Ya está disponible el primer avance de la cuarta entrega de la célebre y exitosa saga de acción protagonizada por algunas de las estrellas de Hollywood más importantes del momento como Sylvester Stallone (Rocky, Rambo), Jason Statham (Fast & Furious, Megalodón) o Dolph Lundgren (Aquaman y Creed II: La leyenda de Rocky).
Completan el reparto de esta nueva aventura llena de adrenalina Megan Fox (Transformers, Jennifer´s Body), el famoso rapero 50 Cent, que ya protagonizó su autobiografía Get rich or die tryin, Andy García(Ocean’s Eleven: Hagan juego, El Padrino: Parte III, La ciudad perdida)o Tony Jaa, uno de los especialistas en artes marciales más importantes de la industria.
LOS MERCEN4RIOS llegará a los cines españoles el próximo 22 de septiembre de 2023 de la mano de Vértice 360.
SINOPSIS
El veterano mercenario Barney “Esquizo” Ross (Sylvester Stallone) y su equipo de estrellas, formado por los hombres más duros (Jason Statham, Dolph Lundgren, 50 Cent…), afrontan un nuevo desafío, en una trama cargada de acción. Para superarlo y salir airosos, deberán recurrir a su ingenio, experiencia y a la fuerza bruta que los caracteriza.
Stallone, referente y cabecilla de la saga, ha anunciado ya que la cuarta entrega será su última participación como “Mercenario”, ya que le cederá el relevo a su fiel compañero de aventuras, Jason Statham, quien, a partir de ahora, asumirá el mando del equipo, tanto a nivel de producción como en el reparto y la trama.
LOS MERCEN4RIOS marca un punto de inflexión en la historia de Los Mercenarios, que ahora deberán proseguir sin su líder indiscutible para seguir intentando vencer a los enemigos que surgirán por el camino.
Después de deslumbrar al mundo con aquella mastodóntica cinta llamada La gran belleza (La grande bellezza, 2013), reafirmarse en su fórmula de elegancia y grandilocuencia con La juventud (La giovinezza, 2015) y crear una de las mejores series de la actualidad como The young pope (Il giovane Papa, 2016), Paolo Sorrentino se consolida como uno de los más talentosos e interesantes cineastas del siglo XXI con su nuevo trabajo: Silvio (y los otros) (Loro, 2018). Originalmente estrenada en un díptico compuesto por dos piezas de 100 minutos, este peculiar biopic de Silvio Berlusconi nos llega a España en un sólo metraje de dos horas y media (dicho sea de paso, desde aquí se pide que nos llegue la versión completa en el blu-ray), algo que no eclipsa, ni mucho menos, la grandeza que, nuevamente, deja patente el cineasta italiano.
Sé que, a muchos de ustedes, como al que escribe las presentes líneas, la palabra biopic le genera en su mente y en su alma cierto rechazo, pues pocas palabras en este mundo evocan de una manera tan poderosa términos como predictibilidad, conformismo, linealidad, simpleza, déjà vu, hastío o pereza. Enmarcar en una obra fílmica la vida de alguien que habita o ha habitado entre nosotros casi siempre implica narrar hechos que ya conocemos o que podemos conocer a un sólo click de ratón. En este caso, como en ejemplos preexistentes (Yo, Cristina F, Yo, Tonya, Amadeus, Andrei Rublev, Pechos eternos o Dallas Buyers club, por mencionar algunos), el director de Un lugar donde quedarse (This must be the place, 2011) rehúsa la posibilidad que ofrece la gran hemeroteca existente sobre la figura de Berlusconi de hacer una biografía convencional y se lanza a crear, deconstruyendo y reconstruyendo la realidad, su propio relato.
Uno de los primeros avisos que detectamos a este respecto es el hecho de que Toni Servillo, actor habitual de Sorrentino y que aquí encarna a la perfección al político y empresario italiano, no aparezca hasta pasados los primeros 25 minutos. De esta manera, el cineasta napolitano aprovecha el relato que tiene entre manos para hacer lo que más le gusta: diseccionar, retratar y exaltar la belleza del Ser humano (especialmente la belleza corpórea de la mujer), su melancolía y su hipocresía. Así pues, durante los primeros compases de metraje vemos distintos personajes que ejemplifican, a la manera sorrentina, la búsqueda de poder, la satírica pomposidad que conlleva el mismo y la magnificencia que envuelve a dichos personajes y a las ciudades italianas que habitan.
Pasados
esos minutos lo que nos espera es un retrato/parodia
de la figura de Silvio Berlusconi que expone desde su vida política a su vida
privada, pasando por su incursión en los negocios (fútbol, televisión,
venta y compra de pisos…), todo ello visto desde un prisma tan afilado como
irónico, tan cómico en sus formas como triste y agridulce en el poso que queda
en el espectador al final del visionado. Estamos, pues, ante la versión personal e hiperbólica de El lobo de Wall Street(Martin Scorsese, 2013), donde vemos al
magnate italiano como un guiñol (como prueba véase el maquillaje facial de
Servillo durante todo el film), un títere
en manos de un marionetista que aprovecha los acontecimientos de la vida del
personaje real para deformarla a su gusto y al gusto del espectador que quiera
disfrutar desde su butaca de la sátira que lleva consigo la película que nos
ocupa. No es que se requiera de muchos esfuerzos para convertir en
paródicos unos hechos ya de por sí proclives a la comicidad, pero sí requiere
de una maestría cinematográfica relatar en 150 minutos (200 en la versión
primigenia) toda la vida de un personaje, real, pero ficcionado hasta el
extremo, sin perder interés ni
originalidad en toda su duración.
Mayor logro es mantener el nivel artístico, ya no durante toda la película que nos concierne, sino a lo largo de toda una carrera, como es el caso de Paolo Sorrentino. Aquí, por no hacer mudanza en su costumbre, nos deja en cada uno de sus planos una pieza de arte. La bella fotografía del ya asiduo en la filmografía de Sorrentino, Luca Bigazzi, no hace más que aderezar y ensalzar un guion que da tanta importancia a los silencios como a la naturaleza humana, pues, no se equivoquen, es ésta, la condición del Homo Sapiens en su entorno y hacia el prójimo, la que, a la postre, conforma y estructura el significado y propósito de la obra (la pretérita y la presente) del cineasta nacido en Nápoles.
Para finalizar, podría hablar de los distintos planos y ángulos que utiliza el director de Il divo para regalarnos otra joya que poco tiene que envidiar a su Magnum opus. También podría hablar de la maestría que vuelve a demostrar Toni Servillo por partida doble (esa escena donde interpreta a dos personajes es impagable). O podría explicar las múltiples metáforas presentes en la obra (el descenso del Jesucristo en presencia de los doce “apóstoles” en los créditos finales dan buena cuenta de ello). En su lugar, me limitaré a recomendarla encarecidamente a cualquier ente que tenga el séptimo arte como una de sus pasiones, pues estamos, simple y llanamente, ante una de las grandes películas que nos dejó el pasado 2018 (véase mi TOP 10 aquí: http://www.la-fm.es/2019/01/02/el-top-de-mejores-peliculas-en-el-2018-de-eduardo-bernal/).