‘También esto pasará’: relaciones desde la reflexión

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Hay películas que te hacen llorar con la sutileza de un golpe en la cara, y También esto pasará lo hace con la elegancia de quien te clava un bisturí y te deja sangrar despacito. Esta adaptación de la novela de Milena Busquets no es el típico drama de madre e hija donde una llora en la cocina y la otra grita en la habitación. No. Aquí la relación es más extraña, más cruda, más real. Como la vida misma, pero con mejor fotografía.

La protagonista, interpretada por una actriz que sencillamente lo borda, se mueve entre la nostalgia y la necesidad de seguir adelante con una naturalidad que asusta. Su desgarro no es épico, no es grandilocuente, no es para ganar el Oscar con un monólogo entre sollozos. Es ese dolor que no necesita subrayado, porque ya lo hemos sentido todos.

También es de agradecer cómo la película aborda las relaciones, no desde el juicio, sino desde la reflexión. No hay sermones ni moralejas, sólo personajes que se equivocan, que aman, que huyen y que vuelven. Y ahí es donde más brilla: en dejarnos ver sin decirnos qué pensar. ¿Podría ser menos evidente en algunos momentos? Sí. Hay escenas que te guiñan el ojo como diciendo «¿lo has entendido, espectador?», pero se le perdona porque lo que deja es un poso bonito: una reflexión sobre la memoria, sobre lo que fue y lo que nos inventamos que fue. Porque la nostalgia es así de tramposa.

En definitiva, También esto pasará no revoluciona nada, pero emociona sin chantajes y nos recuerda que todos estamos hechos de recuerdos, reales o idealizados. Y que, por suerte o por desgracia, todo pasa.

‘Muy Lejos’: una historia cargada de autenticidad

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Mario Casas en Utrecht. Con estas palabras se puede resumir el contenido de la ópera prima de Gerard Oms, quizá la más autobiográfica de todas, pues la estrella de cine es el alter ego del director, pero, casi en todo lo demás, reproduce la etapa que este último vivió como inmigrante precario en la ciudad holandesa entre 2008 y 2009. Otra pequeña diferencia está en la premisa, ya que el protagonista viaja aquí como parte de la afición del Espanyol, en un partido de fútbol, y toma una decisión repentina y algo inverosímil para quedarse en esa ciudad nueva para él. A partir de ahí, en cualquier caso, la historia se limita a seguir las peripecias de este joven para ganarse la vida, logrando sin ambages hacernos partícipes de su padecimiento.

Más allá de la meritoria interpretación de Casas, es el estilo realista de Muy lejos el que le otorga su autenticidad, para creernos en todo momento que, efectivamente, estamos siguiendo las vicisitudes de un inmigrante, desde su búsqueda de trabajo y residencia hasta la forja de nuevas amistades o el aprendizaje de otro idioma. El actor se presta a este austero ejercicio de supervivencia, rodado casi a modo de guerrilla, con las consiguientes libertades, pero también limitaciones. Con todo, a medida que avanza el metraje se vuelve algo repetitivo, no carente de interés, pero sí con una energía decreciente, a falta de estímulos dramáticos más allá de algún instante clarificador. La renuncia al marco expositivo desemboca en un final abrupto que nos deja con una sensación agridulce, pues habríamos deseado algo mejor para este personaje con el que pronto empatizamos.