Violeta Salama: «Tener dos culturas en casa es un regalo»

Hablamos con la directora de ‘Alegría’, película que llega a las carteleras el próximo 10 de diciembre tras su paso por el Festival de Sevilla.

El largometraje está protagonizado por Cecilia Suarez, Laia Manzanares, Sarah Perles y Mara Guill con la participación de Leonardo Sbaraglia, Adelfa Calvo, Emilio Palacios, entre otros.

‘ALEGRÍA’ es una feelgood movie que nos abre las puertas a una exótica boda judía en la que descubriremos una colorida ciudad de Melilla de la mano de cuatro mujeres a las que darán vida Cecilia Suárez (‘3 Caminos’, ‘La casa de las flores’), Laia Manzanares (‘Merlí’, ‘Los favoritos de Midas’), Sarah Perles (‘El Cid’, ‘Sofía’) y Mara Guill (‘Caronte’).

Cuenta también con la participación, entre otros, de Leonardo Sbaraglia (‘Dolor y Gloria’, ‘Relatos Salvajes’ , ‘Plata Quemada’) Adelfa Calvo (‘El Autor’, ‘Los favoritos de Midas’), Emilio Palacios (‘La línea invisible’), Zohar Liba (‘El Cid’), Joe Manjón (‘La Virgen de Agosto’) y María Luisa Mayol (‘Quién a hierro mata’).

SINOPSIS

Alegría (Cecilia Suárez) vive de espaldas a sus raíces judías, aunque desde que se mudó a Melilla y se instaló en la casa familiar no está siendo tarea fácil. Al enterarse de que su familia se traslada a su casa para organizar la boda de su sobrina con un joven melillense, su vida se pone patas arriba. Por suerte para ella, la joven marroquí que le ayuda en casa y su mejor amiga, siempre están dispuestas a ayudarle. La posibilidad de reencontrarse con su hija, hace que Alegría soporte con estoicismo y algo de mala leche la invasión de su casa por parte de su familia. Los preparativos de la boda harán aflorar tanto sus diferencias como todo aquello que les une.

‘Fue la mano de Dios’: el origen del deseo y los sueños

4 Butacas de 5

Los ídolos mundiales tienen una particularidad que los diferencia sobre todo los demás: incluso muertos se sigue hablando de ellos. Si ya en vida, todo lo que hacen es convertido en un fenómeno único, su procedencia terrenal es comparada en muchos aspectos como una criatura de otro planeta. El fútbol, es uno de los terrenos que más ha catapultado la expresión de ídolo. Desde Pelé, Messi, Cristiano Ronaldo o el increíble Diego Armando Maradona. El ‘barrilete cósmico‘ era sin duda un genio y figura tanto dentro como fuera de los terrenos de juego.

Fue la mano de Dios, la nueva película de Paolo Sorrentino, toma como punto de contexto aquellos años ochenta en los que el pelusa, era un Dios con el balón. Su calidad en el terreno de juego, la magia de sus goles, llamaba la atención de todos los equipos de fútbol, siendo el Nápoles el club que incorporó a sus filas. Precisamente, fue tras su llegada en el Mundial de 1986, cuando anotó el gol de La Mano de Dios. Un tanto anotado con la mano, que sirve como contexto a la película del italiano con la que homenajea una vida de orígenes a través de una historia de sueños, deseos y ruptura con la adolescencia.

El largometraje es el retrato de una dura infancia en la que la familia, los amigos y el paso hacia la madurez convergen en el turbulento Nápoles de los años ochenta. Una película alegre, llena de matices y símbolos con los que Sorrentino usa su exquisito sarcasmo para reírse de del destino, la pérdida y el amor. Interpretada por Filippo Scotti (Fabietto), acompañamos al protagonista a través de sus pasos en los que la felicidad y la tragedia forman parte de un guion que funciona más como un espejo del director. Un reflejo de la vida de Sorrentino, y de como comenzó su amor por el cine. Hay momentos para recordar a figuras como Fellini y sus estrambóticos personajes, su coqueteo con el teatro, los divos, y las ganas de alcanzar unos sueños en los que Maradona era la revolución del pueblo.

Fue la Mano de Dios es la película más sencilla, también la menos simbolista del cineasta, y con la que el espectador comulgará satisfactoriamente a través de las emociones que circulan durante su metraje. Toni Servillo, la figura paternal del protagonista, es sin duda el mejor secundario. El portento del actor, su comicidad y ternura, sirven de vehículo a una película que no requiere de impostaciones. Se agradece el barroquismo que existe en su atmósfera permitiendo que la fotografía hable por si mismo a través de imágenes bellas que expresan los sentimientos del elenco.

Sorrentino además de ríe de la cultura impuesta, esa en la que los sueños se olvidan de los orígenes en los que un actor debe hacer de tripas corazón. Alejada del estilo al que nos tenía acostumbrados el italiano en ‘Il Divo’ o ‘La Gran Belleza’, puede que sus legiones de fan le acusen de haberse dejado llevar por olas de otro estilo, pero para los nuevos espectadores será una ventana en la que descubrirán a un exquisito cineasta, con una película llena de alma y los deseos de un protagonista en los que la ilusión por el cine es el principal baluarte.