«La clave de la animación está en crear historias que derriben fronteras y llenen salas de cine»

Mesa redonda: Innovación y futuro de la animación española: del pixel al público.

Los principales actores de la industria de la animación se reunieron ayer en la Imprenta Municipal-Artes Libro de Madrid en la mesa redonda Innovación y futuro de la animación española: del pixel al público,un acto organizado por Diboos y ESDIP Escuela de Arte con el patrocinio de Simple Cloud que ha servido como punto de encuentro para debatir sobre la situación actual y el fututo de la animación en España, la imagen que se proyecta de la misma en el exterior; cómo ha afectado el teletrabajo y la virtualidad a la industria, el papel de las instituciones, las escuelas, el público, la televisión y los productores; las nuevas tendencias creativas y tecnológicas o los nuevos modelos de consumo.

En la Mesa redonda, moderada por Francisco José Marín, Director de la Imprenta Municipal- Artes Libro de Madrid, todos los intervinientes coincidieron en el prometedor futuro de la animación española y en la alta capacitación y prestigio de los profesionales en el país, pero también en que el sector de la animación en España necesita un impulso que le permita mostrar y desarrollar todo su potencial.  “Es necesario que el sector termine de consolidarse – afirmó el Director Abraham López Guerrero, ganador del Goya 2021 al Mejor Cortometraje Animación por Blue & Malone. Casos Imposibles – “la clave está en crear historias que derriben fronteras y llenen salas de cine”.

Tito Rodríguez, Director de Políticas de Marketing del ICAA (Ministerio de Cultura)señaló que para dar un impulso definitivo a la animación, además del apoyo de las Entidades Públicas mediante subvenciones, “es necesario generar y cuidar un ecosistema donde el sector pueda llegar a ser autosuficiente”, punto en el que coincidió Nathalie Martínez (vocal de Igualdad de DIBOOS y productora de Blue & Malone, Casos Imposibles) que destacó la importancia de trabajar los incentivos fiscales para atraer la inversión privada y cómo el futuro de la producción pasa por la diversidad, tanto en el formato como en la manera de producir.

 

Emilio Luján, Director de ESDIP Escuela de Arte hizo hincapié en la importancia que tiene la formación en el desarrollo del sector de la animación en España, mostrándose optimista de cara al futuro y destacando como aspecto fundamental el conseguir mostrar todo el potencial y la calidad de los jóvenes talentos formados en animación en escuelas españolas.

A su vez Beatriz Bartolomé, productora de Next Lab explicó la necesidad de incentivar las nuevas tecnologías en la producción, ya que es un sector donde la flexibilidad va a ser la norma, a lo que Víctor Monigote, ganador del Goya 2021 a Mejor Película Animación por La Gallina Turuleca, añadió que lo importante en animación es “contar buenas historias. El formato y la tecnología lo dará el destino o una forma nueva que haya descubierto”.

Por su parte Alessia Di Giacomo, Responsable de Desarrollo de Negocio de Contenidos Infantiles de RTVE afirmó que, en el último año han apostado por contenidos más educativos “aunque  el confinamiento ha cambiado la forma de consumo: niños y niñas ven la televisión con sus padres y madres y ese consumo se ha adultizado”.

También intervino Samuel Viñolo, Comisario de la exposición Animación.es resaltando que “nunca la animación española había tenido tanta diversidad y riqueza tanto en el aspecto técnico como creativo”. La mirada de los medios de comunicación estuvo presente en voz  de Irene Jiménez, cofundadora del portal Audiovisual451 que recalcó la necesidad de que las productoras incorporen profesionales de todos los ámbitos y “trabajen más profundamenre la parte comercial de las propuestas de animación”

‘Judas y el Mesías Negro’: Historia de una bella y dolorosa revolución

4´5 Butacas de 5

Shaka King dirigiendo, junto con Sean Bobbitt en fotografía (Doce años de esclavitud, Shame) y productores como Jeff Skoll (Roma), Jason Cloth (Joker) y Ryan Koogler (Creed II) nos cogen de la mano y nos llevan a Chicago, a los tardíos años 60. Desde el inicio hasta el final, la película se mantiene en una atmósfera bella e increíblemente forjada, con una ambientación muy disfrutable. Sean Bobbitt realiza un trabajo sublime y ello se ve reflejado en la pantalla: una fotografía cuidada y estudiada, simétrica, con una paleta de color exquisita, tenue y de colores que construyen sensaciones. Lakeith Stanfield (Bill O’Neal) colabora enormemente en ello, su actuación conmociona y el espectador no encontrará reparo ninguno en identificarse con su ansiedad, con su continuo e incesante temblar. Daniel Kaluuya (Fred Hampton) por otro lado, nos hace vibrar en el asiento con sus interpretaciones, su portento y su aplomo nos hacen formar parte directamente de la revolución que persigue, y junto a Dominique Fishback (Deborah Johnson) envuelven la trama de ternura y verdadero valor. No debemos olvidar mencionar a Mark Isham (Crash) que, junto con el compositor de Jazz Craig Harris, son capaces de poner los pelos de punta con sus intensas melodías, originales y experimentales de, en ocasiones, pura improvisación.

La historia que se nos narra no es compleja, es liviana y fluye con buen pulso durante la película. Es verdaderamente fiel a los hechos, casi se trata de un biopic, es Historia de los Estados Unidos. Es una justa demanda de cambio, de transición de los valores y comportamientos arcaicos y elitistas que afectan a los ciudadanos más vulnerables. Una historia que marca realmente cuáles son los límites a los que llega el racismo y cuán grande es la respuesta multicultural del pueblo ante una guerra injusta (Vietnam) y un liberalismo económico terriblemente cruel.

Más allá, es una historia de continua traición, cuyo dolor cala hasta los huesos. Aun conociendo con antelación a su Judas, el filme no deja de ser magnífico en todos sus aspectos.El ritmo es cambiante, es frenético y también lento, avanza en un continuo vaivén con la acción dramática. Cuando se pausa, es capaz de causar situaciones de verdadero terror y dejarnos sin aliento. Kristan Sprague (montaje) desempeña en este aspecto un papel fundamental.

La luz en Judas and the Black Messiah tiene voz propia y también nos habla; es una de las razones por las que podemos encontrar un notorio cuidado en su fotografía. En ocasiones en las que aparecen los oponentes de los protagonistas de esta historia, la luz nos ciega, se vuelve pálida, fría y molesta, nos abandona esa cómoda y tenue atmósfera en la que transcurre la historia.

A rasgos generales, presenta un lenguaje fílmico de lo más rico, resulta ser una película con un estilo muy marcado y original. Es épica, es impactante, aguda, conmovedora, sensible, y muy eficazmente sortea los obstáculos a los que están sometidos los filmes de corte documental; la “monotonía”, a veces, de la misma realidad a la que refieren. La historia de Fred Hampton es una mina de oro, y Shaka King tiene en sus manos desde el principio una historia que hace falta relatar, que hace falta ver, y a poder ser, en la gran pantalla. Una vez finalizada su visualización, Judas y el Mesías Negro merece sin lugar a duda estar nominada a esos seis premios Óscar.