Vitalina Varela: «Ya no queda nada para ti»

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La muerte es uno de los grandes temas de la humanidad. En la nueva película de Pedro Costa (Caballo dinero, Juventude em Marcha) podríamos decir que la muerte, en sí misma, es un personaje más; es por ella que conocemos la historia de Vitalina Varela (Caballo dinero) y es por ella por lo que se queda ahí.

Hablamos de una película donde no solo ha muerto una persona, sino el amor, las ganas y la ilusión. Vitalina Varela es una mujer que ya no espera nada de la vida, se ha apartado de lo que tenía por ir tras el fantasma de una antigua ilusión.

Mundo de callejones oscuros iluminados por la débil pero insistente luz del alumbrado eléctrico espera a la mujer que nos descubrirá poco a poco su vida. Donde se llega a crear una sensación de realidad tan profunda que roza la fantasía. Un ambiente entre la vigía que se adormece y la entrada a un mundo del que parece no haber salida.

Con una imagen muy característica que recuerda a la fotografía documental, entrevemos un trabajo de composición que nos narra, casi en susurros, una vida pasada donde la luz no era engullida por la oscuridad de la incertidumbre y el pesar. Juegos de luces y sombras que nos hacen dudar del paso del tiempo en ese pequeño rincón del mundo, donde la vida de inmigrantes, curas y viudas caen en una desconfianza que les alcanza a sí mismos.

Rencores y reproches comienza a compartir Vitalina con el fantasma de su esposo una vez llega a su casa, una casa que la encierra como si de una cárcel se tratara, irrumpiendo en su cabeza como para asegurarse de que esa mujer que ha dejado toda su vida atrás no va a escapar de sus puertas bajas y sus ventanas minúsculas.

En definitiva, un relato que se cuela en el corazón y en la mente para revelarnos una verdad escondida entre las sombras de una vida de abandono y sin confesiones de un matrimonio que terminó desmoronándose antes de empezar. Llena de simbolismo y de delicadeza pictórica y narrativamente detallista, Vitalina Varela, no deja de ser una historia entre muchas otras.

‘Crescendo’: El gran poder de la música

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Crescendo, del director israelí Dror Zahavi, es un drama que invita a la reflexión sobre uno de los temas que, por desgracia, sigue a la orden del día actualmente: la guerra.

Como bien sabemos, el conflicto entre Israel y Palestina es real. El resultado de este combate ha dejado miles de fallecidos y heridos en ambos territorios, y el dolor, la tristeza y el rencor ocupan el corazón de aquellos que aún luchan por sobrevivir y honrar a los suyos. ¿Cómo formar entonces una orquesta compuesta por jóvenes israelíes y palestinos? Este es el proyecto que acepta el maestro Eduard Spork (Peter Simonischek).

Spork reúne en una casa de campo a un grupo de jóvenes músicos israelíes y palestinos, como ya he mencionado anteriormente. Su objetivo es que olviden de dónde proceden, ahora todos forman parte de un mismo bando y para que puedan acabar tocando juntos en un concierto final, tienen que confiar los unos en los otros y mantener sus diferencias alejadas. Todo ello, por supuesto, se logra gracias a la música y al poder de unión que tiene.

 Este filme, que está basado en un proyecto real, utiliza la música como única “arma” capaz de lograr la “paz” entre los jóvenes talentos. Algo que parecía absolutamente imposible de realizar debido a la complicada y tensa situación entre Israel y Palestina, va cobrando forma, poco a poco y en crescendo, hasta que los músicos comprenden que para poder avanzar y superar el dolor, primero tienen que aceptar los errores de uno mismo y posteriormente, perdonarse para no volver a cometerlos. En esta película se aprecia un desarrollo en todos los sentidos, tanto en la trama como en los personajes, en donde los líderes de ambos grupos, Layla (Sabrina Amali) de Palestina y Ron (Daniel Donskoy) de Israel, acaban aceptándose y respetándose.

Todo esto se ve reforzado debido a la historia que hay detrás de Spork, hijo de alemanes nazis, la cual les sirve como ejemplo de superación personal y les ayuda a entender que si están unidos, todo saldrá mejor.

La idea de Zahavi al llevar esta obra audiovisual a la gran pantalla muestra ese deseo existente de poner fin a una guerra que lleva en pie desde 1948, una guerra en la que, sin duda alguna, en esta película la música se proclama vencedora.