‘Sorda’: la ternura y el alma de las emociones silenciosas

4 Butacas de 5

La incomunicación continúa siendo una de las grandes asignaturas de la sociedad. Dialogar con los demás, comprenderlas, empatizar con ellos no son solamente las ramificaciones pendientes entre los emisores y receptores si no también el saber escuchar a nosotros mismos a pesar de las barreras.

Eva Libertad expone en ‘Sorda’ una obra llena de ternura y belleza a partir de la historia de su propia hermana Miriam Garlo. Un largometraje que sumerge al espectador en las dificultades y desafíos que afronta una mujer sorda en la maternidad chocando contra un mundo de sordos y oyentes.

La directora esboza a través de un guion cargado de naturalidad las frustraciones de su protagonista, los miedos, sueños e ilusiones en una sociedad en la que a pesar de haber avanzado en notables aspectos seguimos tropezando con las mismas barreras de la solidaridad con los demás y las piedras que nos ponemos a nosotros mismos ante las adversidades.

Las vulnerabilidades, inseguridades y miedos de la protagonista permiten a la película abordar el drama mediante un círculo delicado lleno de amor, dulzura y sensibilidad convirtiendo a la ópera prima de la directora en una de las joyas de 2025.

Miriam Garlo está superlativa. La actriz ejemplifica las barreras que encuentran el colectivo de las personas sordas en un mundo que pese a querer entender persiste padeciendo lo denominado ‘sordera selectiva’ en la que por el propio egoísmo de la sociedad deja de lado la importancia de saber entender a quienes más lo necesitan.

Junto a Miriam Garlo encontramos a Álvaro Cervantes, pareja de la protagonista siendo el estribo y apoyo principal en el que su ternura, dulzura y comprensión abrazan por completo al guion emocionando al espectador más allá de los transcendental.

Sorda parte del cortometraje homónimo nominado a los Premios Goya en 2023 y dirigido por Eva Libertad y Nuria Muñoz. El corto, también protagonizado por Miriam Garlo, hermana de Eva Libertad en la vida real, tuvo una acogida excepcional, fue seleccionado en más de 110 festivales nacionales e internacionales y recibió más de 60 premios.

La película de Eva Libertad es el eco de un cine lleno de sensibilidad, una visión aguda, honesta y cargada de ternura que convierten a la película en una de las apuestas más emocionantes con el que ha comenzado el año 2025 en el sector audiovisual.

‘La Deuda’: Daniel Guzmán salda sus cuentas pendientes con su mejor interpretación

3 Butacas de 5

“La deuda” puede ser una de las películas más crudas que haya inaugurado la sección oficial del Festival de Málaga. Conociendo la obra anterior de Daniel Guzmán, no esperaba semejante propuesta: un híbrido entre thriller y denuncia social, con personajes marcados por decisiones del pasado y una sociedad que no facilita el camino a los más necesitados. Se centra, además, en esa «serpiente que se muerde la cola» que es el capitalismo.

En su tercera película, Guzmán nos presenta a Lucas, interpretado por él mismo, quien pasa los días luchando por encontrar trabajo mientras cuida de Antonia, una anciana con demencia que no puede valerse por sí misma. A pesar de no tener un vínculo familiar, ambos comparten un deteriorado piso del que están a punto de ser desahuciados porque, claro, nuestros amigos los bancos ven más rentable convertirlo en un piso turístico. Toda esta premisa recuerda al Fernando León más lúcido y al Iñárritu más cruento, hasta que un día Lucas decide robar un desfibrilador del hospital. Maldita la hora, ya que, justo cuando necesitaban utilizarlo, el aparato no estaba, y un chico ingresado en estado grave falleció como consecuencia indirecta del hurto. Guzmán nos narra la historia con maestría, sembrando la duda en el espectador y sorprendiendo tanto a los personajes como al público.

Dado que Lucas tiene antecedentes penales, lo descubren rápidamente vendiendo el aparato y lo encarcelan. Esto provoca en él un sentimiento de culpa insoportable, tanto por el chico fallecido como por la desamparada Antonia, que no puede cuidar de sí misma. Entonces, la trama da un giro: Lucas huye de la ley y elabora un plan para conseguir el dinero necesario para que Antonia no pierda el piso. Mientras intenta esquivar a la policía, planea regresar a prisión una vez haya saldado su deuda moral y económica.

En paralelo, la carga emocional de la historia recae en el personaje de Itziar Ituño, la madre del chico fallecido, que intenta retomar las riendas de su vida tras la tragedia. Lucas, poco a poco, se acerca a ella, iniciando una relación en la que cada vez le cuesta más ocultarle la verdad sobre lo que hizo. Todo esto mientras se introduce en una red mafiosa, donde consigue ingentes cantidades de dinero actuando como mula.

Quizás estemos ante el mejor trabajo actoral de Guzmán: sobrio, contenido y emocional. A pesar de estar al borde del abismo emocional, no abruma al espectador y logra una gran conexión con el resto del reparto.

El punto débil de la película reside en la mezcla de thriller y denuncia social, que en ocasiones se torna excesivamente «peliculera» cuando no es necesario. A algunos les pasará desapercibido; a otros, quizá no. “La deuda” es, en esencia, una película comprometida, con una sensibilidad que trasciende el amargor presente en cada uno de sus planos.