iglesia, mientras que para François (Denis Ménochet) es un motivo para rechazarla, declarándose ateo.

Al contrario que en otras producciones, sobre todo estadounidenses, en las que prima el desarrollo del proceso judicial, aquí son las vidas de los protagonistas las que interesan a Ozon. Asistimos a la lucha por la justicia y por recuperar una existencia normal narrada con mucha sensibilidad, desde diferentes ángulos y sin recurrir a efectismos. Aunque no es agradable el tema o los recuerdos de las víctimas, las escenas no incluyen nada explícito, insinuando los actos sexuales pero sin mostrar ninguno. El film se podría definir como el retrato de una realidad silenciada que desborda el tema religioso y se adentra en el de la moral.

 

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