‘Coyote vs Acme’ Una cinta de lo más correcta que os hará pasar un buen rato

3 Butacas de 5

Coyote vs. Acme ha sido una producción que no ha estado exenta de problemas… Me explico. Durante el rodaje todo fue sobre ruedas, incluso la posproducción, pero los problemas vinieron después: y es que resulta que Warner archivó en un cajón esta producción en noviembre de 2023 (ojo… hace 3 años) con tal de obtener una deducción fiscal. ¿Qué ocurre? Que esto saltó a la prensa y la mala imagen que dio sobre este caso a la productora hizo que el público saltara a favor del estreno de esta película de estos queridos personajes. ¿Cuál fue el resultado? Pues que Warner buscó otro comprador para que al final se estrenara (Ketchup Entertainment) y, tres años después, ha llegado a nuestras pantallas esta producción con uno de los personajes más queridos de los Looney Tunes. ¿Habrá merecido la pena tanta espera?

Harto de que los productos Acme le fallen una y otra vez en su incansable persecución del Correcaminos, el Coyote decide contratar a un abogado de poca monta para demandar a la Corporación Acme.

Desde luego, Coyote vs. Acme posee una premisa maravillosa en la que incluso se atreve a burlarse de lo ocurrido durante la posproducción de la misma. Y es que su crítica hacia las altas esferas y al mundo burocrático funciona estupendamente dentro del film, de manera que integra bien su discurso con una producción de los Looney Tunes.

¿Cuál es el problema que veo? Que, si la comparamos con sus hermanas mayores (la obra maestra ¿Quién engañó a Roger Rabbit?) o incluso con otras no tan mayores (Looney Tunes: De nuevo en acción), esta producción sale un poco perdiendo (incluso con la injustamente olvidada y notable Chip y Chop: Los guardianes rescatadores). Y es que al film le falta un poco más de ingenio, pues, ante semejante premisa, da la sensación de que pudieron llegar mucho más lejos de lo que luego verdaderamente hace.

Pues, como digo, esa crítica hacia las altas esferas funciona de maravilla, pero a veces nos da la sensación de que el personaje del Coyote queda un poco relegado a un segundo plano, cuando podrían haber profundizado mucho más en él y en la historia que está tratando. Hay pequeños destellos de genialidad, sin duda, y a veces consigue lo que estábamos pidiendo (como ese magnífico clímax), pero en otras ocasiones parece conformarse con rascar la superficie, y es una pena porque, desde luego, daba para mucho más.

Pero seamos claros: el film es lo que se espera de él y funciona bastante bien y, pese a algunas caídas de ritmo e interés, se ve con mucho agrado y resulta bastante divertido gracias al mundo animado, del cual saca buen partido. Ahí la puesta en escena es destacable, pues integra perfectamente el mundo de la animación con el real y, lo cierto, es que funciona estupendamente.

Del mundo real hay que destacar a un John Cena que se nota que se lo está pasando muy bien (atención a su escena con Piolín y su juego de frases) y a un Will Forte que soporta sobre sus hombros el peso del relato con convicción. Aunque hay que decirlo: el que roba escenas, sin duda, es el Coyote… No iba a ser menos.

Por tanto, ¿la espera ha merecido la pena? Desde luego que sí, aunque a veces podía llegar a entender que fuera una producción que se estrenara directamente en plataformas (el film tampoco pretende ser espectacular ni mucho menos… Es modesta en ese sentido), pues producciones como Chip y Chop: Los guardianes rescatadores (más ambiciosa que esta producción) así lo hicieron (o, al menos, en España). Pero, pese a todo, es una alegría que llegue a nuestras pantallas esta producción de los Looney Tunes, que coge su esencia (aunque algo más de locura e ingenio no le hubiera venido mal) y los ubica en el mundo real, con los problemas burocráticos y empresariales que ello conlleva. Vaya… lo mismo que les pasó en el mundo real.

Una cinta de lo más correcta que os hará pasar un buen rato con uno de los personajes más queridos de la factoría animada.

