Gerardo Herrero rueda ‘RAQA’, thriller de espías con Álvaro Morte y Mina El Hammani

Álvaro Morte, Gerardo Herrero y Mina El Hammani                     Foto: Miguel Goñi

Nos alegra anunciar el rodaje de RAQA, película dirigida por Gerardo Herrero, un thriller de espías que nos adentra en el corazón del Estado Islámico y en las tinieblas de la Yihad.

Está protagonizada por Álvaro Morte (La casa de papel; Después de la tormenta) y Mina El Hammani(Élite, Operación Marea Negra; Historias para no dormir). Abdelatif Hwidar (ganador del Goya 2008 al mejor cortometraje por Salvador, historia de un milagro cotidiano), Cristina Kovani (serie La Caza), Ben Temple (Llegaron de noche), Déborah François(El niño) y Juan Carlos Vellido (Bajo Terapia), entre otros, completan el reparto.

El guion lo firma Irene Zoe Alameda y está basado en la novela “Vírgenes y verdugos” de Tomás Bárbulo, uno de los escritores que mejor conoce el mundo árabe.

El rodaje se está llevando a cabo durante 35 días en Casablanca y Marrakech (Marruecos) y ya en España, en el desierto de las Bárdenas Reales, en Tafalla y en otras localizaciones de Navarra.

Álvaro Morte en una escena de rodaje en Marruecos                     Foto: Abdelali Debbagh

Sinopsis
2014. En las peligrosas calles de Raqa, el espía internacional, Haibala (alias El Saharaui), intenta dar caza a El Jordano, uno de los jefes del ISIS más buscados del momento. No es el único infiltrado en Siria. Malika, una enfermera de Ceuta al servicio de la Europol, ha llegado a Raqa con el mismo propósito. En un escenario marcado por las ejecuciones sumarias, la esclavitud de las mujeres y los bombardeos, Haibala y Malika intentarán cada uno por su lado cumplir con su misión: localizar y entregar al cabecilla de la organización fundamentalista y precipitar la caída del ISIS.

“Película de espías, con thriller y retrato social de fondo, Raqa nos muestra la vida en una ciudad dominada por uno de los grupos terroristas más crueles de la historia. Los dos protagonistas tienen la misma misión pero para distintos servicios secretos: localizar y marcar al jefe militar del ISIS. Viviendo en el filo de la navaja y sin poder cometer ningún error. La tensión y el miedo se palpan en cada acción de nuestros protagonistas”, nos cuenta Gerardo Herrero. 

Raqa es una producción de Tornasol Media y Malika y el Saharaui A.I.E en coproducción con Angle Production (Marruecos) que cuenta con la participación de RTVE y Prime Video. La película será distribuida en España por DeAPlaneta. Tras su paso por salas, la película estará disponible en Prime Video.

GERARDO HERRERO
Desde que fundó Tornasol en 1987, Gerardo Herrero ha producido más de 175 largometrajes de ficción y varios documentales y series para televisión.

Como director tiene en su haber una veintena de títulos. Destacan entre ellos Las razones de mis amigos, que ganó el premio especial del jurado en la Semana Internacional de Cine de Valladolid. También El misterio Galíndez, seleccionada para los festivales de San Sebastián y Toronto, Territorio Comanche que participó en el Festival de Berlín,   Los aires difíciles, ganadora de la Biznaga de Oro a la Mejor Película en el Festival de Málaga y Heroína, por la que recibió el premio al mejor director en el Festival de Málaga. La más reciente es Bajo terapia, que recibió la Biznaga de plata premio especial del jurado en el Festival de cine de Málaga 2023. 

Como productor, ha realizado Los crímenes de Oxford y Balada Triste de Trompeta, de Alex de la Iglesia; Martín Hache y Lugares Comunes de Adolfo Aristarain; las películas de Juan José Campanella El hijo de la novia y El secreto de sus ojos, ésta última galardonada con un OSCAR a la Mejor película extranjera; El viento que agita la cebada y Tierra y Libertad, de Ken Loach (Palma de oro en el festival de Cannes) y Que Dios nos perdone y  El Reino, de Rodrigo Sorogoyen (ambas galardonadas con varios premios Goya).

‘El Viejo Roble’: ¡Una pinta de Guinness y un drama social!

4 Butacas de 5

Siendo simplistas, se puede decir que la carrera de Ken Loach se centra en historias con una carga social significativa, enfocándose en problemáticas a cualquier escala. Parece que el cineasta británico trastoca el status quo de su país de una manera muy sencilla, conectando con el público a través de personajes de carne y hueso. Loach siempre se enfoca en un sólido trabajo de guion, que materializa con una puesta en escena en la que no dedica ni un solo plano a su lucimiento personal, sino que siempre piensa en el público para que su película trascienda la pantalla y llegue de la manera más adecuada al espectador.

En este caso, su última película, «El viejo Roble», cumple con todas estas características. Tal vez se podría decir que el director se repite, pero me parece más interesante llamarlo una exploración desde diferentes perspectivas. Es un análisis detallado de una sociedad y unos personajes de una forma tan naturalista que hasta parece fácil. Sin embargo, esto puede llevar al engaño, por supuesto. No es casualidad que haya ganado la Palma en Cannes dos veces. A pesar de ello, Ken Loach no goza de la misma atención mediática que otros como Tarantino o Almodóvar, pero se posiciona entre los realizadores más relevantes del cine contemporáneo.

TJ Ballantyne (interpretado por un soberbio Dave Turner) es el propietario del decadente pub que da título a la película. Situado en el noroeste de Inglaterra, rápidamente podemos observar cómo la zona en la que se mueven los personajes vivió tiempos mejores. En el pasado, era un pueblo eminentemente minero que, tras su cierre, vio cómo la vida de muchas familias quedó truncada, casi convirtiéndose en barrios marginales a los que los ayuntamientos enviaron a las personas menos favorecidas. De esta manera, se genera una crispación generalizada entre los vecinos, quienes ven cómo los locales de toda la vida cierran, la vida se vuelve más cara y todo está lleno de inmigrantes. Les suena de algo, verdad?

La historia arranca con el bueno de TJ entablando amistad con unos refugiados sirios (tema muy actual), lo que provoca que los escasos clientes del pub se vuelquen contra el barman, convirtiéndolo en el hazmerreír del pueblo. A pesar de las adversidades, TJ no se rinde en su determinación de ayudar a quienes lo necesitan, transformando su monótona vida en algo más, cuando se le presenta la oportunidad de brindar apoyo a aquellos que recientemente han llegado huyendo de la guerra.

Lo fascinante no radica solo en empatizar con el personaje principal (algo sencillo porque tiene hasta un perrito), sino en reconocer que cada uno de los vecinos tiene argumentos válidos para protestar por la situación de marginación generada por una administración incapaz de resolver los problemas económicos y sociales de la zona.

En resumidas cuentas, un resultado maravilloso, quizás la película más luminosa del realizador. Juega sus cartas con la maestría habitual y sigue un ritmo que se distancia de los estándares de Hollywood, pero nunca pierde la atención. Ahora, cada vez que visito un pub, no puedo evitar recordar «El viejo Roble». ¡Una pinta de Guinness por él!