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‘El Sol También es una Estrella’: El mismo amor, la misma estrella

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Valoración: 3 Butacas sobre 5

Convertido en uno de los subgéneros más rentables del Hollywood reciente, las dramedias románticas adolescentes basadas en exitosos best-sellers han proliferado durante la última década, impulsadas por legiones de fans repletos de hormonas efervescentes. Aunque el epítome fue probablemente la dramatiquísima Bajo la misma estrella, cinta que impulsó a Shailene Woodley y descubrió a Ansel Elgort, los mejores ejemplos se han apartado de los códigos más habituales de estos filmes para apostar por un tono más adulto (Las ventajas de ser un marginado) o más desenfadado (Con amor, Simon). No es el caso de El sol también es una estrella. Una película que cumple con todos los parámetros que de ella se esperaría en el peor sentido, pero que atesora algunas cualidades que evitan que estemos ante un ejemplo especialmente lamentable del subgénero.

Basada en una exitosa novela de Nicola Yoon, El sol también es una estrella es la historia del día en el que Natasha y Daniel se conocen. Lo hacen en medio de una situación complicada. Él espera una importante entrevista de un trabajo, aunque ello suponga abandonar su sueño de ser poeta. Ella está haciendo todo lo posible e imposible por evitar ser deportada a Jamaica junto a su familia.

 

Este planteamiento da como resultado un relato algo atropellado sobre el nacimiento del amor en medio de los contratiempos, y sobre el poder del destino. Unos temas demasiado manidos sobre los que la cinta no es capaz de aportar demasiado, más allá de unas buenas dosis de cursilería y poesía barata. Todo ello se ve trasladado a una puesta en escena demasiado publicitaria y artificial, sacada de un anuncio del último móvil inteligente lanzado al mercado. Por no hablar del impostado americanismo que denota todo el filme, por mucho que aparezca camuflado bajo la celebración de lo diferente (ella es de origen jamaicano, él procede de Corea del Sur).

Entonces, ¿por qué no estamos ante una película desastrosa? Los principales motivos son la pareja protagonista. Charles Melton (Riverdale) y, sobre todo, Yara Shahidi, fabrican ellos solos una química inexistente en un libreto original marcado por la artificiosidad. Ambos derrochan belleza y encanto, aunque es Shahidi la que logra transmitir mayor verdad a su personaje. No hay mucho que decir del resto del reparto, en el que sobresale John Leguizamo como abogado de buen corazón.

 

El otro gran pilar de El sol también es una estrella parece proceder directamente de la obra original. Pese al poco orgánico desarrollo de la relación, hay ciertos momentos en los que surge una emoción genuina. Uno de ellos, quizá el único cuyo mérito es atribuible también a la directora Ry Russo-Young, es una escena de karaoke en la que los dos jóvenes confirman definitivamente lo que sienten a través de un plano-contraplano en el que tanto ambos rostros traspasan la pantalla. Sin embargo, pronto la película abraza de nuevo el exceso y una cierta toxicidad al mostrar los planes de futuro que el personaje de Shahidi ya ha desarrollado en su mente.

En conclusión, El sol también es una estrella es un esfuerzo poco memorable por continuar un subgénero que no suele ser especialmente estimulante, sobre todo si como aquí ocurre apenas hay sorpresas alentadoras. El encanto de su pareja protagonista y la capacidad para conmover que se intuye procedente del material original evitan que sea una película especialmente molesta. Una estrella no demasiado brillante cuya luz se apaga en cuanto se encienden las de la sala de cine.

 

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