‘En la zona gris’: El Guy Ritchie más entretenido

3’5 Butacas de 5

Casi 30 años han transcurrido desde que Guy Ritchie nos regaló su primera y genial película, Lock & Stock, para dos años más tarde saltar a la palestra de la fama y convertirse en uno de los directores más reconocidos a raíz de Snatch, Cerdos y Diamantes, allá por el año 2000. Fue en estas dos primeras películas donde imprimió un sello personal, en el que el espectador podía reconocer el estilo visual y narrativo del director con suma facilidad. Pero Ritchie, lo cierto es que también ha gustado de alejarse de sus terrenos más conocidos, tanto por películas de encargo como la horrenda Barridos por la marea (a merced de su exmujer Madonna), como por trabajos algo más experimentales como Revolver, o metiéndose de lleno en las superproducciones de Hollywood como el díptico de Sherlock Holmes, su hipertrofiado Rey Arturo, el live action de Aladdin, o su película de aventuras para Apple, La fuente de la eterna juventud. Pero a Guy Ritchie, lo que es del César, el género por el que se dio a conocer se le da de maravilla, y lo cierto es que cada vez que ha vuelto a él, el resultado ha sido de lo más entretenido. Y En la zona gris podría entrar perfectamente en este terreno.

El nuevo thriller de acción de Guy Ritchie gira en torno a dos especialistas en rescates (Henry Cavill y Jake Gyllenhaal) que deben diseñar una ruta de escape para una negociadora de alto rango (Eiza González).

En la zona gris no pierde el tiempo. Es una película supeditada por completo al ritmo, y es un film que desde su primer minuto ya te enmarca la situación para que en ningún momento puedas despegarte de la pantalla, porque apenas deja un segundo de respiro. Su primera hora de exposición plena apenas da tregua, y Ritchie lo hace a través de un montaje espléndido que consigue que el ritmo no descanse ni un solo instante, mediante una puesta en escena bastante dinámica (aunque sin grandes aspavientos tampoco) y un tono en el que el director está más comedido porque sabe que, si falla alguna tecla del mismo, el ritmo podría caer.

Y digo más comedido porque a veces da la sensación de que Guy Ritchie está tan preocupado por el fluir del relato que parece, por momentos, que podía haberse soltado la melena bastante más. Con esto no quiero llevar a error… el estilo del director está y se le reconoce enseguida, pero a veces da la sensación de que se queda un poco en la superficie del divertimento pleno que podía haber sido. Quizás para que el espectador, ante la constante metralla de información que posee la película durante su primera hora (ya os digo, es pura exposición), no se pierda en filigranas visuales o estilísticas, y que las hay, ojo.

También quizás porque el libreto (escrito a seis manos, incluido el propio director) apenas le deja tiempo, y eso pasa factura a sus personajes, que, aunque carismáticos, se quedan un poco en un mero esbozo de muchos de los personajes que han poblado la carrera del propio cineasta. Se les reconoce, poseen carisma, pero se quedan un poco en la superficie de lo que podían haber sido. Algo que también afecta a las interpretaciones, correctas todas (aunque a Jake Gyllenhaal últimamente le veo un poco encasillado en el mismo papel de persona a la que parece que le aburre actuar), aunque cabría destacar a un Henry Cavill de lo más simpático y carismático y a un Carlos Bardem que disfruta como villano de la función, midiendo muy bien un personaje que podía ser histriónico y no lo es gracias a su contención.

Y Ritchie tiene preparada la barraca de feria final con una última media hora plagada de acción que es todo un deleite, y donde el espectador afín a este género (yo me incluyo) la disfrutará gratamente. Todo muy bien planificado, debido a la construcción previa que se ha hecho para que el espectador se oriente ante lo que está pasando, y en la que persecuciones, tiros y explosiones se dan de la mano prácticamente sin tregua.

Por ello, En la zona gris puede que se trate de una de las películas más entretenidas de Guy Ritchie, al supeditar absolutamente todo al ritmo, aunque por ello tenga que sacrificar muchas cosas. Pero por eso mismo se le perdonan tantas cosas, porque, al fin y al cabo, el film tiene claro lo que quiere ser en todo momento y no te engaña, agarrándote de la mano para no soltarte. Además, es un film que, pese a que se complica más de la cuenta, no te pierdes porque el propio cineasta sabe que, si el espectador se pierde, todo se vendría abajo, y, por fortuna, no lo hace. Así que, si queréis pasar hora y media de lo más entretenida, sin más pretensiones que las de haceros pasar un buen rato sin mirar el reloj, sin duda, esta es vuestra película.