‘La Espera’: la soledad en el desierto del alma

‘La Espera’ es la nueva película del director andaluz F. Javier Gutiérrez en su regreso al cine español. Gutiérrez debutó con la aclamada ‘3 Días’ (2008) que le abrió las puertas de Hollywood que es dónde está radicado el director cordobés. Después de terminar ‘Rings’ , película secuela de la saga de terror,  al director le apetecía volver al cine español y regresa a su tierra.

En ‘La Espera’ vuelve a contar con el actor Víctor Clavijo quien encarna a Eladio un hombre que vive con su mujer y su hijo en la sierra andaluza y que trabaja como guarda en una finca. Durante una montería Eladio acepta un soborno a regañadientes que desencadena una serie desgracias en su vida.

La película se toma su tiempo en disponer la trama y nos va metiendo en el día a día de Eladio y su familia en la solitaria sierra andaluza. El calor, el polvo, la suciedad y la sensación de asfixia en la que viven traspasan la pantalla. La película tiene una ambientación que la conecta directamente a ‘3 Días’, así como también a ‘La Caza’ de Carlos Saura y tiene cierta crítica social que puede recordar a ‘Los Santos Inocentes’ de Mario Camus al mostrar el retrato de la vida de pobreza, así como las relaciones de poder en las que se ve envuelto el protagonista. La película es inclasificable porque por momentos parece un western rural andaluz por la ambientación, pero también podría ser un drama, un thriller o una película de terror fantástico debido a la mezcla de géneros.

El elenco de la película, Pedro Casablanc, Ruth Díaz, Manel Morón o Luis Callejo entre otros están muy bien en su conjunto algo complicado ya que apenas se dibujan algunas pinceladas de los personajes de reparto para mantener cierto misterio en torno a ellos y a la trama. En cambio, Víctor Clavijo realiza una interpretación espléndida por la que debería recibir nominaciones y premios. El actor algecireño carga con todo el peso de la película sobre sus hombros y se transforma cambiando su voz, su acento, la forma de caminar y hasta su físico. Su Eladio pasa por todos los estados mentales posibles conforme avanza la película hasta llegar a ese final tan macabro como terrorífico.

‘Historia de un Vecindario’: Una oportunidad única para descubrir o redescubrir a Ozu

4 Butacas de 5

Kenji Mizoguchi, Akia Kurosawa y Yasujirô Ozu son los tres padres fundadores que sentaron las bases del cine clásico japonés. Aprovechando que el doce de diciembre de este año fue el 120 cumpleaños del nacimiento de Ozu, A Contracorriente nos trae a siete selectas salas la restauración en 4k de ‘Historia de un Vecindario’ (1947), una de sus obras más representativas de un prolífico cineasta que dirigió más de 50 película. Este es el primer filme que rodó después de la segunda guerra mundial.  Del triunvirato que he mencionada anteriormente, Ozu destacaba por tener una visión moderna y costumbrista. Él fue un adelantado a su época y es uno de las personas más influyentes en la creación del “slow cinema”. No en balde, es uno de los referentes de grandes autores como Wong Kar-wai, Jim Jarmusch, Abbas Kiarostami o Aki Kaurismäki. Su cine conectaba mucho con las vertientes neorrealistas que surgían en Europa. Mientras Japón abrazaba su mitología clásica y las leyendas medievales del pasado, Ozu optó por centrarse en la vida del ciudadano del presente.

La trama de esta película se centra en la historia de un niño huérfano que es acogido por una viuda. Esta relación surgida de la desgracia es el pretexto para desarrollar una historia donde se abordan varios temas como el sentimiento de pertenencia a la familia, la esperanza o la bondad del ser humano, ‘Historia de un Vecindario’ es una meticulosa radiografía alegórica del momento en el que estaba naciendo un nuevo Japón, surgido de las ruinas de la guerra y la destrucción. Todo esto se nos cuenta en un tono ligero y distendido.

Este cineasta poseía un estilo genuino a la hora de abordar el género de la dramedia. Ozu lograba encontrar el costumbrismo más puro a través de planos de escala abierta y de larga duración. Esto le permitía generar un ritmo interno único acompañado de un montaje pausado y meticuloso donde, poco a poco, derrumbaba la barrera de lo ficticio para aflorar un realismo genuino. Es difícil encontrarse con un director que mire con tanta pureza a sus personajes, sin emitir ningún tipo de juicio moral y con una empatía abrumadora.

Es admirable ver estas nuevas iniciativas que no se conforman solo con restaurar obras clásicas en formato físico y que luchan por proyectarlas en la gran pantalla. Existe un porcentaje altísimo de personas que nunca hemos podido presenciar en las mejores condiciones algunas de las mayores joyas que ha dado el séptimo arte, y esto es un gran aliciente para descubrirnos nuevos horizontes. Por eso, siempre tenemos que estar agradecidos a todas las iniciativas que apuesten por rescatar y preservar la historia del medio, ya sean distribuidoras, Filmotecas o cines con una programación alternativa.